12 septiembre 2015

Sobre el día después del Día del Maestro


Ya pasaron los consabidos agasajos a los que ejercen el decisivo rol  de docentes. Debería ser un buen momento para generar espacios de debate sobre la actualidad y su proyección para que nuestra sociedad pueda mejorar.
Encontré un viejo texto, que difundió un docente que participó de un encuentro en la ciudad mexicana de Puebla, que me pareció interesante para promover esa saludable dinámica y aportar a ese necesario debate.

¡A TOMAR LAS ESCUELAS…!

“Yo soy solamente si tu también eres”
Desmond Tutu
Obispo Anglicano Sudafricano

Si , a tomar las escuelas, porque nos da rabia que estén como están
Porque la mejora de  la educación no puede venir de las decisiones cupulares, nacionales o internacionales.
La nueva escuela, la nueva educación, debe surgir de cada maestro, de cada escuela, de cada región, de cada estado.
Por eso hay que tomar las escuelas, para recuperar el rumbo de la escuela mexicana después de la revolución, y es eso precisamente lo que nos dicen los padres de familia, los alumnos y decimos los maestros:

Alumnos:
“Una escuela que te enseñe a sentirte orgulloso como eres”
“En la que puedas crear y proponer cosas nuevas”
“Si, propongo actividades que ayudan a mis compañeros a aprender cada día más”
“Una escuela en la que si respetan mis derechos y mis costumbres”

Padres  de familia:
“Una educación que proporcione a los hijos e hijas habilidades para ser independientes en sus ideas.”
“Debe ser útil.”
“Que eduque en los valores.”
“Que sirva para aprender para la vida.”
“Que vuelva a los alumnos reflexivos y emprendedores.”
“Que los enseñen a no callar, a defender sus derechos”
“Que los enseñen a hacer cosas, a producir para mejorar a la familia y la comunidad”

Maestros:
“Mejorar las características del medio ambiente tomando en cuenta sus necesidades, respetando la diversidad cultural como patrimonio de la nación, ya que la educación no es solo el conocimiento de asignaturas, junto a él van de la mano los valores humanos, para concebirla como una educación integral”
“Es importante que los contenidos curriculares estén encaminados a resolver las necesidades de los alumnos y de sus comunidades, por ello debemos educar para la vida y para e progreso de su entorno” (*)
(*) Nota: Tomado de la consulta


Esta es la escuela que quieren y  queremos:
La escuela donde las manos tocan, crean, producen y  gozan
La escuela donde se descubre y se debate.
La escuela de la mano levantada para preguntar, refutar o proponer.
La escuela de la novedad, del descubrimiento y del asombro
La de la apropiación de la palabra
La escuela del disfrute de enseñar y el goce de aprender.
La escuela de la transgresión y de la autonomía.
De la solidaridad y del respeto.
La escuela donde se trabaja en equipo
La escuela donde la mujeres tienen los mismos derechos que los hombres
La escuela donde se ama a la tierra y se la cuida
La escuela que respeta, valora  y promueve las culturas originarias
La escuela de la corporalidad, de la interioridad, de la conciencia, de la comunidad.
La escuela donde se ama la vida y se acrecienta
La escuela formadora de sujetos

Esta es la escuela que queremos, esta es la escuela que hay que construir, cuando nuestra escuela sea así, entonces habremos tomado nuestra escuela.
Esa es la escuela que el pueblo necesita, que México requiere
Esta escuela se construye con sueños, con ganas, con …esfuerzos
Esta es la escuela que le puede dar sentido a nuestra vida.
La escuela de la digna rabia
La escuela transgresora

Esta escuela no puede ser soñada ni creada desde fuera, por organismos internacionales, ni por burocracias nacionales, ni por ansiosas y ansiosos de poder y de riqueza, porque esta escuela contradice y se opone a mezquinas ambiciones.
Los poderosos hace tiempo que dejaron de soñar, el poder cancela los sueños, solo tienen imágenes precisas de fuerza, de  riqueza, de objetos a alcanzar, del camino a seguir, pisoteando a quien sea con tal de lograrlo.

Esta escuela tiene que ser creada desde dentro, por maestras y maestros, por alumnas y alumnos, madres y padres, los que no han perdido la capacidad de soñar, los que tienen viva, la esperanza, encendido el corazón.

Esta escuela solo puede ser construida por las maestras y maestros de la digna rabia, los que perdieron el miedo de gritar, de trasgredir, de brincar la “normatividad” porque “la norma es para el hombre, no el hombre para la norma”, transgredir para alcanzar al niño o a la niña y responder a sus necesidades, para abrirles caminos:

"Y abrir caminos es la acción más humana entre todas; lo propio del hombre, algo así como poner en ejercicio su ser y al par manifestarlo, pues el propio hombre es camino él mismo"
"Descubrir un camino, abrirlo, trazarlo, es la acción más humana porque es al mismo tiempo acción y conocimiento: decisión y una fe que regula la esperanza en forma tal de convertirla en voluntad." (María Zambrano)
Esta escuela solo puede ser construida por maestras y maestros que no han perdido la rabia ni la esperanza porque la esperanza es la afirmación de que el mundo está sin concluir, que sigue haciéndose, que está abierto, es:
“la certeza como individuo o como colectivo de que hay una posibilidad objetivamente real en él, y que no se halla simplemente determinado por la necesidad ni sometido a ningún determinismo mecánico" (Ernest Bloch)

Estamos rodeados de posibilidades, no solamente de cosas que existen, tenemos que mirar el mundo como tarea, como algo inacabado, hay muchas cosas que están por hacerse. La esperanza es  aceptar  la realidad  pero sabiendo que no se muestra por entero, que hay que partir siempre a su encuentro; la esperanza es el fuego, la pasión, el anhelo, el querer hacer, la esperanza es la acción creadora que hace surgir la realidad aún no existente, la acción que pasa del sueño al proyecto. La nueva escuela, la que queremos es hija de esta esperanza, aun no existe del todo pero ya está en germen en el corazón de todos los maestros y maestras de la digna rabia, los que han salido a marchar, a gritar y han regresado a sus escuelas con nuevo aliento a retomar lo empezado, a rectificar lo erróneo, a mejorar la acertado, a convocar a padres de familia, a escuchar a las alumnas y alumnos.
Porque sólo esta escuela puede formar sujetos y “yo seré sujeto, solamente si mis alumnas y alumnos son sujetos”.

Desde aquí invitamos a todos a recuperar los sueños:
A ud. Sr. Gobernador a soñar en una Puebla digna, en instituciones trasparentes, en funcionarios honestos, en poblados felices, en comunidades indígenas atendidas, no discriminadas, a soñar en que los niños  y las niñas sueñan… como usted soñó de niño.
A Darío a soñar en una Secretaría donde están los más capaces, dónde sólo se preocupan por los niños y las niñas, sueña en que todas las escuelas tienen la infraestructura necesaria, sueña en que marchas al lado de los maestros buscando la educación que el Estado necesita…sueña en los sueños  de los maestros y maestras y sueña en el sueño de los niños. Sueña en que ves a los maestros de frente y sin vergüenza.
Al secretario de gobernación: no sueñe   en ver a 80 maestros presos, eso es pesadilla, sueñe en ver a los maestros felices, porque han conquistado sus derechos, porque son respetados, sueñe en los maestros luchando por lo que es bueno para Puebla… sueñe en una Puebla en paz
A todos los funcionarios de la SEP: Subsecretarios, Directores, Jefes de Sector, Supervisores: a soñar en que somos compañeros, que estamos comprometidos en la misma tarea, una educación mejor para el Estado.
Pero por favor no sueñen en castigos, descuentos, oficios, actas, esas también son pesadillas.
Hay un momento en nuestra vida, que tarde o temprano llega, frente a nuestra propia fragilidad, frente al dolor, la pérdida de personas, de la salud o de bienes o por cualquier otra circunstancia, en el que tenemos que quitarnos las caretas de funcionarios, gobernantes, profesionistas o alguna otra careta y preguntarnos seriamente:
“¿Quien soy yo?
¿Qué sueños me mueven?
¿Qué ángeles me habitan?
¿Qué demonios me atormentan?
¿Cuál es mi lugar en el designio del misterio?
En la medida que intentamos, con temor y temblor, responder
A estas preguntas, sale a la luz la verdadera persona, el verdader sujeto.”
Leonardo Boff
Ese sujeto es el que debemos ayudar a que se construya.
La esperanza es creer que las cosas pueden ser mejores, que puede construirse un mundo mejor y a nosotros nos toca esa tarea.
Gabriel Salom Flores
9 de abril de 2009



29 agosto 2015

El drama de la migración africana y la responsabilidad europea

El drama pavoroso de la inmigración africana y asiáticos, en la búsqueda desesperada de un lugar en el mundo, conmueve a la humanidad por los cientos de cadáveres que cotidianamente aparecen flotando en el mar, en playas, camiones y contenedores. Refloto un artículo que escribí en España y publiqué en 2006, que demuestra que la cúpula de la Unión Europea no puede asombrarse por la supuesta novedad, por el contrario, su responsabilidad en ese drama no ha motivado ni siquiera a llevar a la práctica alguna de las medidas que desde hace más de una década se vienen discutiendo para ofrecer una reparación histórica a los pueblos africanos.


El drama de la inmigración africana a España


Cosecharás tu siembra



Europa sufre la consecuencia de un continente devastado por las multinacionales


“... Son pobres que no tienen nada de nada.
No entendí muy bien
si nada que vender o nada que perder,
pero por lo que parece
tiene usted alguna cosa que les pertenece.”

Joan Manuel Serrat


Por Bernardo Veksler (Desde Madrid).- La afluencia de inmigrantes africanos a España no deja de crecer, sólo en el último mes los que han pisado tierra hispana han superado con creces a los que lo hicieron durante todo 2005. Hasta el 29 de agosto pasado habían arribado a las islas Canarias 19.035 inmigrantes africanos, un promedio diario de 656 personas. Son los que tienen éxito en su objetivo de alcanzar la ansiada “tierra de promisión”, decenas de miles de sus colegas transitan por puertos y playas buscando una oportunidad para saltar a Europa o quedan en el camino atravesando desiertos, devorados por las alimañas o engrosan las tumbas sin nombre de los náufragos.
En su comparencia en el Congreso de los Diputados el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró que 52.757 personas fueron repatriadas con destino preferencial a Marruecos, Argelia, Malí, Nigeria, Senegal y Guinea Bissau. Informó también que la policía encargada de esos menesteres pasó de 1.403 a 2.239 efectivos y que los acuerdos con Marruecos frustraron el intento de alcanzar costas españolas de otros cuatro mil africanos.
En pocos meses la presión se trasladó de Ceuta y Melilla hacia Mauritania primero y a Senegal después. Donde, según una denuncia de las autoridades de la Comunidad Canaria, existen unas 15 mil embarcaciones (cayucos) dispuestas para emprender el cruce marítimo hacia el archipiélago.
Los reductos españoles del norte africano fueron acosados por miles de desesperados dispuestos a desafiar a los machetes y fusiles de las fuerzas represivas hispano marroquíes que cobraron víctimas sin compasión, a las púas cuchillo y cercas de seis metros de altura, con el objetivo de que un salto triunfal los depositara en territorio español.
Esta afluencia migratoria fue tolerada en primera instancia por el totalitarismo marroquí como una forma de chantajear a la Unión Europea. Una vez que obtuvieron las ansiadas prebendas se desató una salvaje persecución y se llegó a abandonar en el Sahara en el más cruel desamparo a cientos de frustrados inmigrantes, sin que se conmoviera la “sensibilidad” de los gobernantes europeos.
Así se van desplazando los improvisados puertos de partida sin que desaparezcan las verdaderas causas del fenómeno que crece a pasos agigantados: la formidable presión expulsiva de la sociedad africana que promueve las vías más patéticas y trágicas de huida.
Recorriendo miles de kilómetros hasta arribar a la costa trampolín; invirtiendo miles de euros de ahorro familiar; saltando cercas, muros o alambradas de púas; en frágiles pateras o cayucos; soportando tempestades, hambre y hacinamiento decenas de miles de jóvenes africanos se proponen vencer al sin futuro y a la muerte.
Repiten las anónimas peripecias de los primeros humanos que salieron de su cuna africana a poblar el mundo. A ellos los impulsaban también la búsqueda de mejores perspectivas, pero las causas eran muy distintas. Mientras esos hombres primitivos eran empujados por causas naturales, los emigrantes de hoy son motorizados por la paradójica conjunción de las enormes riquezas existentes y el inescrupuloso desenfreno que genera su apropiación.
Una negra historia
El primer vaciamiento a que fue sometido el continente fue el de sus hombres y mujeres para ser esclavizados. Millones de ellos fueron cazados como animales, transportados en sucias bodegas y condenados a ser mano de obra gratuita  para el aprovisionamiento de materias primas americanas para la naciente industria. Con los recursos obtenidos en este infame negocio se construyó el gran ferrocarril inglés del Oeste y nacieron industrias como la fábrica de pizarras en Gales. El capital acumulado en el comercio de manufacturas, esclavos y azúcar hizo de fogonero de la Revolución Industrial.
Tiempo después, el reparto del mundo que procuraron las potencias europeas hicieron del continente africano un territorio de fecundo coloniaje. En 1879 se declaró al Congo como propiedad del rey de Bélgica a costa de una matanza de miles de africanos. A partir de entonces, casi no quedó territorio que no fuera colonia europea repitiendo similares derramamientos de sangre nativa.
La puja por apropiarse de sus abundantes riquezas fue persistente. Francia invadió Argelia, Túnez y Marruecos y se posesionó de Mauritania, Níger, Costa de Marfil y África Ecuatorial. Gran Bretaña se hizo de Egipto, Sudán, Kenia, Sierra Leona y Sudáfrica. Alemania de Camerún, África Oriental  y del Sud Oeste Africano (dominios luego repartidos entre Francia y el Reino Unido).  Italia se quedó con Libia, Eritrea y Somalia. Portugal con Angola, Mozambique y Guinea Bissau. España con parte de Marruecos, Sahara y Guinea.
La aspiradora capitalista no sólo extraía los cuantiosos recursos del continente sino que inducía a los conflictos étnicos para consolidar su hegemonía y expoliación, destruía las tradicionales economías autosuficientes y en su imposición de fronteras artificiales fraccionaba comunidades ancestrales. Así estallaron conflictos y hambrunas que asolaron como nunca a la región.
Madera, caucho, marfil, oro, diamantes, petróleo, gas, uranio fueron y son las principales riquezas que generaron contradictoriamente que millones de africanos sean condenados a la miseria más absoluta.
El proceso de liberación de las colonias desarrollado a mediados del siglo XX, a pesar del paso adelante que significó y de las expectativas populares que generó, no produjo cambios significativos en las condiciones de vida de la población, todo lo contrario. La expoliación de los recursos continuó ahora a través de los sutiles mecanismos de las relaciones comerciales internacionales, las inversiones de las multinacionales y los mecanismos crediticios de los organismos multilaterales.
En ese proceso se incorpora Estados Unidos al escenario africano con intenciones de también mojar el pan en el estofado. Los hidrocarburos son su principal interés y así lo afirma Walter Kansteiner –subsecretario de Estado para asuntos africanos- “El petróleo africano es de interés estratégico nacional para nosotros y lo será más aún en el futuro” (The Time, 29-7-02). Angola, Sudán y el Congo son los principales productores de petróleo, pero otros lugares del sufrido continente (Etiopía, Benín, Togo, Nigeria, Namibia) cuentan con importantes reservas que ratifican al funcionario norteamericano.
Estas incursiones europeas y norteamericanas provocan mayores roces entre los sectores de las burguesías nativas que se aferraban al Estado como única posibilidad de gozar de las migajas que dejan los capitales extranjeros, derivando  en crueles enfrentamientos y prolongadas guerras civiles donde se cruzan alineamientos étnicos que incitan a rivalidades y matanzas. Costa de Marfil, Uganda, Congo, Nigeria, Etiopía (donde el descubrimiento de reservas petroleras produjo el desplazamiento forzoso de la etnia anuak ocasionando miles de muertos y refugiados) son algunos de los sitios mencionados esporádicamente en los medios de comunicación del mundo por los cruentos enfrentamientos fruto de “incomprensibles” guerras de exterminio.
A los enfrentamientos fraticidas le suceden sangrientas dictaduras que pretenden consolidarse en el poder barriendo a todo vestigio opositor. Otro factor que distorsiona más aún la caótica situación es la incursión de “fuerzas pacificadoras” que intervienen para proteger los intereses de las corporaciones empresarias y a sus aliados nativos.
Estos vínculos e intereses creados engendran una corrupción generalizada en todas las esferas del poder que no sólo prosperan con los porcentajes que generosamente aportaban las corporaciones empresarias sino que también se apropian de las cuantiosas ayudas humanitarias enviadas por organismos vinculados a las Naciones Unidas, por gobiernos europeos y ONG`s. 
Se llenó de pobres el recibidor
Los escuálidos debates que se desarrollan en Europa ante la magnitud del drama africano eluden las profundas causas del fenómeno migratorio mencionadas más arriba. El viejo continente tuvo una directa responsabilidad y protagonismo con la prácticamente tierra arrasada en que quedó convertida África. Durante siglos los africanos aportaron su sangre, sus recursos y su labor como ofrenda a la prosperidad de Occidente. Los gobernantes europeos y norteamericanos pactaron y alentaron a obsecuentes dictadores y políticos corruptos con el objeto de acallar rebeldías y aplastar a los dirigentes comprometidos con  las causas populares. Poco importó la moralidad y el respeto por los derechos humanos mientras las arcas de sus ganancias estuvieran bien abastecidas.
Es tan contundente el desastre provocado que se llega a mencionar un Plan Marshall de parte de las autoridades de la Unión Europea, un Plan África de parte del gobierno español y hasta el primer ministro británico Tony Blair tuvo una súbita inquietud por ayudar a los africanos que contó con un no menos asombroso apoyo de George Bush.
Más allá de estos fuegos de artificio, que evidencian la necesidad de recurrir a alguna argumentación más solvente que la del garrote, las fuerzas desatadas no dejan de ejercer presión sobre las fronteras y como un poderoso torrente que desactiva los obstáculos que se erigen en su camino y encuentra nuevas vías para persistir en el intento.
Quienes se deciden a emprender semejante periplo dejan por un lado a una sociedad que no les ofrece expectativas de progreso y realización, pero también generan un vaciamiento de los mejores exponentes, los más capacitados y emprendedores dificultando las posibilidades de un desarrollo futuro.
Se disponen a acceder a los suburbios de la prosperidad, convertirse en vendedores ambulantes en las ciudades españolas, trabajadores golondrina o clandestinos jornaleros a bajo costo; vivir en hacinados departamentos, en tiendas de campaña  o en refugios colectivos. A pesar de esta degradante realidad que los acoge constituye una mejor opción que las que ofrecen las miserables condiciones de vida de sus lugares de origen.
Al menos pisando tierra europea tienen la posibilidad de soñar con un futuro mejor.
1/9/2006.
Publicado en www.argenpress.coma.r el 5-9-2006
 

07 agosto 2015

El efecto "pastorcito mentiroso"


Por Bernardo Veksler

Desde que la denominada “grieta” se agudizó en el país, Jorge Lanata se transformó en un protagonista destacado de una de sus líneas fronterizas. Su labor se fue alejando cada vez más de aquel  indiscutido referente del periodismo y entregó todo el prestigio conquistado al servicio del comendattore contratante. Su labor se travistió y pasó de ser un periodista modelo a transformarse en el mejor publicista de la prédica corporativa mediática.

Abandonó las pautas básicas del periodismo para reconstruir historias, sin tomar en cuenta el elemental “chequeo” de las fuentes que pudiera garantizar el mayor grado de veracidad posible a los contenidos; sorteó límites elementales y violó principios básicos del periodismo para presentar dudosos testimonios y documentos acomodados a la necesidad de ofrecer denuncias espectaculares contra el oficialismo nacional, que se desgranaban, poco tiempo después, por su alarmante endeblez argumental.

Así ocurrió con las bóvedas, el traslado de bolsas de dinero hacia y desde Río Gallegos, las valijas llevadas a Carmelo por Boudou, las cuentas de Máximo Kirchner y las de su madre en las islas Seychelles, toda la parodia montada en torno al caso Nisman y, ahora, la denuncia contra Aníbal Fernández y el inventado ataque que sufrió el animador de la noche del domingo.

También, evidenció una total unilateralidad en sus investigaciones periodísticas sobre presuntos ilícitos. Nunca abordó alguno de los que se suceden en la administración porteña, donde se conjugan un inusitado endeudamiento con obras de dudoso valor, puestas al servicio de las sobrefacturaciones a los colegas del jefe. Tampoco  demostró interés en sacar a la luz los negociados de los referentes de la Sociedad Rural ni de los que fugaron descaradamente capitales o los que especularon con las necesidades populares (entre ellos sus propios mandantes). 

La reiteración de esos reiterados fiascos entusiasmó a los que necesitan alimentar el odio contra el oficialismo y sus seguidores, alcanzando en su intolerancia hasta a los que pretenden encontrar racionalidad y posturas esclarecedoras dentro de la polarización reinante.

Aunque la credibilidad no parece ser una preocupación de los escribas de Magneto; la reiteración de fallidos está planteando una derivación no contemplada por los que deciden esos contenidos: el efecto “pastorcito mentiroso”.

Cada nueva denuncia publicada por la corporación mediática está generando una propensión de interés decreciente, tendiendo a que sea obviado el adecuado análisis que una opinión crítica debe merecer. Los que no se resignan al papel de devotos de esa prédica mediática, ante las reiteradas muestras de insolvencia, tienden a rechazar las argumentaciones de cada show y cada denuncia.

Así como las divertidas actuaciones del “pastorcito mentiroso” alimentaban el desinterés de sus vecinos por acudir en su auxilio; en este caso, se produce un fenómeno parecido: los ciudadanos que pretenden esclarecerse, discernir seriamente sobre los posibles casos de corrupción y exigir que los actores de esos ilícitos sean expulsados de la función pública, condenados y paguen con su propio patrimonio por el daño causado; lejos de ello, tienden a rechazar cada una de esas denuncias, al haberse acostumbrado a que se demuestre rápidamente su falsedad.

Funciona como un estalinismo al revés. Cuando ese régimen se mantenía en pie, la militancia de los partidos comunistas se encontraba blindada a las críticas, creían a pie juntillas lo pregonado por los líderes de que estaban originadas en oscuras intenciones del imperialismo de desacreditar al socialismo. De esa manera, la difusión de las barbaridades cometidas no hacía mella en la adhesión de los militantes.

Estos señores que se proponen destruir al enemigo elegido lanzándole los proyectiles pesados que pueden disparar desde su poderosísima artillería mediática, están logrando el efecto opuesto: debilitando las voluntades verdaderamente independientes y abroquelando a la militancia kirchnerista en contra de la maniobra orquestada.

La difamación serial de baja calidad que se desarrolla desde la corporación mediática, opera como un elemento preventivo y contrarrestante de cualquier hecho de corrupción que pueda llegar efectivamente a probarse. En el caso de que alguna de esas denuncias pueda verse corroborada, el descrédito acumulado del denunciante actuaría como un elemento disuasivo de los que quieran verificar  la verosimilitud de la denuncia.

El show mediático consigue que el golpe de efecto sustituya al razonamiento metódico. En lugar de aportar al esclarecimiento, al debate profundo y a las conclusiones indubitables; va logrando que se lo rechace sin que se le dedique una evaluación seria y sea considerado a priori como un nuevo episodio de la larga secuencia de actos fallidos.    

06 julio 2015

Admiro a Messi


(Un texto sobre Messi que escribí en 2012 y que nunca fue publicado. A esta hora de tantos detractores fáciles y de exitistas deprimidos, me pareció interesante compartirlo)

Por Bernardo Veksler
 
Luego de disfrutar cada brillante demostración de sus cualidades deportivas, no cabe otra sensación que el deslumbramiento. Su capacidad para acelerar en breves espacios, para resolver situaciones que serían imposibles para el resto de los mortales, de desplegar su precisión de relojería para introducir a la carrera el esférico en el arco rival,  de desairar al batallón de defensores que corre inútilmente detrás sólo para disimular su rol de espectadores o de inducir a sus rivales a saltar para que se tiro libre pase entre los botines de sus rivales y el césped, hace que el mundo deportivo no deje de asombrarse de su magia.
Pero, esta serie de lugares comunes sobre sus habilidades futbolísticas, no siempre dejan espacio para ponderar sus cualidades humanas, que deberían ser destacadas mucho más aún por provenir de un protagonista indiscutido.
Sus éxitos deportivos no le hicieron despegar los pies de la superficie del planeta, nunca hizo ostentación de sus logros y siempre consideró a sus compañeros como parte insustituible de sus conquistas, haciendo prevalecer en sus declaraciones lo grupal sobre lo individual.
Gran parte de su estelar actualidad se debe a que el Barcelona lo apañó a temprana edad y posibilitó la expansión de su talento sin límite, sin embargo, no olvidó nunca a sus raíces.  Minimizó el peso formidable de las tentaciones y perseveró hasta el cansancio para lucir la camiseta argentina.
 Contra las críticas tan desenfrenadas como intolerantes de muchos hinchas, no alteró su buen talante, sus declaraciones respetuosas y su infinita paciencia. A pesar de las angustias que sufrieron los suyos frente a ese desmesurado acoso, no renunció a integrar el equipo de su país.

Nunca se le conoció una inconducta deportiva, una reacción destemplada frente a la malicia de algún rival o su participación en juergas o festejos desmesurados.
En esta sociedad, donde cotidianamente sus congéneres se desviven por ocupar espacios mediáticos, por ventilar sus intimidades, por generar escándalos y polémicas obtusas, y conquistar a cualquier precio un segundo de fama; Messi no perdió nunca su compostura, humildad, recato y bonhomía.  
Mientras los programas periodísticos se desesperan por introducirse en su intimidad, él prefiere preservar a sus vínculos de la desenfrenada morbosidad del rating.
Como si todo esto fuera poco, su seriedad alcanza a percibir que en su país el cáncer de la pobreza sigue agobiando, sobre todo a "muchos chicos muy jóvenes” que “no les queda otra que salir a la calle a pedir o a trabajar en lo que sea y de bien pequeños". Su éxito no lo logró obnubilar y tiene percepción de que “a muchos padres les cuesta sacar adelante a los niños”.  
Admiro a Lionel Messi, tanto por el despliegue de sus habilidades extraterrenales como por la sabia humildad con que se conduce en su exposición mediática. Este aspecto, tal vez, debería ser destacado con más frecuencia para confrontar con tanta mercantilización de la palabra, hipocresía y soberbia cotidiana. Su bajo perfil debería ser tomado en cuenta como un modelo de conducta para los jóvenes deportistas, de compromiso con la realidad que atormenta a millones pero también para atreverse a soñar con una sociedad mejor.

17 mayo 2015

Eduardo Galeano: El trabajo y la dignidad humana

 
Este texto fue leído por Eduardo Galeano en la sesión de clausura de la VI Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, llevada a cabo del 6 al 9 de noviembre de 2012 en la Ciudad de México. 
 
 
No se asusten, empezaré diciendo “seré breve”, pero esta vez es verdad. Y es verdad porque yo estoy empeñado en una inútil campaña contra la “inflación palabraria” en América Latina, que yo creo que es más jodida, más peligrosa que la inflación monetaria, pero se cultiva con más frecuencia. Y porque además lo que voy a hacer es leer para ustedes un mosaico de textos breves previamente publicados en revistas, periódicos, libros. Pero no reunidos como ahora en una sola ocasión, reunidos en torno a una pregunta que me ocupa y me preocupa como –estoy seguro– a todos ustedes, que es la pregunta siguiente: ¿los derechos de los trabajadores son ahora un tema para arqueólogos? ¿Sólo para arqueólogos? ¿Una memoria perdida de tiempos idos? Este en un mosaico armado con textos diversos que se refieren todos –sin querer queriendo, yendo y viniendo entre el pasado y el presente– a esta pregunta más que nunca actualizada: ¿“Los derechos de los trabajadores” es un tema para arqueólogos? Más que nunca actualizada en estos tiempos de crisis, en los que más que nunca los derechos están siendo despedazados por el huracán feroz que se lleva todo por delante, que castiga el trabajo y en cambio recompensa la especulación, y está arrojando al tacho de la basura más de dos siglos de conquistas obreras.
La tarántula universal
Ocurrió en Chicago en 1886. El 1º de mayo, cuando la huelga obrera paralizó Chicago y otras ciudades, el diario Philadelphia Tribune diagnosticó: “El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate”. Locos de remate estaban los obreros que luchaban por la jornada de trabajo de ocho horas y por el derecho a la organización sindical. Al año siguiente, cuatro dirigentes obreros, acusados de asesinato, fueron sentenciados sin pruebas en un juicio mamarracho. Se llamaban George Engel, Adolph Fischer, Albert Parsons y Auguste Spies; marcharon  a la horca mientras el quinto condenado (Louis Lingg) se había volado la cabeza en su celda.
Cada 1º de mayo el mundo entero los recuerda.
Dicho sea de paso, les cuento que estuve en Chicago hace unos siete u ocho años, y les pedí a mis amigos que me llevaran al lugar donde todo esto había ocurrido, y no lo conocían. Entonces me di cuenta de que en realidad esto, esta ceremonia universal – la única fiesta de veras universal que existe –, en Estados Unidos no se celebraba; o sea, era en ese momento  el único país del mundo donde el 1 de mayo no era el Día de los Trabajadores. En estos últimos tiempos eso ha cambiado, recibí hace poco una carta muy jubilosa de estos mismos amigos contándome que ahora había en ese lugar un monolito que recordaba a estos héroes del sindicalismo, que las cosas habían cambiado y que se había hecho una manifestación de cerca de un millón de personas en su memoria por primera vez en la historia. Y la carta terminaba diciendo: “Ellos te saludan”.
Cada 1º de mayo el mundo recuerda a esos mártires, y con el paso del tiempo las convenciones internacionales, las constituciones y las leyes les han dado la razón. Sin embargo, las empresas más exitosas siguen sin enterarse. Prohíben los sindicatos obreros y miden las jornadas de trabajo con aquellos relojes derretidos de Salvador Dalí.
 
Una enfermedad llamada "trabajo"
En 1714 murió Bernardino Ramazzini. Él era un médico raro, un médico rarísimo, que empezaba preguntando: “¿En qué trabaja usted?”. A nadie se le había ocurrido que eso podía tener alguna importancia. Su experiencia le permitió escribir el primer Tratado de Medicina del Trabajo, donde describió – una por una – las enfermedades frecuentes en más de cincuenta oficios. Y comprobó que había pocas esperanzas de curación para los obreros que comían hambre, sin sol y sin descanso, en talleres cerrados, irrespirables y mugrientos. Mientras Ramazzini moría en Padua, en Londres nacía Percivall Pott. Siguiendo las huellas del maestro italiano, este médico inglés investigó la vida y la muerte de los obreros pobres. Y entre otros hallazgos, Pott descubrió por qué era tan breve la vida de los niños deshollinadores. Los niños se deslizaban desnudos por las chimeneas, de casa en casa, y en su difícil tarea de limpieza respiraban mucho hollín.
El hollín era su verdugo.
 
Desechables
Más de 90 millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Walmart. Sus más de 900 mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. Y más, el fundador de Walmart, Sam Walton, recibió en 1992 la Medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de los Estados Unidos.
Uno de cada cuatro adultos norteamericanos y nueve de cada diez niños engullen en McDonald’s la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald’s son tan desechables como la comida que sirven. Los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse.
En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett-Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró union free (libre de sindicatos) el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las 190 obreras que murieron quemadas vivas en Tailandia en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson, la familia Simpson y los Muppets.
En sus campañas electorales del año 2000, los candidatos Bush y Gore coincidieron en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo  el modelo norteamericano  de relaciones laborales. “Nuestro estilo de trabajo” – como ambos lo llamaron – es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta.
La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar 100 mil años para ganar lo que gana en un año – 100 mil años para ganar lo que gana en un año – un trabajador de su empresa en los Estados Unidos. Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras  o instrumentos  de alta tecnología, además de producir como antes caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial.
Desde 1919 se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo.  Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y los Estados Unidos… 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar  a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo… no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley, es el que dice que ahora no habrá más remedio que incluir cláusulas sociales y de protección ambiental en los Acuerdos de Libre Comercio. ¿Qué sería de la realidad, no? ¿Qué sería de ella sin la publicidad que la enmascara? Estas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro “relaciones públicas”, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos partidarios, abogados, del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre.
Desde que Ernesto Zedillo dejó la Presidencia de México, pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países, y además encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes. En idioma “tecnocratés”, se indigna contra lo que llama “la imposición de estándares homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales”; traducido, eso significa “olvidemos de una buena vez toda la legislación internacional que todavía protege más o menos, menos que más, a los trabajadores”. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud, pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: “Para competir hay que exprimir los limones”, y no es necesario aclarar que él no trabaja de limón en el reality show del mundo de nuestro tiempo. Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos y “yo no fui, yo no fui”.
En la industria posmoderna el trabajo ya no está concentrado, así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota; de cada cinco obreros de Volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa; de los 81 obreros de Petrobras muertos en accidentes de trabajo a fines del siglo XX, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad.
A través de 300 empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas del mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un Estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra. “Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social para asegurar un clima favorable a los inversores”, explicó Bo Xilai, alto dirigente del Partido Comunista Chino.
El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden, a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por tantos años de dolor y de lucha.
Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman sweatshops (“talleres del sudor”), crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en la Argentina están en negro, sin ninguna protección legal; nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al llamado “sector informal”, un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. ¿La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?
En el mundo del revés, la libertad oprime. La libertad del dinero exige trabajadores presos, presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El Dios del mercado amenaza y castiga, y bien lo sabe cualquier trabajador en cualquier lugar. El miedo al desempleo que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, eso hoy por hoy es la fuente de angustia más universal de todas las angustias.
¿Quién está a salvo del pánico, de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un obstáculo interno, para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que “hemos eliminado los obstáculos internos”? Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide el mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.
 
Un raro acto de cordura
En 1998, Francia dictó la ley que a 35 horas semanales el horario de trabajo. Trabajar menos, vivir más. Tomás Moro había soñado en su Utopía pero hubo que esperar cinco siglos para que por fin una nación se atreviera a cometer semejante acto de sentido común. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven las máquinas si no es para reducir el tiempo de trabajo y ampliar nuestros espacios de libertad? ¿Por qué el progreso tecnológico tiene que regalarnos desempleo y angustia? Por una vez, al menos, hubo un país que se atrevió a desafiar tanta sinrazón. Pero, pero… poco duró la cordura. La ley de las 35 horas murió a los diez años.
 
Este inseguro mundo
Hoy, vale la pena advertir que no hay en el mundo nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan cada día preguntando:  “¿Cuántos  sobraremos, quién me comprará?”. Muchos pierden el trabajo, y muchos pierden, trabajando, también la vida. Cada 15 segundos muere un obrero asesinado por eso que llaman “accidentes de trabajo”.
La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos, que desatan la histeria colectiva en cada elección. “¡Peligro, peligro – proclaman – en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino!”. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso. Y es peligroso cruzar la calle, porque cada 25 segundos muere un peatón asesinado por eso que llaman “accidentes de tránsito”. Y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química. Y es peligroso respirar, porque en las ciudades, en las grandes ciudades, el aire es… el aire puro es como el silencio: un artículo de lujo. Y también es peligroso nacer, porque cada 3 segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad.
Una historia real para acabar (se me fue la mano con las teorías), un par de cosas que tengan más que ver con la realidad de carne y hueso, como la historia de Maruja. El 30 de marzo, Día del Servicio Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de los oficios más ninguneados del mundo.  Maruja no tenía edad. De sus años de antes, nada decía; de sus años de después, nada esperaba. No era linda ni fea ni más o menos, caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero o la escoba o el cucharón. Despierta, hundía la cabeza entre los hombros. Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas. Cuando le hablaban, miraba al suelo, como quien cuenta hormigas. Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria. Nunca había salido de la ciudad de Lima, nunca. Mucho trajinó de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona. A los pocos días, se fue.
Se estaba encariñando.
 
Desaparecidos
Agosto 30, Día de los Desaparecidos. Los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre, las mujeres y los hombres que el terror tragó, los bebés que son o han sido botín de guerra, y también los bosques nativos, las estrellas en la noche de las ciudades, el aroma de las flores, el sabor de las frutas, las cartas escritas a mano, los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo, el fútbol de la calle, el derecho a caminar, el derecho a respirar, los empleos seguros, las jubilaciones seguras, las casas sin rejas, las puertas sin cerradura, el sentido comunitario y el sentido común.
 
El origen del mundo 
Hacía pocos años que había terminado la Guerra Española, y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros, le daban la espalda, con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba.
Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo. Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me contó esta historia. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio, me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, pero el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones. “Pero, papá – le preguntó Josep, llorando –, pero, papá… si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?”. Y el obrero, cabizbajo, casi en secreto, dijo: “¡Tonto, tonto! ¡Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles!”.