01 abril 2017

El poder de revocatoria es un derecho esencial en una democracia moderna


¿Por qué no reclamar el fin de este gobierno?

 

Se ha instalado un interesante debate sobre la legitimidad del reclamo de revocatoria del mandato del presidente, que está implícito en las masivas manifestaciones recientes. Algunos de los interrogantes planteados  abordan cuestiones que, más tarde o más temprano, estarán a la hora del día en función de la previsible dinámica de confrontación del pueblo trabajador con el macrismo: ¿Existe una posibilidad de terminar con el modelo económico sin plantear el fin del gobierno?  ¿Cuestiona al sistema democrático el derecho a revocar el mandato de un representante electo? ¿El presidente es un monarca absoluto a plazo fijo? ¿El pueblo agredido por la política actual debe resignarse a esperar el cuarto año del recambio presidencial?

 

Por Bernardo Veksler

 

A partir del discurso de Pablo Micheli en Plaza de Mayo, en la concentración de la CTA del 30 de marzo pasado, donde reclamó al Gobierno: "parar con los despidos, las importaciones y que haya paritarias libres" y advirtió que "la lucha va a continuar en la calle hasta que caiga este modelo neoliberal", un coro de comunicadores se alzó contra la supuesta amenaza a las instituciones que implicaba ese pronunciamiento.

Algunos recordaron la zozobra vivida con el ocaso del gobierno de De la Rúa y las vidas que se llevó la crisis, como si la responsabilidad de esa situación fuera de los que salieron a las calles hartos de ser acosados por la perversa política oficial y no de los que atacaron las condiciones de vida del pueblo trabajador y reprimieron a mansalva a los que se manifestaron en defensa de su derecho a la supervivencia.

Más allá de la legitimidad que tiene todo reclamo de los sectores populares, cuando se ve atacado su nivel de vida, los interesados cuestionamientos mediáticos plantean el supuesto embate a las instituciones que significa levantar la bandera de “abajo el modelo neoliberal” o el más sincero de “qué se vaya el gobierno”.

Otros sectores políticos, incluso sindicales, temerosos de expresar esas posturas “extremas”, toman distancia manifestando que no quieren que quede trunco el mandato presidencial, que desean que “al gobierno le vaya bien” o que si la mayoría del pueblo expresó su voluntad hay que esperar cuatro años para cambiar o expresarlo en el turno electoral de renovación legislativa de este año.

Estas opiniones son propias de los que tienen resueltas sus necesidades elementales y puede esperar; seguramente, no coinciden con esas posturas los miles de cesanteados que deambulan por las calles infructuosamente en busca de un empleo; los jubilados que perdieron sus medicamentos gratuitos y cuyo poder adquisitivo se deterioró en más del 15%; los docentes que salen a reclamar por paritarias libres y reciben como respuesta la difamación, las amenazas y la organización de rompehuelgas; los que sufrieron la represión por protestar o simplemente por vivir en una barriada obrera; las mujeres que ven como se acrecienta la violencia machista sin que el oficialismo responda activamente para combatir esa rémora medieval; los defensores de los derechos humanos que ven como se intenta liquidar toda posibilidad de hacer efectiva la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia;   los demócratas honestos que ven como los debates se sustituyen arteramente con maniobra publicitarias o con campañas operadas por multitudes de trolls contratados por la Jefatura de Gabinete, o como se presiona a gobernadores, legisladores, jueces y fiscales para que se subordinen a los dictados del Poder Ejecutivo.

 

Cómo crudo testimonio de las consecuencias dramáticas derivadas de la política implementada por Macri están los trabajadores de Cresta Roja, cuyos lamentos no logran ser escuchados: "hace un año y medio que estamos afuera, sin ningún tipo de respuesta. Somos 900 en total". "Macri había dicho que si era presidente iban a entrar a trabajar todos. Cuando vino Macri, acá se prendieron las cámaras adentro de la planta, pero afuera no, porque había carteles de reclamo". "Hay 45 personas en urgencia total, porque tienen criaturas que están enfermas" y están juntando donaciones para poder comer.

De las  2.500 personas que empleaba la empresa, en la actualidad no llegan a ser 1.200 los que trabajan. Y los cesanteados languidecen mientras "el sindicato no nos atiende, los nuevos dueños tampoco nos recibieron. No tenemos obra social, no tenemos fondo de desempleo, no tenemos qué llevar a nuestras familias".

Ellos, como centenares de miles de trabajadores, no pueden esperar.

 

EL PODER DE REVOCATORIA ES UN DERECHO ELEMENTAL  PARA HACER MÁS DEMOCRATICO EL SISTEMA POLÍTICO

 

Esta cuestión comienza a ser planteada por la ciencia política moderna, como una reacción frente a la arbitrariedad y degeneración en que se desenvuelven las instituciones políticas, legislativas y judiciales; y a la marginación en las decisiones trascendentes que sufren los sectores populares. Algunos teóricos de esta disciplina, muy alejados de posturas de la izquierda marxista, comienzan a plantear el debate sobre las limitaciones del sistema político y la necesidad de que, no sólo se incorpore a la vida política el poder de revocatoria y el plebiscito para decidir sobre las cuestiones que afectan a los intereses de las mayorías, sino que se comiencen a generar espacios de democracia directa para contrarrestar la corrupción, la inseguridad y defender el nivel de vida del pueblo. En ese sentido, ya existen constituciones provinciales, como la de Tierra del Fuego, que han incluido formalmente esas propuestas.

 

Estas posturas se han desarrollado sobre todo entre politólogos estadounidenses, que sostienen que es necesario plantear  una nueva teoría de la democracia en la cual se rescate el rol transformador de los valores y se neutralice el protagonismo de las elites auto elegidas en la cúpula del sistema político. Enfatizan la participación popular como valor central y elemento fundamental para contrarrestar la tendencia oligárquica en el sistema político.

Reconociendo su fuente en la teoría clásica, autores como Barchrach, Macpherson, Paterman, afirman que “la poca participación y la desigualdad social están tan íntimamente unidas que para que haya una sociedad más equitativa y más humana hace falta un sistema político más participativo”.

Esta corriente de pensamiento considera que “la democracia es vista como un método mediante el cual las elites compiten libremente por el voto de los ciudadanos, es una visión que desvirtúa lo que la democracia es, y fue pensada esencialmente para legitimar la toma de decisiones concentrada en los grandes grupos de poder en las sociedades desarrolladas actuales, a la vez que para impedir que la participación de todos los ciudadanos invada espacios de poder por estas elites usurpados”. Afirman que “la concepción de la democracia elitista sirve para la formidable defensa de la división entre elites y masas en la estructura de los sistemas democráticos actuales”

(Bacharach, P. Crítica de la teoría elitista de la democracia).

Estos politólogos sostienen que “la democracia no es solamente un método, posee fundamentalmente una dimensión ética, la democracia implica una concepción amplia de lo político, es decir no restringido exclusivamente a las instituciones representativas  -gubernativas, sino a todos aquellos espacios en los que se toman decisiones que afectan significativamente los valores sociales”.

Y concluyen que la democracia representativa debe combinarse con democracia directa allí donde sea posible. A juicio de C.B. Macpherson  (La democracia liberal y su época), la democracia participativa puede ser calificada como un “sistema piramidal, con la democracia directa en la base y la democracia delegada en todos los niveles por encima de ella. Así se empezaría con una democracia directa al nivel del barrio o de la fábrica, con debates totalmente directos, decisión por consenso o mayoría y elección de delegados que conformarían un consejo al nivel más amplio inmediatos (...) Los delegados tendrían que contar con suficientes instrucciones de sus electores y ser responsables ante ellos... Y así sucesivamente”.

Estas opiniones han trascendido fronteras y se replican en estas geografías: “no hay estado de derecho sin un sistema codificado de reglas que controle y que regule la arbitrariedad del poder; más aún, es un carácter que dicta al sistema de la flexibilidad necesaria para adaptarse a nuevas situaciones y poder así perdurar” (Nun, J. La teoría política y la transición a la democracia. Ensayos sobre la transición democrática en la Argentina).

 

 

POR QUÉ NO RECLAMAR LA REVOCATORIA DEL MANDATO POPULAR

 

Cuando un gobierno se convierte en una fuerza de ocupación dispuesta a depredar a mansalva el patrimonio de la sociedad y condicionar el futuro de millones de  personas; cuando un gobernante le declara la guerra al pueblo trabajador, como lo ha hecho Mauricio Macri desde el primer segundo que asumió el poder, es totalmente legítimo que los afectados consideren que ha caducado el mandato otorgado.

 

Cuando durante la campaña electoral el candidato de Cambiemos mintió descaradamente, sosteniendo que no iba a devaluar, que no iba a aumentar las tarifas, que iba a terminar con la pobreza y la corrupción, que iba a fortalecer la industria y las economías regionales, que iba a crear empleo, que iba a combatir la inflación y hasta  que iba a mantener el “Fútbol para todos”; y una vez llegado al gobierno hizo todo lo contrario –además de seguir mintiendo como con la “Reparación Histórica” a los jubilados o los reiterados anuncios, nunca confirmados, de reactivación y creación de empleo- tiene sentido el retiro del crédito concedido.

 

Cuando los resultados de su gestión derivan en una hecatombe económica y social, manifestada en el aumento de la pobreza y la indigencia, la destrucción masiva de empleo, la crisis de las economías regionales y de la pequeña y mediana empresa; cuando el consumo y el poder adquisitivo bajan estrepitosamente, es justo que los afectados salgan a las calles a exigir que terminen de meterles las manos en los bolsillos. 

 

Cuando es público y notorio como se ha endeudado el país a niveles escandalosos; como se ha beneficiado a los sectores más concentrados de la economía y como han crecido los negocios y las ganancias de las empresas vinculadas a los hombres que ocupan puestos en el gobierno; como se llevan adelante con todo desparpajo medidas de gobierno que benefician generosamente a las empresas del presidente; no sólo es justo y legítimo, sino también necesario exigir el fin de un gobierno que ha llevado la corrupción y la transferencia de recursos de los asalariados a las corporaciones a los niveles más insólitos que se tenga memoria en la historia argentina.

 

Además de ser considerado como una elemental medida de autodefensa del pueblo trabajador, este reclamo no puede ser calificado como un ataque a las instituciones porque los que la han degradado han sido los que ostentan el poder y para recuperar la virtud republicana es imprescindible que esta experiencia termine cuanto antes, para preservar la democracia, la sociedad y la subsistencia de las mayorías populares.

18 enero 2017

Una revolución obrera en el Atlántico Sur


 
En 1920, los balleneros de las Georgias se sublevaron y proclamaron una “revolución bolchevique”, conservando el poder durante diez días

Por Bernardo Veksler

 

La región austral tiene una fecunda historia de luchas obreras, aunque no son muy conocidas. En las últimas décadas, hubo intentos de historiadores y periodistas por sacar a la luz esas confrontaciones sociales.

En Punta Arenas se gestó una poderosa fracción de la oligarquía argentina. Los estancieros se enriquecieron aceleradamente ocupando las tierras y exterminado a los nativos.

Ese desarrollo convocó a miles de trabajadores. No llegaron solos, muchos de ellos trajeron consigo su rebeldía. Su capacidad de organización les permitió superar las dificultades climáticas y generar las inéditas movilizaciones y huelgas de la Patagonia Rebelde y hasta una reedición de la Comuna de París en Puerto Natales. Ese proceso llegó a ser calificado como “el más importante proceso de lucha social de América Latina”.

En los últimos meses se sumó un nuevo hecho a esa legendaria historia, al conocerse la rebelión de los balleneros y su “revolución socialista” en las Georgias del Sur.

 

UNA FACTORÍA BALLENERA EN EL ATLÁNTICO SUR

A mediados del siglo XIX, los navegantes del hemisferio norte descubrieron que existía una enorme riqueza virgen en los mares australes. Llegaron decenas de barcos para convertir en aceite a millones de cetáceos y lucrar con el abastecimiento de las luminarias de las ciudades europeas y norteamericanas.

La depredación de lobos y elefantes marinos fue tan grande, que en pocos años desaparecieron enormes colonias que habían perdurado durante milenios. Luego, los cañones apuntaron hacia las numerosas ballenas.

En las aguas del Atlántico sur se encontraba, entre otras, la famosa ballena azul de 150 toneladas de peso. Con el aceite y otros subproductos extraídos se podía “ganar 2.500 libras” por ejemplar (1). En 1912 varó en Grytviken el mayor cetáceo jamás capturado: una ballena azul que medía 33,58 metros (2).

Las Georgias del Sur están ubicadas a 1.300 kilómetros de las Malvinas y a 1.700 de Tierra del Fuego, y en el mismo paralelo que Ushuaia. Allí se desarrolló el centro de operaciones ballenero del Atlántico Sur.

En 1904, la Compañía Argentina de Pesca (CAP) -una sociedad entre la empresa argentina de Ernesto Tornquist y capitales noruegos- se instaló en Grytviken con dos veleros, a los que posteriormente sumó una veintena de barcos. Ese año pudieron capturar 195 cetáceos. Pero, en algunas temporadas se llegaron a procesar 95 mil ballenas.

Hubo varios centros productivos: Grytviken fue el primero y permaneció activo hasta 1965Leith operó entre1909 y 1933; Prince Olav (1916 -1934), Stromness (1912 -1931), Nueva Fortuna (1909 -1920) y Godthul (1908 -1929) (3).

UNA FACTORÍA CON MÁS DE MIL OBREROS

La actividad ocupaba a muchos operarios, “un porcentaje menor y calificado en la pesca, y una participación – menos especializada- pero bastante mayor, involucrados en el procesamiento”. Los obreros que participaban en esas “duras tareas”, se integraban a la industria por “distintos incentivos, en primera instancia algunos continuaban la tradición de sus orígenes o de sus familias,  una mayoría se unía por el atractivo de los buenos salarios,  y otros se sumaron tomando en  cuenta que las condiciones de trabajo se habían vuelto menos rígidas,  mejor organizadas al operar en flotillas, con apoyos de radio, médicos, etc.” (3).

La gran mayoría de los balleneros eran noruegos. La población oscilaba entre un millar de habitantes en el verano (llegando a unos dos mil en ciertas temporadas) y unos doscientos en invierno. Predominaron los nórdicos pero también se sumaron argentinos, chilenos y uruguayos.

La elevada rentabilidad de la industria permitía pagar excelentes salarios y en Grytviken se podía gozar de una vida confortable. Algunos trabajadores de las factorías vivieron en el lugar con sus familias. La aldea contaba con cine, cancha de fútbol, iglesia, hospital, panadería, carnicería, estación de radio, biblioteca, tres muelles, un dique flotante y una usina hidroeléctrica. También operaron trayectos ferroviarios para el transporte de cargas.

La CAP llegó a producir mil barriles de aceite diarios, además de procesar la carne, los huesos y otros subproductos de las ballenas.

 

LA REVOLUCIÓN MÁS AUSTRAL DEL MUNDO

De las luchas libradas por los obreros patagónicos, en las primeras décadas del siglo XX, existen testimonios y literatura que aportaron a su conocimiento. Pero, hasta ahora se ignoraba lo ocurrido, en esa misma época, en Grytviken.  

Pablo Fontana publicó recientemente un libro que aborda la pugna de las grandes potencias y la política de Argentina y Chile en la Antártida, entre 1939 y 1959. En un capítulo de ese trabajo, el investigador del CONICET dio detalles de la ignorada sublevación obrera ocurrida en las Georgias.

“A principios de 1920 en Grytviken, a poco más de dos años de la Revolución de Octubre en Rusia, un grupo de treinta y seis trabajadores contratados en Buenos Aires organizó una huelga en la que se sumaron doscientos trabajadores del lugar, salvo tres a los que se consideró expulsar de la isla. Los huelguistas amenazaron con atacar a las autoridades británicas y declarándose bolcheviques intentaron instaurar un gobierno siguiendo el modelo soviético bajo ideales marxistas  además de plantearse  como objetivo la organización de todos los trabajadores balleneros del mundo. Los revolucionarios  lograron hacerse del poder en la isla…” (4).

El historiador amplió los detalles de lo ocurrido: “Esa historia es impresionante y se sabe poco de ella. Solicité documentos al archivo histórico en Puerto Argentino, donde se explica que el conflicto” con la CAP “se originó porque los trabajadores exigían que les pagaran en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir respuesta, decidieron nada menos que tomar el poder en la isla, declarándose “bolcheviques”, y proclamaron “la primera república socialista fuera de Rusia”. Tomar el poder en ese contexto para los 200 trabajadores no debe haber sido muy difícil. Allí había un gerente noruego y una autoridad británica –una suerte de juez de paz– quienes dejaron testimonio de haberse asustado mucho cuando los trabajadores se pusieron violentos al no recibir respuestas. El poder lo tuvieron por unos diez días, hasta que llegó por casualidad un crucero de guerra británico…” (5).

 El  17 de enero de 1920, “el crucero británico HMS Dartmounth comandado por el capitán H.W.W. Hope arribó a Grytviken y envió un grupo de marinos armados bajo el mando del teniente Moon que reprimió y desarmó a los trabajadores. Los líderes de esta pequeña revolución comunista fueron deportados el día 21 en dos arponeros a territorio continental argentino. Los trabajadores de las Georgias del Sur quizás con la experiencia de la “Semana Trágica” de enero de 1919, fueron de esta forma la vanguardia desconocida que se adelantó a los eventos de la Patagonia Rebelde” (4).

Fontana constató que luego de haber sofocado la rebelión “los líderes fueron expulsados a Buenos Aires. No existe información clara sobre quienes fueron” (5); como tampoco sobre la represión y las consecuencias que pudieron sufrir al llegar al país.

El joven historiador procura avanzar sobre esos detalles ocultos: “Contacté a historiadores noruegos de la industria ballenera que me van a facilitar los nombres de aquellos huelguistas, a ver si alguno tuvo participación en las luchas obreras del continente y si existe relación entre los tres episodios (La Patagonia Rebelde, la Semana Trágica y la sublevación en Georgias)” (5).

Más allá de lograr estas precisiones, la revelación permite mensurar la magnitud de la rebeldía obrera existente, que llegó a manifestarse  hasta en las puertas de la Antártida.

 

NOTAS:

1-   Laurio H. Destefani. Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur (Buenos Aires, 1982).


3-   La Actividad Ballenera. www.histamar.com.ar

4-   Pablo Fontana. La Pugna Antártica (Guazuvirá Ediciones. Buenos Aires, 2014).

5-   Pablo Fontana. Entrevista publicada en el diario Página 12 (15/12/2015).

 

Publicado en la Revista Fuego N°3, de noviembre de 2016.


 

17 enero 2017

La justicia del reclamo mapuche

En los últimos días, sugestivamente, han aparecido una serie de publicaciones cuestionando el derecho del pueblo mapuche a reclamar por los territorios que ocuparon desde mucho antes de que fueran colonizados.

Bernardo Veksler
| Edición del Martes 17 de enero de 2017 de Izquierda Diario

Las usinas generadoras de mensajes virtuales, evidentemente, han estado trabajando intensamente para poner en duda las justas demandas de los pueblos originarios, mientras disimulan las ostentosas tenencias de Lewis, Benetton, Turner, Stallone y los más cercanos de Braun, Menéndez Behety y Tinelli.













Estas operaciones tienen el fin velado de justificar la represión que sufrieron los mapuche y desviar la indignación que expresaron diversos sectores de la sociedad contra el bárbaro accionar de policías y gendarmes.
La región patagónica, hasta las últimas décadas del siglo XIX, ni siquiera entraba en los mapas oficiales como perteneciente a las Provincias Unidas. Recién con la decisión de la oligarquía porteña de impulsar la autodenominada “Conquista del Desierto”, en 1879, se plantearon los reclamos soberanos argentinos sobre los territorios al sur del río Negro, con la metodología del aniquilamiento de los que habitaban ese “desierto”. Antes de esa fecha, a ambos lados de la cordillera había espacios infranqueables a las decisiones de los gobernantes, que no podían vulnerar los ríos Negro y Bío Bío, porque estaba admitido, y en algunos casos acordado mediante tratados, que se trataba de un dominio de los pueblos originarios.

La Patagonia antes de la conquista
Existen rastros de presencia humana en la Patagonia superiores a los doce mil años. Sobre la presencia mapuche en la región, la arqueología aportó un elemento contundente.
Los científicos encontraron un enterratorio humano de casi 900 años de antigüedad en San Martín de los Andes y al analizar el ADN mitocondrial de los restos, concluyeron que es compatible con el de la etnia Mapuche (1).
Estudios del lado chileno sostuvieron que las poblaciones más antiguas, “quizás provenientes del Norte o del Este, conformarían los primeros grupos humanos de la población Mapuche. Los Pikunche, los Pewenche, los Lafkenche, los Puelche y los Wiliche vienen de ellos” (2).
Incluso existen indicios de que algunas migraciones se produjeron en sentido inverso al que habitualmente se supone. Dillman S. Bullock detectó rastros de los Kafkeche, que habitaban entre los ríos Bío Bío y Toltén. Este pueblo “había sido dominado por grupos de guerreros araucanos venidos del lado argentino, atravesando la cordillera de Los Andes. Estos, probablemente dieron muerte o esclavizaron a los hombres, quienes por su carácter pacífico, no disponían de medios para oponer resistencia. Se apoderaron de sus mujeres” (3).
Las poblaciones nómades desconocían fronteras y eran frecuentes las migraciones en función de la abundancia o escasez de la caza. Además, las etnias tendían a establecer alianzas que abrían las puertas a los vínculos parentales y a relaciones estables, que así como nacían en algún momento se interrumpían, estallaban conflictos sangrientos para volverse a reconciliar al cabo de unas generaciones.
Las actuales provincias de Neuquén, La Pampa y Río Negro eran una zona de activo contacto entre distintas etnias. Los tehuelches septentrionales tenían un fuerte influjo de los araucanos – mapuche, “influenciados por la presencia pacífica y comercial que cada año llegaba a la zona” (4).
El viajero Guillermo Cox, entre 1862 y 1863, visitó los toldos del Caleufú y señaló que para entonces la homogeneidad de la raza había desaparecido.
El cacique Antonio dejó testimonio de los grupos étnicos que residían “al norte del río Negro y el borde de las altas montañas que los cristianos llaman la Cordillera, vive una nación de indios denominados “chilenos”. Estos indios son de corta estatura y hablan el idioma llamado Chilona. Entre el río Negro y el río Chupat vive otra nación, que son de mayor estatura que los chilenos y visten mantos de guanaco y hablan un idioma diferente. Esta es la nación llamada Pampa, yo y mi pueblo pertenecemos a ella. Al sur del río Chupat vive otra nación llamada Tehuelche, gente aún más alta que nosotros y que habla un idioma distinto” (5).
La actividad comercial se había desarrollado y generaba caravanas de de mercaderes. “Según relata el antropólogo Guillaume Boccara, desde el siglo XVII y como parte de un circuito de intercambio y comercio interétnico, toda la tejeduría, los ponchos mapuches eran comercializados entre los indígenas de la pampa en las fronteras de Buenos Aires” (6). El centro habitual de estas transacciones era la zona de las sierras de Tandil, donde se organizaba la “Feria de los Ponchos” o “Feria de Chapaleofú”.
Como uno de los elementos limitantes para las migraciones era el agua potable, el antropólogo Ernesto L. Piana pudo detectar los restos “de seis represas de piedra, que cumplían la vital función de embalse de aguas para contrarrestar la sequía de esa época del año” (7).
La cordillera no era un límite insalvable, por el contrario, los nativos conocían los pasos más adecuados para atravesarla y era frecuente esa circulación con cargamentos y ganado en pie.
Este proceso antiquísimo de movilidad se vio incrementado notablemente por la derrota sufrida por los mapuches con los españoles en Rancagua, en 1814. Esto llevó a una gran migración para evitar el sojuzgamiento hispano. Atravesaron la cordillera por Mendoza y se asentaron en las Salinas Grandes, en Guaminí y en Carhué. De estos grupos surgirá el liderazgo de Calfulcurá, que tan buenas relaciones mantuvo con el gobernador Juan Manuel de Rosas.

Las voces de la ciencia
“Afirmamos, por lo tanto, que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches. La mayoría de los etnónimos (nombres de los pueblos indígenas) variaron entre el siglo XVIII y el presente; algunos son nombres que se dan a sí mismos —como por ejemplo “mapuche”— y otros fueron impuestos —como es el caso de los términos “araucano” y “tehuelche” (…) es apenas el nombre que los españoles quisieron darles”, afirmaron investigadores del CONICET.
Luego, enfatizaron que los mapuche “no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile. A su vez, las alianzas matrimoniales entre unos y otros y los desplazamientos producidos por el avance de los Estados sobre sus territorios dieron lugar a que muchas familias se identifiquen en el presente como mapuche-tehuelche, tal como ocurre en la actual provincia de Chubut (…) Los responsables de su marginación e invisibilización no fueron los mapuches, sino las políticas de colonización (8).

Genocidio de inspiración oligárquica
Los ejércitos de Julio Argentino Roca, al ritmo de las masacres, fue empujando a los originarios hacia los sitios más marginales de la Patagonia, mientras las tierras abandonadas participaban del festín oligárquico que distribuía generosamente los campos más fértiles, concediendo extensiones inéditas en el mundo.
Luego de esta reforma agraria al revés, contingentes de europeos y criollos fueron generando nuevos desplazamientos de los nativos hacia tierras más marginales aún. No se puede obviar el acoso de siglos que sufrieron y que los llevó a ocupar esos espacios de subsistencia y que hoy nuevamente se los quiere desalojar para saciar el apetito de ricos y famosos.
La voracidad capitalista no encuentra límites, supera hasta las propias leyes que fueron promulgadas para condicionar la extranjerización de esas regiones. No sólo se venden estancias con lagos, arroyos y ríos que se convierten en cotos privados, violando la legislación vigente; sino que se llega a transferir tierras donde residen comunidades que son obligadas a entrar en conflicto para defender su terruño de la prepotencia del nuevo propietario.
La lucha de los mapuche es la que mayor resistencia a las nuevas “conquistas del desierto” ha generado. Esta rebeldía es lo que provoca el lanzamiento de dardos mediáticos que pretenden deslegitimar sus reivindicaciones y tender un manto de indulgencia con las sangrientas represiones que ejecutan los gobernantes a ambos lados de la cordillera.
En el fondo de la cuestión se trata de minimizar los derechos de los nativos, los morochos, los jubilados y los pobres, frente a las imposiciones de los poderosos que pueden ostentar empresas off shore y coimear para lograr obras públicas, consumar aumentos desproporcionados de los precios y enormes fugas de capitales sin que, aparentemente, la mayoría de la sociedad reaccione frente a semejante succión de recursos de los bolsillos populares.
Por estas razones, esa heroica resistencia merece respeto, solidaridad, el reconocimiento a la justicia del reclamo y la imprescindible aceptación de sus demandas.

Notas. 1- Hallazgo del equipo de arqueólogos del “Laboratorio de Etnohistoria del proyecto Lanín-Collón Cura”, dependiente de un conjunto de altas casas de estudios (Universidad de Buenos Aires, Universidad Maimónides, Fundación Félix de Azara y otros). Diario Río Negro, 16/1/2017
2- Maggiori Ernesto. Historia de los pueblos Mapuche y Tehuelche.
3- Citado por E. Maggiori.
4- Op. cit.
5- Citado por E. Maggiori.
6- Citado por E. Maggiori.
7- Citado por E. Maggiori.
8- “Los mapuches no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes”. Declaración de los investigadores nucleados en la Sección Etnología, del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires.

09 diciembre 2016

Rebeliones obreras en la Patagonia austral



Algunos historiadores no dudan en afirmar que en esta región se desarrolló el proceso más intenso y avanzado de organización sindical de la época en Latinoamérica, donde “los trabajadores por primera vez en el siglo XX, fueron capaces de tomar el poder local durante varios días”. Como ocurrió en Santa Cruz, la combatividad de los trabajadores fue acallada a sangre y fuego.

Bernardo Veksler

Edición del Miércoles 7 de diciembre de 2016 de Izquierda Diario


La necesidad de abastecer de materias primas a la industria textil británica y la exitosa implantación ovina en Malvinas abrió las compuertas de la Patagonia a la explotación ganadera. Al compás de los grandes centros económicos comenzó la invasión europea de la región. Se fundaron inmensas estancias, millones de ovejas ocuparon las estepas y, fruto de ello, se ejecutó un nuevo acto del genocidio indígena. Punta Arenas se convirtió en el centro económico de toda la región. Desde allí, se gestaron las ocupaciones de las tierras fueguinas y santacruceñas, como si fueran el patio trasero de la ciudad magallánica. La fiebre por ocupar las tierras vírgenes no encontró límites, los aspirantes a estancieros recibieron concesiones “en propiedad, arrendamiento e incluso ocupación de hecho” y utilizaron testaferros (1). Con esta metodología non sancta, se hicieron dueños de inmensas extensiones. Los Braun llegaron a acaparar 1.500.000 hectáreas sólo en Santa Cruz, además de las tierras que habían tomado posesión en Chubut, Tierra del Fuego y Magallanes. En Tierra del Fuego, la acumulación de tierras tuvo como exponentes al grupo Braun Menéndez con 815.000 hectáreas de las cuales 245.000 eran fiscales, Bridges y Reynolds con 120.000 que incluían a 70.000 fiscales, y José Montes con 120.000 y 70.000 fiscales (2). En 1920, los Braun poseían unas “1.376.160 hectáreas (…) Las tierras arrendadas en la Tierra del Fuego sumaban 572.950 hectáreas. Es decir, 1.857.017, de las cuales 1.284.067 del dominio privado (3). La modalidad productiva regional generaba tasas de ganancias notables pero no atraía a grandes contingentes humanos. “Debe notarse, a los efectos pobladores, que la cría de la oveja no exige una planta funcional humana muy numerosa, salvo en época de esquila” (4). La prosperidad inicial fue impulsando a nuevos ganaderos. La región fue ocupada por personas “que se han hecho ricos porque son fuertes por naturaleza. Y allá, fuerte quiere decir casi siempre inescrupuloso (…) Allí la bondad es signo de debilidad. (…) Allá llegaron, allá organizaron, se plantaron y allá comenzaron a cosechar la riqueza con el cucharón de la abundancia. El que se queda y aguanta y además no es flojo de sentimientos, se enriquece. Sin ayuda de nadie. Y por eso creen ser dueños de toda la región. ¡Guay de los que quieran quitarles lo que es suyo, lo que conquistaron luchando contra la naturaleza, la distancia, la soledad!” (5). Inmigrantes insumisos La influencia alcanzada por Punta Arenas no tuvo sólo manifestaciones en el orden económico, también produjo una rápida influencia de la organización sindical y las primeras expresiones de rebeldía obrera. La zona magallánica chilena recibió una afluencia notable de inmigrantes europeos, quienes además de sus escasas pertenencias transportaban sus ideales hacia su destino sudamericano. Los comienzos de la vida gremial en la zona magallánica fueron muy dinámicos. En 1896 se produjo una de las primeras huelgas, “cuando los obreros que se dedicaban a la construcción de lanchas cisternas iniciaron un movimiento de tres o cuatro días solicitando un incremento de sus salarios” (6). En ese mismo año se creó la Sociedad Obrera y se celebró el 1º de mayo. Un año después apareció El Obrero como “órgano de la Unión Obrera y defensor de los intereses de la Clase Trabajadora”. Imagen: Sociedad obrera En 1911 se fundó la Federación Obrera de Magallanes (FOM) y el Centro de Resistencia Oficios Varios, con posturas mucho más radicalizadas. Los pioneros gremiales contaron sus primeros pasos: “Se inició una activa propaganda de organización en las diversas regiones de Patagonia y Tierra del Fuego, captándose gran cantidad de socios por el malestar existente debido a las condiciones deplorables en que vivían los trabajadores” (7). La vida de los asalariados en las estancias era muy penosa. Las habitaciones que las estancias destinaban “a sus trabajadores son los establos en que guardan los caballos durante el invierno; son ellas sucias, mal olientes, llenas de estiércol, sin forro por dentro y llenas de aberturas por donde se cuela el viento portador de bronquitis, pulmonías, constipados y otras enfermedades derivadas del cambio brusco de aire (...) El trato que dan a los trabajadores los capataces y demás empleados superiores es autoritario, humillante (…) no hay en ellos el tono del jefe que manda sino del amo que ordena y a quien hay que obedecer sin replicar...” (8). La organización obrera tuvo particularidades interesantes. La FOM estaba dividida en cinco zonas; en cada una de ellas se nombraba un inspector viajero y en cada estancia un delegado obrero. Los delegados eran elegidos por los trabajadores y percibían un sueldo de la entidad gremial, su misión era hacer cumplir los contratos colectivos de trabajo por parte de patrones y obreros. Eran elegidos de entre los más preparados, cultos y de más recto comportamiento. En tanto, los inspectores viajeros vigilaban la conducta de los delegados en las estancias y daban cuenta a la FOM de las irregularidades que observaban tanto de obreros como de patrones (9). Cabe consignar que la entidad no tomaba en cuenta las fronteras y su accionar abarcaba a los trabajadores que se desempeñaban tanto en Chile como Argentina. En la segunda década del siglo XX, comenzó a agitarse el campo gremial a partir de un inusitado crecimiento de los precios de los artículos de primera necesidad. En febrero de 1912, se llevó a cabo una concentración de protesta en cuya proclama se sostenía que “La burguesía nos sitia por hambre, mientras ella derrocha nuestro sudor en suntuosos festines. Es preferible a rendir la vida por la miseria, morir combatiendo a nuestros esplotadores capitalistas y a nuestros tiranos los gobernantes”. Allí decidieron convocar a una huelga general. Cuatro días después el paro era casi total. La detención de algunos sindicalistas exaltó mucho más los ánimos y llevó a la FOM a ponerse a la cabeza del movimiento. Luego de siete días de agitación se logró la fijación de precios máximos y concluyó la huelga. A fin de ese año, comenzó a gestarse otra huelga de los peones rurales, que tuvo su primer acto en la poderosa estancia San Gregorio, luego se extendió a otros establecimientos. La necesidad de difundir el movimiento huelguístico llevó a un grupo de delegados a trasladarse “llevando instrucciones para comunicarlos a los asociados de las estancias y las demás de la Tierra del Fuego chilena y argentina” (10). Unos días después la huelga era general y hasta el propio monseñor José Fagnano intercedió ante los dirigentes gremiales para que recapacitaran porque “la gente deseaba trabajar”. La respuesta gremial fue que estaba “desinformado” y lo instaron a que hablara ante la concurrencia. Luego “de dos horas de hablar con los huelguistas tuvo que retirarse con la convicción de que no volverían tan fácilmente al trabajo, mientras no se accediera a lo que habían pedido” (11). La admisión de las demandas obreras allanó la solución del conflicto. En 1915, se desenvolvió otro proceso huelguístico con centro en Puerto Bories. El gremio de los carniceros reaccionó airadamente ante el intento patronal de suplantar a algunos de ellos. La resistencia derivó en la detención de varios obreros. La reacción popular fue fulminante y en una movilización participaron unas tres mil personas exigiendo la liberación de los trabajadores. Al ceder los gobernantes a los reclamos, el proceso huelguístico concluyó. A mediados de 1916, el movimiento gremial se reactivó nuevamente. En julio, se paralizó la actividad en la mina Loreto por la falta de pago puntual de los salarios. Luego de veinte días de lucha, arribaron a la firma de un convenio que satisfizo las demandas de los trabajadores; además del compromiso de pago del 1 al 3 de cada mes, obtuvieron un aumento salarial del 15%. Este triunfo de los mineros comenzó a incentivar los reclamos de otros gremios. En diciembre de 1916, la FOM difundió un documento que generó inquietud entre los empresarios de toda la región: “Tened bien entendido, trabajadores, que en esta lucha, a la cual debéis aportar todo vuestro entusiasmo, toda vuestra fe, toda vuestra energía, se decidirá la suerte de los trabajadores (...) Los ganaderos tienen ya vendidos de antemano sus productos (lanas y carnes) a los mercados europeos, y si vosotros esquiladores y trabajadores les negáis vuestro trabajo ellos perderán sus ganancias. Esperamos que cada obrero sabrá cumplir con su deber” (12). El movimiento huelguístico se extendió rápidamente, lo que demostraba el grado de insatisfacción de los trabajadores. Se inició en todas las estancias de la costa y centro de la Patagonia. El paro se extendió a la región chilena de Última Esperanza. Los huelguistas se concentraron en Puerto Natales, los patagónicos marcharon hacia Punta Arenas. “Las estancias de la Tierra del Fuego chilena y argentina están de paro, los trabajadores se encuentran en Porvenir y otros han venido ya en los vaporcitos que han pasado por allí. Este movimiento de suspensión de trabajo ha sido simultáneo en toda la región” (13). Una de las cuestiones que más indignaba a los trabajadores era que “el más grande de los ganaderos, don Mauricio Braun, ha encarecido la vida en general de la población en un 40%” (14). En el transcurso del prolongado conflicto, los trabajadores tuvieron que enfrentar a rompehuelgas y a la acción represiva policial que, además de reforzarse con tropas de otros lugares y asociarse con sus colegas argentinos para enfrentar el movimiento, se instalaron en las estancias para “resguardar el orden”. La huelga se prolongó hasta el 18 de enero de 1917, donde se alcanzó un acuerdo formalizado a través de un convenio colectivo de trabajo y signó uno de los primeros grandes triunfos de las luchas obreras regionales. Estos logros generaron euforia y la FOM promovió una campaña por las ocho horas de trabajo. Esta serie de luchas fue calificada por el historiador Marcelo Segall como “el más importante proceso de lucha social de América Latina”. La comuna de Puerto Natales En esa misma fecha se produjo un duro enfrentamiento entre obreros y policías. La movilización no sólo doblegó a los uniformados, también pusieron bajo su control la ciudad de Puerto Natales. A seis kilómetros de esa localidad se encuentra Puerto Bories; el frigorífico se había convertido en la más dinámica industria de la zona. Un millar de obreros decretó la huelga general por aumento de salarios. Se llegó a un acuerdo, pero la situación conflictiva no varió. El 20 de enero, a partir de un reclamo de los maquinistas ferroviarios, se plegaron todos los trabajadores, quienes se reunieron en una asamblea masiva y aprobaron sus reivindicaciones: ocho horas de trabajo y reincorporación de veinte carpinteros que habían sido cesanteados, y la respuesta patronal debía estar formulada en 24 horas. Cuando los propietarios accedieron al reclamo, la asamblea obrera incorporó otras demandas como abaratamiento de los artículos de primera necesidad y de los alquileres. En medio de los debates, se llegó a proponer el incendio de la sede de la empresa Braun y Blanchard, si no se recibía una respuesta definitiva en 24 horas. El representante de los empresarios terminó aceptando todos los reclamos. Se acordó una rebaja del 30% de los productos de consumo y del 40% de fletes y pasajes, entre otros puntos. Así, tres días después finalizó el conflicto en el Frigorífico Natales. Pero, en Puerto Bories, la situación se agravó. Una disputa entre un trabajador que reclamaba por el pago de su trabajo y el administrador inglés que se negaba a hacerlo, derivó en un tiroteo con el ejecutivo herido de gravedad. El enfrentamiento duró seis horas y se fueron incorporando carabineros y el resto de los obreros, con un saldo de cuatro obreros y cuatro uniformados muertos y veintiún heridos. Cuando se enteraron en Puerto Natales, los trabajadores abandonaron sus tareas y fueron en busca de armas para cobrar venganza. Asaltaron la casa Braun y Blanchard para proveerse de armas y víveres para después incendiarla. Idéntica acción se desencadenó contra el cuartel de Policía y el Juzgado. Efectivos de Carabineros e Infantería de Marina ocuparon posiciones en la ciudad. La escalada de conflictos alarmó de manera inusual a las autoridades. El gobernador de Punta Arenas remitió a su colega de Santa Cruz un alerta: “Después de incendiar el establecimiento de Bories y media población de Natales, un ejército de 500 obreros armados y en actitud revolucionaria, se dirigían hacia las fronteras argentinas, camino de Gallegos, con el exclusivo objeto de llevar a cabo una revolución social” (15). El historiador Luis Vitale consideró que “los sucesos de Puerto Natales merecen especial consideración, porque los trabajadores, por primera vez en el siglo XX, fueron capaces de tomar el poder local durante varios días” (16). A partir de aquí poner link para continuar leyendo… Masacre en la FOM A pesar del desenlace del proceso anterior, las convulsiones sociales se prolongaron hasta los primeros años de la siguiente década. En 1920 se sucedieron conflictos. La nueva oleada huelguística despertó la reacción de los poderosos. El estado de crispación social generó intranquilidad entre los sindicalistas, quienes comenzaron a custodiar la sede de la FOM en prevención de ataques. En la madrugada del 27 de julio de 1920, un numeroso piquete de policías, militares y civiles atacaron la sede sindical para arrasar con vidas y bienes. Uno de los objetivos era la destrucción de la imprenta obrera, que durante años permitió la comunicación, la concientización y la organización de los asalariados de la región. Establecieron una “zona liberada” en las inmediaciones de la sede, cortaron el agua para impedir el combate del incendio y se obstaculizó el accionar de los bomberos. El único periódico que informó sobre el atentado fue The Magellan Times: “un poco antes de las tres de la madrugada, la ciudad entera fue alarmada por el estallido de descargas de rifle. Esto continuó en ráfagas y disparos por más de media hora, cuando el edificio de la Federación Obrera fue visto en llamas. El fuego se extendió rápidamente y para cuando la alarma de incendio fue dada, otra media hora después, el vecindario completo estaba iluminado como un mediodía”, el resultado fue “la más completa destrucción del local de la Federación Obrera, la sala del cinematógrafo, la imprenta y tres casas contiguas. (...) Parece que un gran cuerpo de hombres enmascarados atacó el local de la Federación con la idea de destruir la imprenta, a causa de los artículos anárquicos y antipatrióticos recientemente publicados en su periódico quincenal El Trabajo”. Los trabajadores estaban esperando el ataque, “tenían una guardia armada de unos veinte hombres, preparados para recibir el asalto y la resistencia fue tan desesperada que la guardia sólo fue reducida cuando el edificio estalló en llamas. (..) Tres cadáveres carbonizados fueron recobrados de las ruinas (...) No se ha descubierto quienes y cuantos fueron los baleados, pero en la Cruz Roja se consigna que fueron atendidos catorce obreros”. Luego del suceso “fue declarada una huelga general, pero todos los intentos por realizar una reunión pública, por parte de los huelguistas, fueron impedidos por (…) patrullas de policía montada (...) se cree que la mayoría de los líderes están arrestados” (17). El operativo antiobrero continuó con persecuciones contra los dirigentes gremiales. Muchos obreros huyeron hacia el monte para evitar la “caza de brujas”. Esta tragedia tuvo una investigación judicial inconsistente. En 1921, el proceso fue cerrado por el procurador fiscal. La barbarie continuó con asesinatos y desapariciones nunca esclarecidas, con el fin de terminar con el sindicalismo magallánico y generar el terror con el accionar policial y parapolicial. La peonada rebelde Estas confrontaciones obrero patronales tuvieron mucha influencia en toda la zona austral y en los sucesos que se desencadenaron. La alianza de los estancieros con el poder se selló cuando el gobernador Edelmiro Correa Falcón fue nombrado secretario de la Sociedad Rural de Río Gallegos. En ese contexto se produjeron los primeros intentos de organización gremial y medidas de acción directa en pos de mejorar las condiciones de vida de los peones rurales y de los trabajadores de la región. Para superar tantos obstáculos y resistir a un poder casi absoluto, los trabajadores se dotaron de una dirigencia mayoritariamente anarquista y que, basada en sus férreos principios y combatividad, afrontaba con apasionamiento y voluntad de sacrificio asombrosos las dificultades. En 1910 fue fundada la Federación Obrera de Río Gallegos (FORG). El primer movimiento huelguístico se produjo en la estancia “Mata Grande”, de Guillermo Patterson. El 15 de noviembre de 1914 llegó como delegado de la entidad el español Fernando Solano Palacios por las reiteradas denuncias y protestas de los hombres de campo. Se presentó a Patterson y le exigió que los obreros rurales no pagasen más la comida ni las herramientas para la esquila. El estanciero no sólo rechazó la petición sino que trató de echar al dirigente. Palacios resistió, se alojó con los peones y el día siguiente se declaró la huelga. Pero la Justicia actuó ante el pedido patronal y detuvo y procesó a los sindicalistas. Palacios fue condenado a un año de cárcel por propiciar la primera huelga de la región. Pero el paro se extendió a todas las estancias de los alrededores de San Julián. “Las peonadas habían bajado hasta el puerto y allí se pasaban haraganeando a la espera que los patrones revienten y tengan que llamarlos porque se estaba en plena época de esquila” (18). Los estancieros contrataron esquiladores en Buenos Aires para sustituir a los huelguistas, pero al llegar al puerto fueron recibidos violentamente por los piquetes obreros. Los policías, que protegían a los desembarcados, recibieron más de cuarenta disparos. Luego iniciaron una persecución contra los activistas obreros que arrojó el saldo de 69 detenidos. De esta manera concluyó la primera experiencia huelguística. Si bien el resultado fue poco favorable, los reclamos obreros no fueron abandonados. En numerosas oportunidades las luchas magallánicas repercutieron entre los trabajadores santacruceños. Se desarrollaron reiteradas muestras de solidaridad que retroalimentaron los vínculos. A pesar de que se agitaba la defensa de la soberanía y se predicaba contra las apetencias de tierras de los chilenos, funcionarios de ambos países dieron muestras de trabajo mancomunado, toleraron que los uniformados atravesaran las fronteras para perseguir a activistas y tuvieron un mando unificado para enfrentar “al peligro apátrida”. Los peones se sublevan En los comienzos de 1920 la situación se agravó notablemente. La colocación de lanas en el mercado mundial sufrió la caída de los precios y el abarrotamiento de la materia prima en los depósitos ingleses hizo más inflexible todavía la posición de los estancieros. Por otro lado, los trabajadores habían avanzado en su organización y en su conciencia de que la lucha era la única forma de mejorar sus condiciones de vida. Los estancieros, con el gobernador a la cabeza, lanzaron una ofensiva sobre la entidad obrera. En momentos que se estaba desarrollando una asamblea, la policía allanó la sede y detuvo a una decena de dirigentes, entre ellos al español Antonio Soto. A pesar de la orden de liberación emanada de un juez, el gobernador la desoyó y se propuso aplastar al movimiento gremial. La reacción obrera no se hizo esperar. La huelga se extendió hacia el campo y numerosos contingentes de peones abandonaron sus tareas y marcharon hacia Río Gallegos. En la ciudad, la policía se mantuvo activa persiguiendo y golpeando a los obreros rurales. En el allanamiento a una imprenta, fueron detenidos otros quince sindicalistas y la situación se agravó notablemente. Finalmente, el 1º de noviembre fueron liberados todos los detenidos. Pero esta confrontación fue el preludio de la huelga más grande de la Patagonia. La llegada a la ciudad de una gran cantidad de peones rurales, permitió a la conducción organizar y adoctrinar a numerosos delegados obreros, que retornaron hacia las estancias con la idea clara de preparar un nuevo movimiento reivindicativo (19). Una vez iniciada la huelga, numerosos peones regresaron a Río Gallegos. Al comienzo del conflicto, unos doscientos deambulaban por la ciudad; un par de semanas después, la cifra alcanzó a unos quinientos, generando una gran inquietud entre empresarios y autoridades. El fortalecimiento del proceso huelguístico fue impulsando a una mayor audacia obrera. Comenzaron a acaparar armas y municiones, se frenó a un nutrido contingente de rompehuelgas y enfrentaron a balazos a los policías, poniéndolos en retirada con varias bajas. Esta resistencia llevó a los uniformados a emplear métodos represivos más salvajes. Ante la campaña desplegada por los ruralistas en Buenos Aires, el presidente Hipólito Yrigoyen determinó el envío de un contingente del Batallón 10 de Caballería, comandado por el teniente coronel Héctor Benigno Varela. Casi simultáneamente con la llegada de las tropas, se produjo el relevo del gobernador. El nuevo funcionario intentó una mediación que finalmente alcanzó la resolución del conflicto y el inicio de la zafra lanera. La finalización de este largo conflicto generó entre los obreros la esperanza de que se iniciara un período de paz. En poco tiempo sus ilusiones se esfumaron (20). Genocidio sureño A pesar de lo elemental de las reivindicaciones, los estancieros sólo las aceptaron temporalmente. Una vez saciada su necesidad, desconocieron lo que habían firmado y recurrieron a sus influencias en el poder para liquidar a la organización obrera. En febrero de 1921 la huelga recomenzó. El paro fue prácticamente total y el movimiento sindical conquistó la adhesión y solidaridad de la población urbana, que protegió a los activistas sindicales que fueron perseguidos por militares y policías. La agudización del conflicto fue empujando a los protagonistas hacia un camino de no retorno. Las reivindicaciones sindicales devinieron en consignas de enfrentamiento frontal al sistema, una rebelión que fue en ascenso tanto en sus demandas como en su metodología. Los reiterados incumplimientos de los poderosos, la conciencia de que mejorar sus paupérrimas condiciones de vida era posible y la fortaleza de su lucha, llevó a los trabajadores rurales a un enfrentamiento por el todo o nada. La dinámica del movimiento fue utilizada como un ariete para presionar al gobierno radical para que pusiera fin a la huelga. Varela fue enviado nuevamente al frente de un nutrido contingente de efectivos de caballería. En agosto, una manifestación obrera fue atacada a balazos por agentes provocadores de los latifundistas, ocasionando decenas de víctimas. La reacción obrera fue decretar la huelga revolucionaria. Las tropas del Ejército cercaron a los grupos obreros que habían ocupado los cascos de las estancias. Varela aprovechó la confianza que había conquistado en su anterior incursión, para exterminar a los dirigentes y activistas. También, jugaron en contra de los obreros las enormes distancias, el aislamiento y la incomunicación entre los contingentes gremiales. Esto fue aprovechado por el militar para aplastar al movimiento. Así, los huelguistas fueron aniquilados grupo a grupo. Una vez que se rendían, los estancieros acompañaban a los uniformados para señalar a los más activos, que eran fusilados de inmediato. Las cifras del exterminio superan el millar de trabajadores. La población santacruceña sufrió un descenso de casi siete mil personas entre dos censos nacionales. El balance oficial de esta barbarie nunca se conoció. Durante varias décadas se mantuvo en el más celoso ocultamiento. Sólo la investigación realizada por Osvaldo Bayer permitió sacar a la luz la magnitud de la represión militar, las matanzas ocasionadas y la complicidad entre los poderes económicos y gubernamentales. Notas 1. Barbería, Elsa Mabel: “Los dueños de la Patagonia Austral”. En Todo es Historia Nº 318, enero de 1994. 2. Expediente de Tierras 7018, citado por Juan Belza: En la Isla del Fuego. Tomo III. Publicación del Instituto de Investigaciones Históricas Tierra del Fuego. Buenos Aires, 1977. Pág. 147. 3. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. Pág. 26. 4. Belza, op.cit., pág. 16. 5. Bayer, op.cit. pág. 25. 6. Vega Delgado, Carlos: La masacre en la Federación Obrera de Magallanes. Punta Arenas, 1996. pág. 19. 7. Vega Delgado, op.cit., pág. 34. 8. Iriarte, Gregorio, citado por Vega Delgado. Pág. 34. 9. Vega Delgado, op.cit. pág. 71. 10. Iriarte, Gregorio, citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 39. 11. Iriarte Gregorio. citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 40. 12. En El Magallanes 2 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 62. 13. En El Magallanes, 5 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 64. 14. En El Magallanes, 7 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 65. 15. Periódico El Trabajo, 2 de marzo de 1919. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág.133. 16. Vitale Luis. Interpretación marxista de la historia de Chile. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág.153. 17. En The Magellan Times, 28 de julio de 1920. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 223. 18. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. Página 36. 19. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. 20. Bayer, Osvaldo, op.cit.
 

01 noviembre 2016

REPERCUSIONES DE "UNA VISIÓN CRÍTICA DE LA CONQUISTA AMÉRICA"

"Este día hemos descubierto un planeta desconocido, situado en una constelación vecina de nuestra Próxima Centauri. Está habitado por homínidos extraños, que absolutamente carecen de nuestras habilidades y de nuestro nivel de civilización. Su religión es absurda, sus costumbres son totalmente ridículos, y es nuestro deber de educarlos. Lo que es importante, aquí hay una gran cantidad de recursos naturales que necesitamos. Creemos que es fácil de controlar las poblaciones de este planeta, ya que parecen estar en una guerra mutua perpetua."
(Extracto del informe de la misión galáctica A34SX57C, enviado al centro interplanetario)
Matter of perspective: "Fall of Constantinople or Conquest of Constantinople." The remark of Orhan Pamuk (Istanbul) came to my mind as I was reading Bernardo Veksler's "Una Visión Crítica de la Conquista de América." Let's put it this way: history is always written by the conquerors, and always lived by those conquered. For Europeans, 1492 was the year they discovered the New World. For the natives, "ellos descubrieron que eran indios y que vivian en América" (Eduardo Galeano).
Veksler's book is a document keeping down to the fact all along. "El primer impacto fue el asombro, luego el miedo ante las armas de fuego y la fuerza mágica del hombre blanco cubierto con armaduras y montado a caballo. Los invasores aprovecharon el desconcierto y la superioridad tecnológica para dominar fácilmente a las sociedades americanas más desarrolladas."
Were the societies of the natives more developed than the Europeans (as Veksler suggests)? There were many populations, some very advanced, some others still in the phase of hunters-gatherers. Speaking about the advanced ones, I would say they had a civilization developed on different dimensions than the European culture. Though very sophisticated they were easily conquered, just for lacking some European elements that proved vital. It was also the total lack of communication between the various natives' countries (it's the opinion of Yuval Noah Harari). Each time the conquerors were able to play the same tricks. Country after country it was el asombro, luego el miedo ante las armas de fuego, las armaduras y el caballo.
Firstly I considered the book of Veksler as radical to the extreme. Then I realized that it was just factual. Europeans discovered a new world with huge reserves of gold and silver. They conquered it, organizing a huge scale genocide of the indigenous populations. As they needed workforce, they brought slaves from Africa - also on a huge scale; actually a second genocide. As a result, immense quantities of gold and silver were transported to Europe (I remember someone's remark in a discussion I had long time ago: the quantities of precious metal robbed from the New World were so inordinately large that Europe witnessed a period of gold devaluation).
And here comes the big picture (splendidly enunciated by Veksler): a triangle made by America (as raw material supplier), Africa (as workforce supplier), and Europe (as consumer). When it comes to Europe, Veksler makes a further distinction, between countries like Spain and Portugal, too preoccupied with preserving their ways, and countries like England or Flanders, with the skill to put the gold to work, so to speak, to build on it what would become the industrial revolution ("tanto España como Portugal carecieron de una burguesía industrial, razón por la cual el flujo masivo de riquezas consolidó a la monarquía limitando el futuro de la fugaz prosperidad; los principales acaparadores de oro y plata americanas fueron sólo un puerto de paso de esas riquezas, utilizado para las crecientes demandas del aparato estatal y de las multitudinarias nobleza y clero, su destino final fue capitalizar y expandir a la burguesía manufacturera francesa, flamenca e inglesa").
Thus Veksler's book draws the portrait of a global economy in nuce - a perfect lesson of large-scale history.

27 octubre 2016

ENTREVISTA POR EL LIBRO "LA BATALLA DE LOS HORNOS"

La Izquierda Diario MENU Cultura
ENTREVISTA

Bernardo Veksler: “La importancia del gremio ceramista fue que echó a la burocracia sindical por la acción directa”


El autor es periodista y escritor. Lo entrevistamos acerca de su libro La batalla de los hornos, publicado en 2014, donde retrata la historia de los obreros ceramistas de Villa Adelina y su propia experiencia como trabajador, delegado y militante del Partido Socialista de los Trabajadores en la fábrica Lozadur durante los años setenta.


Claudia Ferri Miércoles 26 de octubre | Edición del día

  La batalla de los hornos tiene como protagonista a los trabajadores ceramistas de Lozadur, entre ellos estas vos porque también el libro cuenta tu experiencia adentro de la fábrica, ¿cómo lograste reconstruir esta historia?

Después de estar más de dos décadas fuera de Buenos Aires vuelvo en el 2009 y siento un compromiso con mi conciencia de reflejar la historia de tantos compañeros desaparecidos de la fábrica y del gremio. En el Instituto del Pensamiento Socialista comienzo mi investigación. En ese momento me encontré con una comisión de DD.HH de la Zona Norte y que especialmente había una comisión dedicada a los ceramistas. Empecé a participar de la preparación del juicio que se dio el año pasado en el que el libro fue presentado como prueba documental sobre la posible complicidad empresarial con los secuestros. El vínculo inicial fue a través de los familiares y activistas de DD.HH que estaban planteando retomar contacto con viejos compañeros de la fábrica para los testimonios. Me propuse que la historia que estaba reconstruyendo con testimonios estuviera cotejada con documentación, entonces fui a la biblioteca del Congreso a cotejar con los periódicos de la época. No quería limitarla a una historia fría de un documento que muestre una época nada más. Quise reflejar la inserción de los activistas estudiantiles dentro de las fábricas, una cuestión que estaba ausente en el estudio del ascenso obrero de los 70. Entonces me propuse escribir un libro en tres escenarios simultáneos: por un lado la descripción de la realidad política de cada suceso, luego lo que ocurría objetivamente en el gremio y en la fábrica, y el tercero era el plano de la actividad militante, del estudiante que entraba a la fábrica. Ese proceso de inserción, los esfuerzos, los sacrificios, los dilemas, las dudas que se le planteaban a un pibe que de repente se encontraba con que era delegado de una fábrica y tenía que asumir cosas frente a tipos que lo doblaban en edad. Y yo con 23 años fui delegado de esa fábrica.

¿Cómo entraste a la fábrica? ¿Cuáles eran tus expectativas? Yo salí de la facultad, estudiaba Ciencias Económicas y entré a trabajar en una fábrica metalúrgica de autopartes en Pilar que ya no existe. Hice una primera experiencia y a los meses me echaron por una disidencia con un capataz. Yo estaba buscando trabajo en otras metalúrgicas. En ese momento la dirección del partido, el PST, me propuso entrar al gremio ceramista porque hubo una sublevación importante y porque la importancia del gremio ceramista fue que echó a la burocracia sindical por la acción directa. Ocuparon la sede sindical y los echaron. Fue un hecho fenomenal del movimiento obrero. Primero no se acomodaba a mis deseos. Después poco a poco me fui convenciendo. No tenía la grandilocuencia de metalúrgicos pero era un espacio fenomenal, lo que habían hecho fue increíble. Me propuse ingresar y a los dos días ya estaba laburando, era tan fácil entrar. Vos planteas que los ceramistas formaban parte de un gremio atrasado pero que con los años se convirtió en parte de la vanguardia obrera de la Zona Norte en los 70, ¿cómo hace ese proceso de transformación? Es lo que se llama desarrollo desigual y combinado. Durante años fue un gremio tan postergado, explotado, tan traicionado que cuando encontró el pequeño hueco para poder explotar lo hizo. Con el triunfo de Cámpora del 73, el movimiento obrero no esperó, creía seriamente que se venía un cambio y salió a ocupar fábricas, establecimientos públicos, hospitales. Era fenomenal toda la red de ocupaciones. Y Lozadur que era la fábrica más grande del gremio, tenía 1.300 obreros, no esperó ni siquiera al 25 de mayo (que fue el día de la asunción) y dos días antes tomó la fábrica. La propia secretaria de Cámpora comunicándose para que lo levanten y los tipos no querían, porque hubo tres despidos que provocó la patronal, la gente reaccionó y no paró más. Al mes y medio estaban tomando el sindicato. Ahí yo reivindico la acción de la JTP porque ellos fueron el motor del proceso. Esa es la diferencia que hay hoy con la Cámpora, la JTP estaba en las fábricas y se enfrentaba con la burocracia sindical mientras que ellos la tuvieron como aliada. Pero la JTP se sentía en la legalidad del camporismo, sentían que estaba avalado por el gobierno. Eso fue tan grande como impulso que llevó a la ocupación de fábricas a ser un hecho determinante en el cambio de situación de la fábrica. ¿Cómo surge la nueva comisión interna de Lozadur y que cambios van a producirse dentro de la fábrica y del gremio ceramista? Primero tuvieron un trabajo clandestino. En la fábrica yo no estaba y el PST no tenía a nadie pero los relatos que tomé, y que están reflejados en el libro, cuentan cómo se organizaron clandestinamente. Sabían que si asomaban la cabeza los echaban. Se organizaron durante meses en reuniones en lugares clandestinos. Lograron tener un grupo de activistas de base. El activista de Lozadur era de muy bajo nivel pero totalmente definidos, convencidos de ese cambio y que en el agrupamiento era necesario lograrlo. El mismo día que se tomó la fábrica se expulsó a la vieja comisión interna y se eligió por asamblea a nuevos delegados que empezaron a ser la dirección efectiva de la fábrica, todos ligados a la JTP. Entonces empezaron a exigir la renuncia de la Comisión Directiva, elecciones en el gremio y nadie les daba pelota por supuesto, tampoco el Ministerio de Trabajo. Llevaron firmas, reclamos, petitorios hasta que un día se hartaron y dijeron vamos todos al sindicato y fueron en una marcha cientos de compañeros, tomaron el sindicato y dijeron basta. Ahí echaron a toda la burocracia y reclamaron la normalización del gremio eso creo que fue en junio del 73. En agosto la burocracia intenta retomar el sindicato con una patota armada, con ametralladoras. Era fenomenal la cantidad de tiros a tres cuadras de la policía. Todos los vecinos del barrio llamaron a la comisaría, durante dos o tres horas fue un territorio liberado, eso quiere decir que estaba todo pactado para que ellos ocupen el gremio. Ya había renunciado Cámpora, la derecha estaba mucho más consolidada y la burocracia levantaba cabeza nuevamente. Ocupan con sus fuerzas de choque y echan a los compañeros que estaban, porque había guardia permanente. Los ceramistas van a las fábricas, hacen asambleas y marchan todos al sindicato. Una manifestación superior a la anterior, era muy emocionante verla. El sindicato queda rodeado, los tipos pedían que le garanticen la salida indemne de la sede y en el momento que salen, uno de los matones asesina en la puerta a un compañero que estaba haciendo de cordón para protegerlo y eso provoca toda una nueva conmoción: mataron a un compañero, el primer mártir ceramista. Eso generó hasta una convicción de lo que es el armamento obrero. Frente a este hecho, y a la avanzada de las bandas de la derecha peronista, ¿discutieron cambiar las medidas de seguridad? Eran discusiones que se hacían entre el activismo. Ellos convocaron a compañeros para hacer guardias nocturnas, a recaudar armas para poder garantizar la defensa, lo que demuestra también -frente a tanto debate que hubo en esa época- que los obreros cuando quieren armarse es porque tiene un sentido, tener un arma para poder defenderse. Y ahí el sentido era defender sus conquistas y defender su sindicato. ¿Había diferentes posiciones respecto a la autodefensa obrera? La única posición distinta que había era de la gente que simpatizaba con las organizaciones guerrilleras que pregonaba la constitución de grupos armados profesionales para garantizar esa defensa y que muchas veces lo hacían al margen de la organización obrera. Eso se ve en el medio de la dictadura cuando mataron un directivo. Yo reflejo esas discusiones con un compañero de la fábrica que era del ERP- 22 de agosto. Y es interesante porque muestra las polémicas de la época, lo que sosteníamos nosotros y lo que decían las corrientes guerrilleras. Lo simpático es que ese compañero fue después militante del partido. A lo largo del libro planteas la solidaridad entre el barrio y la fábrica, incluso se construyen a la par ¿Cómo se forjó la relación entre ambos? Villa Adelina toda esa zona era rural en la década del 30. La transformación de la zona tuvo que ver con que en un momento fue terminal ferroviaria de ahí salían los trenes a Rosario. El tendido del ferrocarril fue lo que empezó a generar que se lotearan y se empezara a ver la posibilidad de vender terrenos baratos para instalar fábricas. Con el proceso de sustitución de importaciones gran cantidad de fábricas empezaron a instalarse y Lozadur ocupó un predio enorme. En la foto aérea del libro, yo calculo que son como 15 manzanas las que tenía, era enorme. La producción llegó a tener un porcentaje muy importante destinado a abastecimiento de mercado interno, serían 1 millón y medio de piezas por mes. Después, la fábrica se va ampliando, inaugura una planta de venecitas y una sección de porcelana. Entonces eso amplio enormemente su capacidad productiva y su abastecimiento del mercado interno. Hubo una integración muy grande de la fábrica con el barrio porque sus primeros obreros se instalaron en la zona. El ramal del Belgrano que iba hacia Don Torcuato, Grand Bourg, Polvorines, Tortuguitas, Del Viso, fue acomodando a todos los obreros de la fábrica y el tren los llevaba y los traía desde la casa a la fábrica. Eran interesantes las concentraciones espontáneas que se daban en los momentos de cambio de turno en estaciones como Boulogne o en las paradas de colectivo de Villa Adelina. Era una romería espontánea de los obreros de Lozadur, después se fue gestando la industria textil de la zona estaba La Hidrófila, Productex, eran fábricas enormes. Después habían muchas fábricas metalúrgicas que se insertaron ahí, del plástico, Matarazzo, de la alimentación, Paty. Se da todo un proceso de fábricas que estaban muy vinculadas al mercado interno convirtiendo toda esa zona en un polo obrero con mucha importancia. En los 70, como modalidad de lucha, se dio en la zona la ocupación de fábricas. Era una forma de resolver rápidamente un conflicto. Se dio la toma con rehenes, fueron conflictos muy violentos de resolución fulminante, un caso fue el de Matarazzo. Se generó una nueva conducta: las comisiones internas empezaron a sentir que había que llevar la solidaridad a las distintas fábricas porque en el momento de que vos lo necesites también lo tengas. Hicieron mucho los compañeros que estaban en la comisiones interna de la Editorial Abril, habían compañeros del PST, del PO, también en Cormasa, Del Carlo con el compañero Apaza; fue una vanguardia. Los de Matarazzo, una vez que triunfan, también participan de ese proceso. A los de DPH, una fábrica del plástico, también les pasó lo mismo. Ese fue el embrión de la coordinadora del 75 porque empezaron a conocerse, a establecerse lazos solidarios y cuando estalla la necesidad de pegar el salto, la burocracia no respondía a las necesidades de lucha de los trabajadores y frente al pedido de apertura de paritarias con un proceso muy parecido al actual pero abismalmente distinto porque hoy el movimiento obrero no reacciona cómo lo hizo en ese momento con el Rodrigazo. El gobierno se resistía a abrir paritarias y la gente tomó la lucha en sus manos, no esperó que los dirigentes convocaran y una vez que la burocracia se vio desbordada y amenazada en su poder, cuando empezaron a aparecer las coordinadoras que eran un fenómenos que rompía con las organizaciones gremiales y se imponía una organización territorial-sindical. ¿Qué rol tuvo Lozadur dentro de la coordinadora de Zona Norte? No fue tan protagónico, porque la JTP estaba mucho más ocupados en las cuestiones internas, querían tomar la federación del gremio. Como tenían compañeros en Astarsa, se los derivaban a ellos. En el gremio ceramista los que más cumplimos un rol de activar la coordinadora fuimos nosotros, desde el PST. Hasta tal punto que uno de los plenarios se hizo en la seccional recuperada. Era una dirección débil, combativa pero débil y atosigada de problemas. Yo fui a proponerles hacer el plenario en la sede sindical y me decían que sí. Hubo colaboración pero también es cierto que tenían sus limitaciones. Me voy un poco más adelante a los inicios de la dictadura, ¿cómo fue la vuelta a la fábrica al día siguiente de consumado el golpe? Nosotros teníamos la consigna del partido de que si se producía un golpe, no íbamos a laburar ese día. Los obreros ceramistas no acusaron recibo del cambio, no le daban bola. Decían “estamos acá adentro en la fábrica, y acá seguimos mandando nosotros”. A tal punto que fue uno de los primeros gremios en reclamar aumentos de sueldo. No se veía venir el proceso ni lo que significaba. Era como una burbuja la fábrica, se sentían protegidos por la fuerza que lograban cuando se movilizaban. El partido discute que me vaya, estaba muy visibilizado ya en febrero del 76 cuando nos secuestran y matan a un compañero delegado de la fábrica. El otro delegado que sobrevivió a ese secuestro contó que yo era uno de los amenazados por las Tres A en una lista de 10 o 12 compañeros. El cadáver apareció con esa lista. A mí me despiden y me tienen que reincorporar por la lucha de los compañeros. Cuando lo hacen, en abril del 76, había un tipo que ahora deduzco que era un infiltrado. A veces repartía volantes y el tipo los tiraba con asco, pensé que era un tipo que se acomodó con el milico que intervenía el sindicato; él me hace llegar una amenaza del interventor. Entonces la dirección vuelve a discutir conmigo que había habido muchos secuestros. Yo no me quería ir pero lo determinante fue el secuestro de Arturo Apaza. En el libro cuento por ejemplo una cita que estuvimos juntos y vimos que estaba podrida porque había un Falcon que nos estaba siguiendo y ahí nos dividimos. Fue la última vez que lo vi, en marzo del 76, antes del golpe durante el intento de resistir el Plan Mondelli. Cuando entraron a la fábrica y lo secuestraron en mayo, empezaba a haber una ofensiva muy grande. Ahí si hice una maniobra que fue casarme con mi compañera, tomarme licencia y ya no volví más a la fábrica. Fui recorriendo los domicilios de los compañeros para explicarles porque me iba y lo comprendían. Al año siguiente explota un nuevo conflicto. Los compañeros se sentían tan fuertes, aún en medio del gobierno militar, empezaron a hacer petitorios para aumentos de salarios con quites de colaboración. Los delegados que existían todavía fueron convocados al Ministerio de Trabajo, uno de ellos, Pablo Villanueva que era un compañero del PST fue intimado a levantar el conflicto. En el medio de eso hubo un atentado y matan a un directivo de la fábrica. Suponemos que fue una represaría que se tomaron pero también era un conflicto con la patronal que provocó despidos masivos en ese mismo momento: un ataque generalizado a los trabajadores. Queda confuso si el atentado contra este directivo fue determinante, pero seguro encarajinó la situación. ¿Esta ofensiva de la patronal tiene que ver con los secuestros y desaparición de varios ceramistas entre octubre y noviembre de 1977? Todas son fechas muy parecidas pero depende de la fábrica. Los de Lozadur son todos secuestrados en noviembre en uno o dos días luego del conflicto. Los de octubre son los de Cattaneo, ellos también tenían los suyos. Pero ahí los milicos entraron en la fábrica y se llevaron a los compañeros de la fábrica. Salvo uno que ese día no fue a laburar y lo fueron a buscar a la casa. Así que la complicidad de la patronal estaba en marcar a los activistas, eso fue evidente. Igual a mí siempre me queda la duda de cuantos compañeros fueron secuestrados y desaparecidos porque el informe desclasificado de la embajada de EE.UU., que está citado en La Batalla de los hornos, habla de al menos 20 obreros secuestrados de Lozadur y otros 10 del resto del gremio. Como la característica del obrero de la zona era que venía del interior, muchos no tenían familia y vivían en pensiones ¿quién hacía la denuncia del secuestro? quién reclamaba por ese compañero desaparecido? La embajada de EE.UU. dice que consultó fuentes empresarias y militares y les dijeron que eran 30 secuestrados. Por lo que pudimos reconstruir todos fueron a parar al Campito, en Campo de Mayo. Se supone que fueron tirados en los vuelos de la muerte al Río de la Plata. Pero no hay mucho más testimonio. El juicio terminó, yo intervengo para plantear el tema de la complicidad empresaria y el libro fue entregado en el juicio como prueba documental. ¿Estás trabajando en algo nuevo? Después de este libro incursioné en la ficción con Fatalidad en el Paraíso publicado en agosto de este año, transcurre en la Patagonia. En este tiempo estoy escribiendo sobre un superhéroes cartonero que empalma la historia con los pueblos originarios porque es un descendiente del pueblo Sélk’nam de Tierra del Fuego y que los poderes sobrenaturales los consigue de casualidad al comer carne de guanaco que era el alimento fundamental de sus ancestros y lo convierte en un superhéroe que lucha por sus compañeros. Se llama Seriot.