11 septiembre 2010

Murió Wilebaldo Solano, último líder del POUM español






El dirigente trotzquista Wilebaldo Solano, último líder del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), falleció, el 7 de setiembre, en Barcelona a los 94 años, a causa de un derrame cerebral.
Nacido en Burgos en 1917, Solano, que también trabajó como periodista, había estudiado Medicina y militó desde muy joven en la Juventud Comunista Ibérica, de la que fue secretario general durante la guerra civil.
A partir de 1937 fue uno de los miembros del comité ejecutivo clandestino del POUM. Fue detenido en abril de 1938 y permaneció en la cárcel hasta el final de la guerra. Luego marchó al exilio y se estableció en París. Tras un viaje clandestino a España, fue elegido secretario general del partido marxista.
Como periodista, dirigió en el exilio La Batalla, trabajó para la agencia France Press entre 1953 y 1981 y escribió el ensayo El POUM en la Historia. Andreu Nin y la Revolución española, de 1999.
A manera de homenaje, reproducimos la entrevista publicada en abril de 2006.

 

A 75 años de la instauración de la Segunda República Española

Wilebaldo Solano (dirigente del POUM):

“El socialismo había dejado de ser una utopía”


El último secretario general del POUM tiende una mirada retrospectiva sobre la lucha de los republicanos, el sorprendente poder autogestionario de las masas españolas, las divergencias con León Trotski, la barbarie estalinista y recuerda a una de sus principales víctimas: Andreu Nin. Sigue creyendo en el socialismo pero considera que es imprescindible hacer un profundo análisis y replanteo.

Entrevista: Bernardo Veksler

(Desde Barcelona).- “Con la República se rompe con una tradición histórica, se rompe con los restos del imperio que representaba la monarquía española. Eso es lo que la gente saluda. La gente era tan feliz...” Es el primer recuerdo que destila Wilebaldo Solano de esos acontecimientos. Entonces, con tan sólo quince años, comenzaba a vivir esperanzado la revolución en ciernes que estaban protagonizando las masas ibéricas.
En su hogar de Burgos, desde muy pequeño percibió las convulsiones sociales que se vivían. Su padre era un militar de izquierda y sufrió las represalias de los defensores de la agonizante monarquía. Así, se fueron forjando sus  convicciones.
En esos tiempos, la adolescencia se consumía rápidamente y los jóvenes se veían convocados a participar de las intensas luchas políticas de las que era muy difícil abstenerse.

Paradojas republicanas


El  aplastante triunfo en las elecciones municipales de los socialistas y republicanos, el 14 de abril de 1931, determinó la caída de Alfonso XIII y la instauración de la Segunda República. “Se abre un proceso donde la gente cree –explica Solano-  que los dirigentes burgueses y pequeños burgueses van a hacer cambios en el país, empujan en dirección de un cambio en la enseñanza, contra la Iglesia, se obligó al gobierno a cerrar iglesias, colegios religiosos y hubo una gran transformación... La gente creyó que tenía una dirección nueva, intelectuales nuevos... Tenía una enorme confianza en esos dirigentes (..) Hoy, algunos exageran por interés o para delimitarse de la sociedad actual y la presentan como una gran fiesta. Si, fue una gran fiesta, la gente tuvo una enorme confianza para hacer un cambio radical en España. El hecho de que en 1934 (la insurrección en Asturias) se hiciera lo que se hizo para defender la República... La gente creía que la perspectiva de una sociedad socialista había dejado de ser una utopía y estaba al alcance de la mano”.
“El anarquismo jugó un papel capital –continúa-, hay que reconocerlo, muy pronto la CNT se hizo de un peso de masas enorme, era una organización sindical formidable. Nosotros estábamos dentro de la CNT, tratamos de influir en las directivas y ganábamos militantes para el POUM. Los jóvenes creamos un grupo sindical de estudiantes dentro de la central obrera.”
La irrupción de las masas hizo que las reivindicaciones populares históricas se pusieran a la hora del día. Cataluña, cruzada por reclamos autonómicos y una clase obrera muy radicalizada, estaba en permanente ebullición. Allí es donde se desarrollan prioritariamente la Izquierda Comunista Española (ICE) liderada por Andreu Nin, identificada con la Oposición de Izquierda Internacional, y el Bloque Obrero y Campesino (BOC), cuyo dirigente era Joaquín Maurín. En 1935 se fusionan dando origen al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM)
Solano recuerda ese proceso: “Nosotros hacíamos críticas, reclamábamos que se avanzara. Siempre tuvimos una política clara y ganábamos gente muy rápidamente. Después de la unificación, teníamos gente en Galicia, en Extremadura, en Asturias, en el País Vasco... Antes de que se constituyera el POUM, ya en La Batalla escribíamos todos, hacíamos actos juntos. Llegamos a federar a todas las organizaciones obreras de Cataluña, salvo la CNT. Teníamos un partido con gente de mucho valor.”
En el partido coexistían “dos generaciones–agrega-, los que tenían cuarenta años y los que tenían alrededor de veinte. Los jóvenes hacíamos de todo, desde teatro de masas hasta competencias de ciclismo, creamos una escuela marxista... Estos jóvenes le dieron un impulso fundamental al POUM, que contaba con unos ochenta cuadros jóvenes notables. La fusión nos asentó muy bien. Nosotros en Cataluña teníamos una posición prioritaria, más fuerte que los otros partidos”

- ¿Podría haberse derrotado a la sublevación del general Franco?
- Si, al principio, operando más rápidamente. Hubo una cierta alegría que no convenía. Nosotros aplastamos a los militares en Cataluña, fue una cosa fantástica. Los anarquistas hicieron un seguimiento de los movimientos en los cuarteles y descubrieron que entraban muchos vestidos de paisanos y los vestían de militares, porque no confiaban en los soldados y había oficiales que habían desertado. Entonces hubo una acción para aislar al ejército y descomponerlo. ¡Eso salió tan bien y se los aplastó tan bien!. Luego vino lo de Madrid. Recuerdo la primer discusión, cuando hubo gente que decía que no hay que quedarse en Barcelona, que había que ir a Zaragoza. Hubo un movimiento de acción rápida para poderse imponer, luego con el paso de los días se atenuó. Comenzó la organización que había que hacer, pero no se comprendió que ellos tenían una fuerza importante, sobre todo con el ejército de Marruecos y que en algunos sitios de España ya se habían impuesto, en Burgos, en Salamanca, etc. Había que pasar a la acción más rápidamente y preparar un ejército de guerrillas. Pero, nosotros no lo hicimos, esperamos demasiado... Después, con la ayuda de la aviación alemana avanzaron hacia Madrid.
Creíamos que habíamos ganado y no habíamos ganado, y se abrió una lucha donde intervenían fuerzas internacionales potentes contra nosotros y otras fuerzas no nos iban a ayudar. La URSS no nos ayuda al principio, los socialistas franceses tampoco... Entonces los franquistas encontraron un apoyo extraordinario.

- Trotski sostuvo que hubo una debilidad política más que militar, la falta de un programa para el campesinado, entre otras falencias.
- No, el tema de la tierra fue maravilloso. En Valencia, yo lo viví. Después de los combates de Barcelona, el partido me envió a Valencia, que era la zona agrícola más importante de España. Se había constituido un comité obrero y popular que fue el poder. El gobierno de Madrid nos envió a una delegación oficial, la rechazamos y se consideró que el comité era el poder obrero único, ni comité de ministros, ni generalitat, nada. Íbamos a ver que había pasado y ya se habían colectivizado las tierras, la propia gente lo había hecho, Tantos historiadores han hecho cosas y no se han dado cuenta, verdaderamente no.
El secretario general del POUM de Madrid estaba en Galicia en un congreso, que fue un error hacerlo en ese momento. Entonces se decidió que (Julián Gómez) Gorkin, que estaba en Valencia, y (Juan) Andrade, que estaba en Madrid, fueran a Barcelona, que fue otro error. Entonces, a mí, que era uno de los más jóvenes, se me dijo tu tendrías que ir a Valencia, que conoces el lugar. Hay que hacer un periódico, tú eres un buen orador...
Yo me quedé asombrado con lo que hizo la gente. Fuimos a la isla de Ibiza y la ocupamos. Pensamos en Mallorca y pedimos la flota. Tuve una conversación con (Indalecio) Prieto, quien nos dijo que la flota estaba en el estrecho y que no se podía hacer lo de Mallorca. Lo intentamos con la intención de ligarlo a lo de Cataluña, pero la flota tardó, pese a que los marinos se portaron muy bien, se apoderaron de los buques. Pero el ministro de Defensa tenía la obsesión de que estuvieran en el estrecho para evitar el paso de las tropas de Franco, pero los alemanes se dieron cuenta y mandaron los aviones.
Hubo errores, hubo que haber procedido más rápidamente, aun teniendo en cuenta la situación internacional. Yo recuerdo que discrepé con Maurín y Nin, quienes decían que la situación internacional era favorable. Yo dudaba, Hitler, media Europa bajo el fascismo, Mussolini, los socialistas en Francia ¿qué harán? Teníamos que hacer una acción muy rápida. (Buenaventura) Durruty tenía el mismo punto de vista y él se fue a Aragón enseguida. Pero no tuvo el armamento necesario para llegar al País Vasco y ocuparlo.

- ¿Cuáles fueron los aspectos más destacados de la autoorganización de las masas?
- Eso aquí se hizo bastante bien. En ningún país del Este hubo una colectivización como la que se hizo en Valencia. Los obreros se presentaban en las fábricas y controlaban la producción. Era asombroso con la rapidez con que se resolvían los problemas. Había cuadros técnicos que colaboraban con los obreros y ocupaban puestos en las direcciones de las empresas. En toda situación así hay problemas, no cabe la menor duda, lo que sorprende en el caso español es que no se vieron tantos problemas, se resolvían con mucha rapidez.
Recuerdo que una vez estábamos sentados en un café de La Rambla, tres o cuatro días después de la victoria en Barcelona. Estaba Durruty, había un oficial del ejército que se había pasado a nosotros, había una discusión sobre la situación. Nin, de repente, dice: “es extraordinario, todo marcha, los trenes, los tranvías, las fábricas...”. Durruty agrega: “pues, es natural...” y Nin insistió: “yo pienso en Rusia, allí se precisaron años, meses para resolver algunas cosas, aquí con que rapidez se resuelven, como si nada”. Todo funcionaba enseguida en manos de los trabajadores, eso fue una experiencia increíble. Ahora, con el tiempo, cómo hubiera marchado todo eso, eso es otra cosa. Pero el hecho real fue así. Muchos dicen que fue sólo en Barcelona, en Cataluña, en Valencia... pero en muchos pueblos de Aragón y de Castilla había pasado lo mismo.

- ¿Cómo comienza a desencadenarse la represión estalinista?
- La ayuda soviética tardó demasiado en llegar, mandaron técnicos militares, políticos, policías y se apoderaron del aparato del Estado. Poco a poco, con las jornadas de mayo, aprovecharon la ocasión y se fueron apoderando de todo el aparato del Estado, esto transformó toda la situación.
Estoy recordando tantas cosas, quizás las mezclo, cuando uno ha visto cosas como estas... Cuando se abrieron los archivos de Moscú, descubrimos que los informes políticos que mandaban desde España, en lo esencial coincidían  con la unidad de todos los partidos, no atacaban al POUM, nosotros estábamos con el PC en todos los comités de España. Pero cuando se constituye la junta de defensa de Madrid, es la primera vez, el PC pide que el POUM no esté.
En esos informes, el general (André) Marty sostenía que había que intensificar la ayuda militar y, desde el punto de vista político, había que mantener la unidad que se había establecido. Incluso hubo cartas con elogios al POUM. Stalin dijo que si y ocho días después lo mando a fusilar.
Había discusiones en el círculo íntimo de Stalin, eso abrió un breve período de vacilaciones y luego la intervención de la manera que se hizo con la llegada de emisarios y de las brigadas internacionales. Uno duda, habría que estudiar la cosa mucho más a fondo. (Pierre) Broué insistía mucho en que existían dos tendencias, la de irse, no mezclarse para no generar conflictos con los alemanes, franceses...  No hay ataques contra el POUM y había una unidad completa, quien rompió la unidad fue Moscú. Ese es el hecho más terrible de toda la Guerra Civil, porque si no se rompía la unidad se podría haber hecho mucho más, los ataques contra el POUM, la CNT intervenida... se generó una confusión que fue muy perjudicial en ese momento. La unidad era salvadora era lo que había que hacer. Luego, comunistas que rompen con el PC, consideran que fue un error, que había sin discusión que mantener la unidad, en el curso de la discusión y el trabajo hay divergencias, bueno, como en cualquier sitio se superan, si no se superan se aprueban por mayoría, pero no se excluye a nadie de la lucha contra Franco.

La desaparición de Nin


El 16 de junio de 1937 es detenido Nin. Dos meses más tarde, las autoridades dan un comunicado informando sobre su desaparición. Mucho después, se supo que había sido sometido a brutales sesiones de tortura por parte de los agentes de la GPU, con el infructuoso propósito de arrancarle una declaración condenatoria del trotskismo y una autocrítica reconociendo su supuesta colaboración con el franquismo. Posteriormente fue ejecutado en los alrededores de Alcalá de Henares, sin que se sepa el destino final de sus restos. La conmoción que provoca el suceso escandaliza a la izquierda mundial y pone en aprietos, momentáneamente, al plan exterminador del estalinismo.
Al enterarse, Trotski sostuvo que Nin era “un veterano e incorruptible revolucionario.(...) Rehusó colaborar con la GPU para arruinar los intereses del proletariado español. Éste es su único crimen. Y lo pagó con su vida”.
“Nadie imaginaba –recuerda Solano- que la brutalidad llegara a esos extremos, nadie imaginaba eso, no cabe la menor duda. Luego tuvimos que tener esta cosa increíble, curiosísima, de que cuando el ejército ya está organizado, nosotros teníamos una División muy importante que se llamaba la 29, nos encontramos que la disuelven. Nos encontramos que los compañeros que tenían grados, capitán, comandante, etc., tenían que presentarse a la caja de reclutamiento, con el peligro que podían correr. Entonces, plateamos la cuestión al Comité Nacional de la CNT, ellos tenían una oficina de tipo militar que controlaban sus fuerzas y los compañeros que estaban en situación difícil los poníamos en relación con ellos y los ubicaban en sus unidades. La CNT se portó muy bien y los socialistas también. En la División 29 hubo hasta comunistas enrolados, allí no había diferencias y nosotros no las hacíamos.

Polémica con Trotski

Desde la instauración de la República, Trotski dedicó gran parte de su tiempo a escribir sobre los sucesos de España, intercambió una gran cantidad de cartas con Nin y fue tema de debate permanente en su corriente internacional. 
“Creo que a Trotski no se le explicó bien –afirma Solano-, si se le hubiera explicado lo hubiera aceptado. Hubo un problema con él que se prolongó durante la Guerra Civil. Acá vinieron varios militantes trotskistas de EEUU y de otros países, algunos en plan de turismo revolucionario, otros fueron al frente o colaboraron con nosotros. Nosotros abrimos las puertas del partido a todo el mundo. Vinieron grupos que estaban divididos en sus países y trajeron un poco los problemas de ellos.
Trotski no veía bien la unificación de la  ICE y el BOC, no sé por qué. Maurín tenía grandes simpatías con él, se habían publicado muchos de sus artículos, no se tenía una postura contraria a Trotski. En la crítica al estalinismo, sobre lo que pasaba en la URSS teníamos la misma posición. En España, la gente quería formar un partido que no tuviera las posiciones sectarias de la Internacional Comunista. Entonces, eso nos dio una gran fuerza. Ahora, viéndolo con la perspectiva de los años me asombra, llegamos a reunir tanta gente y de tanto valor que si hubiéramos estado en el poder podríamos haber ofrecido algo que los demás no ofrecían...”
“¡No es justo! ¡No es justo!”, responde con firmeza ante la referencia a algunas cartas del dirigente de la Revolución Rusa que consideraba al POUM responsable del fracaso español por su adhesión al Frente Popular y otras inconsecuencias. “El trotskismo en muchos países estaba dividido y Trotski tenía que navegar entre las fracciones. Como en Francia la historia de (Pierre) Naville y (Raymond) Moliner. Hubo cosas bastante graves y Trotski, como todo el mundo, con sus pasiones, según las actitudes que se tenía con él, reaccionaba.
Nosotros fuimos los que pedimos que viniera a Barcelona, era un poco una locura. Nin hizo todo lo posible, lo trató con el consejero de gobierno de la Generalitat para que pudiera salir de Oslo y se logró, finalmente, que fuera a México. Él lo sabía y estaba bastante contento. Fue una delegación nuestra a México, con el pretexto de la relación política, aunque en realidad fuimos a buscar armas, y se fue a ver a Trotski, se hizo la guardia en Coyoacán y estuvo encantado. Allí les dijo que se había equivocado. Luego la carta que hace cuando lo matan a Nin reconoce que fue quien se batió con los rusos.”
“Yo conversaba mucho con Nin –continúa-, quería sacarle cosas de la Revolución Rusa, pero él era muy modesto, no presumía de haber estado con Lenín, con Trotski. Me he enterado cosas de Nin por amigos suyos. Yo estuve mucho con él porque íbamos a los actos como parte de los cuadros de oradores del POUM. A Trotski le tenía una gran admiración y respeto, pero el caso de las luchas internas del trotskismo le fastidiaron mucho. Yo recuerdo que hablamos del tema y le dije porque no iba a verlo a Royan (Trotski estuvo en Saint-Palais, cerca de Royan, en julio-septiembre de 1933), entonces él me dijo que Trotski se había portado muy mal y se enfadaron, una cosa de orgullo. Nin me dijo: “Ah, tu no sabes, tiene muy mal genio...” Yo creo que Trotski se dio cuenta de que el POUM era una cosa mucho más seria y su última carta así lo prueba. Así nosotros le hubiéramos explicado la cosa... Por ejemplo, la entrada en el consejo de la Generalitat, a mí personalmente no me gustó, tampoco la composición del comité de milicias. La postura de la juventud fue distinta a la del partido, la juventud tuvo posiciones más avanzadas, el partido consideraba que era normal porque era la vanguardia del partido. Cuando discutimos lo de la colaboración con la Generalitat  a mí me pareció un error, porque Nin convergía con gente bastante inepta, además, le daban el Ministerio de Justicia, que planteaba problemas muy serios, a mí no me gustó. Nosotros discutimos esto sabiendo que no era un gobierno burgués clásico. Cataluña era una nacionalidad del estado, había adquirido el poder y ese poder era bastante limitado. No era un crimen, no entramos en un gobierno burgués, había una situación revolucionaria, todo estaba cambiado. Lo más importante era que estábamos en todos los comités revolucionarios de Cataluña, no había ayuntamientos, diputaciones, etc. ... Y jugamos un papel muy importante, pero eso no se le explicó a Trotski”.
Solano recuerda que “hace unos años, Pierre Broué se encontró con la viuda de Bujarin en una reunión de Memorial (entidad que se ocupa de las víctimas del estalinismo), al parecer hablaron bastante sobre España y antes de despedirse le dijo: “le doy un fuerte abrazo para los militantes del POUM, que supieron hacer frente al estalinismo con mucho coraje”.
Entonces se emociona y sus ojos se humedecen al revivir todas las patrañas inventadas por el estalinismo y de las fuerzas que tuvieron que invertir en desmontarlas. Una lágrima comienza a surcar ese rostro curtido en mil batallas.

Actualización socialista


Sufrió la cárcel en la República. Luego, al participar de la resistencia al nazismo, en su exilio francés fue condenado a trabajos forzados en un campo de concentración, donde también sufrió la amenaza de los presos estalinistas. Durante el franquismo realizó ingentes esfuerzos para organizar la resistencia y vigorizar al POUM.
En el umbral de los noventa años, sus expresiones trasuntan el vigor de jornadas pasadas, su rostro se trasforma cuando con elocuencia redondea sus ideas. Su cuerpo menudo parece agigantarse al ritmo de su voz y sus gestos, cual en una tribuna contagia su optimismo por el futuro.
“Entramos en otro problema el juicio sobre la época en que estamos. Yo considero que el hundimiento de la URSS y de los países del Este nos ha pegado a todos, incluso a nosotros. Había muchos compañeros que estaban contentos porque se verificaba que teníamos razón,  nosotros luchamos contra Franco, contra los estalinistas y teníamos razón en todo. Pero, y qué pasa, por qué ha ocurrido... Millones de gentes, comunistas y no comunistas, creían que allá había un socialismo, no sabían qué había allá adentro. Se hundieron los PC´s, los propios socialistas sufrieron el choque,  la noción del trotskismo también y la propia noción del socialismo está en cuarentena para millones de personas en el mundo. Es decir, que ahora hay que reunir una batalla por el socialismo que no es la que hemos reunido en otra época. Hay muchos compañeros que no quieren, que consideran que es demasiado complicado... Hoy, hay que pensar, hay que escribir, hay que hacer una análisis más a fondo de la experiencia estalinista. De la misma manera que el capitalismo tiene fracasos y continúa, nosotros debemos continuar.
Yo no creo que el sistema capitalista pueda resolver los problemas de la humanidad. Yo sigo creyendo en el socialismo, solamente que hay problemas, que tenemos que saber qué tipo de partido, qué tipo de sociedad y demás, teniendo en cuenta lo que ha pasado allá y lo de China  mismo. Desde que se empezó a conformar la idea del socialismo las cosas han cambiado. Usted no puede decir a la gente hoy que está por la dictadura del proletariado porque nadie lo comprendería. Entonces es un error decir que estamos por la dictadura del proletariado, hoy no lo podemos hacer. Probablemente, en nuestro ideal la dictadura del proletariado no hubiera sido lo que fue, pero la experiencia, lo que ha pasado hay que tenerlo en cuenta.
Lenín cuando hace la NEP, los bolcheviques se plantean problemas, hay una discusión, es un cambio fundamental... No sé hasta donde se llegó, todo eso hay que enseñarlo pero no de la manera que se ha hecho en estos años. No se trata de revisionismo vulgar, se trata de análisis lógico de una experiencia cualquiera.
Después de la Comuna de París no se podía repetir lo mismo, había que ver qué errores se habían cometido. Hoy es igual. Necesitamos el juicio de valor de los errores que pudimos haber cometido nosotros si queremos realmente evitar que siga dominando el capitalismo, que nos hace una guerra en cualquier sitio, cualquier día, es una locura...
Necesitamos de un socialismo que saque conclusiones de la experiencia y que haga el cambio en beneficio de la humanidad.”


******Recuadro************

El POUM hoy


El portal de la Fundación Andreu Nin (www.fundanin.org) brinda una exhaustiva información sobre la República y el POUM, biografías sobre sus líderes y cuadros destacados, y sobre las figuras relevantes del marxismo. Además, cuentan con una profusa bibliografía alusiva y se difunden una gran cantidad de links de diversas corrientes de izquierda.
El cine es otra de las actividades, además de promover películas como Tierra y Libertad, Operación Nikolai y una creciente cantidad de documentales que recobran la verdadera historia de la gesta española,  están en curso la elaboración de otros seis filmes sobre el exilio republicano con la televisión catalana.
Mantienen contacto con agrupaciones diversas. Solano nos cuenta que “una organización rusa llamada Praxis está haciendo cosas muy interesantes, tenemos con ellos una relación muy estrecha. Tenemos el proyecto de traer una delegación a Madrid y a Barcelona y hacer algo con ellos, es asombroso porque hay una gran afinidad. Estamos en contacto con varios militantes, hace poco estuvo en mi casa de París una profesora de la Universidad de Moscú, y es increíble coincidimos en todo”.
Realizan periódicamente actos y conferencias en diversas ciudades de España y Francia.
Tienen el plan de dotarse de sedes de la fundación para Madrid y Barcelona.
Entre los propósitos que sostienen en su portal se destaca el siguiente párrafo:
“A pesar de los importantes avances que se han producido en los últimos años en  la recuperación de esa memoria histórica sigue siendo un imperativo político la reivindicación de quienes defendieron el honor del socialismo contra el fascismo y el estalinismo. Vamos a traer el recuerdo de aquellos y aquellas a quienes se ha querido expulsar de la historia. Sin dogmatismos. Sin caer en la estúpida tentación de pensar que su legado nos librará de la tarea de pensar una realidad en constante evolución. Sin dogmatismos. Sin convertirles en la base de nuevos catecismos. Sin creer que todo lo que hicieron y dijeron fue justo y correcto.  No queremos levantar estatuas”.

PUBLICADO EL 9-9-2010 EN www.argenpress.com.ar

14 junio 2010

Falleció Anne Chapman.

Este artículo fue escrito luego de la entrevista que sostuve con Anne Chapman, el 27 de febrero pasado, en el marco del film documental que estoy realizando. La noticia de su muerte me llenó de pena, porque es una página que se cierra de la historia fueguina.
El título de esta semblanza que escribí, de alguna manera, imponen que la desaparición de esta exquisita mujer configura una segunda y definitiva extinción de los nativos fueguinos.
Tierra del Fuego atesorará la invalorable labor de esta científica, aportó como pocos al conocimiento de nuestra sociedad y su luctuosa historia.
Este artículo es una síntesis de las sensaciones que se me produjeron en el momento de la despedida, también es un reflejo de la calidez humana y de la especial sensibilidad que se podía percibir en su conversación y sus recuerdos. Recordarla así, tal vez sea el mejor homenaje.

A continuación se transcribe la publicación del artículo en la edición del 15 de junio de 2010, de El Diario del Fin del Mundo:

Anne Chapman, Por Bernardo Veksler


Tras el fallecimiento de la antropóloga franco-americana que realizó las investigaciones más importantes de los últimos 50 años sobre pueblos indígenas australes, El Diario del Fin del Mundo reproduce una entrevista que se constituyó en el último testimonio periodístico que registró la prensa fueguina.


El 27 de febrero pasado nuestro compañero Bernardo Veksler la entrevistó en la casa que habitaba cuando residía en Buenos Aires; publicado por EDFM el 10 de marzo, éste se constituyó en el último testimonio periodístico que registró la prensa fueguina de esta incansable mujer que fue uno de los puentes que nos permitió a muchos conocer parte de la identidad cultural de los pueblos originarios de la Tierra del Fuego.
El cuidadoso pero apasionado relato de Veksler vuelve a tomar fuerza cada vez que uno lo lee. Qué mejor oportunidad que ésta de bucear en esas sensaciones que trasmite el periodista y escritor, para tener la certeza de que Anne Chapman sobrevivirá a la misma muerte, que la transformó en inmortal, este sábado en París.

Conversando con Anne Chapman

A través de su voz perviven las etnias fueguinas



La cita era a las cinco, en su casa de Belgrano, un edificio de tres plantas sin ascensor. Una construcción de mediados del siglo pasado que resiste con gallardía el acorralamiento que le proponen las construcciones de la modernidad, es el sitio que la cobija cuando reside en Buenos Aires. En la tercera planta, me recibió con la misma amabilidad que recordaba de entrevistas anteriores, me indicó el lugar que había designado para conversar, debimos atravesar una sala con sus paredes adornadas de libros y su estudio con un gran escritorio en forma de ele donde se desplegaban ejemplares de conchas marinas, su notebook y algunos mamotretos anillados, que luego me diría que eran sus diarios y que estaba revisándolos.
El ambiente elegido para conversar era un espacio ganado a una terraza poblada de macetas y plantas, que gracias a sus cuidados sobrellevaban el verano porteño. En el luminoso ambiente sobresalía en una de las paredes la portada enmarcada de su libro sobre Darwin en Tierra del Fuego.
El costado de una mesa redonda se convirtió en el escenario de nuestro diálogo. Su menuda figura se acomodó en una silla frente a mí y comenzó a desgranar sus vivencias sobre las etnias fueguinas. Su dulce voz se apasiona con los recuerdos: “Lola sabía que era la única que podía dar a conocer los cantos selk`nam y, a pesar de su dolor por la pérdida de sus doce hijos, casi todos de adultos, tenía momentos de alegría. Ella trasmitía sus conocimientos con la idea de que eran para mi patrón, para ella todos tenían un patrón. No sabía que no lo tenía, el único que podía ser considerado así era (Claude) Levi Straus…, Lola decía que eran para los del norte, para los tehuelches que eran a los únicos que concebía en ese lugar”. Su voz se enternecía cuando describía su optimismo a pesar de las penurias vividas y cuando, en otro tramo de la charla se refirió a Ángela “ella recordaba que en el año 21 o 22 en la estancia Viamonte hubo una huelga de peones que reclamaban aumento de jornales, le pagaban seis pesos y, finalmente acordaron pagarles veinte, pero cuando cesó la huelga le pagaron cinco”.
Tenía preparado para obsequiarme su libro sobre el Hain, publicado recientemente en Santiago de Chile en el marco del Bicentenario. Allí, relata particularidades interesantes de su investigación y se exponen algunas de las fotografías que Martín Gusinde tomó a los nativos en unas de las últimas ceremonias rituales. Esa conmovedora ofrenda me sorprendió.
Con su español impregnado de acento francés e inglés, recordó a Cristina Calderón –última exponente de la etnia yagán- de Puerto Williams, y a su hermana Úrsula fallecida unos años atrás. “Siempre que estoy en Tierra del Fuego voy a visitarla”. El afecto que supo construir con los entrevistados permite imaginar su trato con Lola, Ángela, Federico o Garibaldi. “Su nieta casi todas las semanas me llama por teléfono, ahora está en Alemania investigando en los archivos de Gusinde, se casó con un alemán que vivía en Puerto Williams, tuvo un niño y se fue a Europa. Yo tenía unas fotos…” Se levantó a buscarlas, sus pasos temblorosos la llevaron a otra sala, demoraba porque no conseguía localizarlas, “pero las tengo en la computadora, ¿tiene tiempo para verlas?” Fuimos hacia su escritorio, mientras se lamentaba, “las había visto, las tuve conmigo…” Luego de una búsqueda por el ordenador, sorpresivamente se levantó y se marchó. “¡Acá están!”, había recordado donde las había dejado y venía a mi encuentro para mostrármelas. En ellas se veía a Cristina, a su nieta, su bisnieto y al alemán que había contribuido a engendrarlo. Nuevamente florecía la ternura del relato describiendo la foto.
También tuvo en su recuerdo a doña Enriqueta, “era muy buena, yo la quería…”. Me mostró una fotografía que tomó en la costa sur del lago Fagnano, donde se ve a la India Varela, a su último esposo, y a dos de sus hijos. “Con ella tiene que hablar, ella sabe mucho de las cosas que les contaba su madre. Trabaja en Gobierno”, y me mostró una foto actual de su descendiente.
Recordó a Garibaldi, “fue quien más se asimiló a la nueva vida. Pero quien era más inteligente y no se asimiló nunca era Federico Echelaine, siempre fue peón y fue un gran informante para mí. Él sabía los nombres de los cazadores de indios, había siete u ocho nombres que quedaron registrados en la historia como los asesinos…”
-¿Usted fuma?
- Si.
- Ah, entonces podré encender uno. Deje, le convido de los míos.
Su placer por el cigarrillo era una nueva sorpresa. “Sólo fumo cuatro o cinco cigarrillos por día…”
Habían pasado más de dos horas de charla, de relatos del Hain; de las diferencias entre los haush y los selk`nam, de que los primeros “eran más pacíficos” y los segundos más guerreros, por eso “los fueron acorralando en la península Mitre, pero también estaban en San Pablo, eran más antiguos en Tierra del Fuego”; de que tal vez Ángela o Garibaldi “hayan alcanzado tener defensas para soportar las epidemias”, por haber sobrevivido a pesar de los contactos que tuvieron con los blancos; de la “falta de humanidad de los estancieros”, de las matanzas y epidemias, y de sus nuevos proyectos editoriales.
El ambiente paulatinamente fue quedando en la penumbra, su entusiasmo por conversar no declinaba, pero presumí que podría llegar a estar cansada y sentí que había llegado la hora de la despedida, la cordialidad de siempre, y la sensación de que su afecto también dejó su huella en mí.
Al caminar y tomar distancia del edificio, me quedaba la sensación de estar rodeado por una especie de aureola que me acompañaba y aislaba del contexto que delineaban mis pasos. Es tan fuerte y conmovedora su pasión por esos vínculos que comenzó a construir en los años sesenta, que marcaron su vida y se constituyeron casi en familiares, que, a través de su voz y sus descripciones, es posible sentir que las etnias fueguinas persisten en sus correrías por las estepas, que sus canoas aún transitan por el Beagle portando los fuegos que calientan a las familias, resistir la idea de la extinción e imaginar de que continuarán prosperando en Tierra del Fuego mientras Anne Chapman esté viva.

11 junio 2010

Salió Crítica, el diario de los trabajadores



¡Qué Crítica de los Trabajadores salga todos los días!


Por Bernardo Veksler.

Desde ayer, está circulando la edición elaborada exclusivamente por los trabajadores del diario Crítica, luego de casi cuarenta días de incertidumbre sobre el futuro de esa fuente laboral. El marco del lanzamiento fue inmejorable, una concentración casi inédita de los asalariados de distintos medios y de otros gremios que acudieron solidariamente a expresar su apoyo incondicional a las 190 víctimas de una inescrupulosa patronal, la desidia de la dirigencia gremial y la indolencia oficial.
Los propietarios de los medios de comunicación, en general, no sólo han dado reiteradas muestras de manipulación informativa, para intentar poner los hechos de la realidad al servicio de sus intereses monopólicos o de sus patrocinantes publicitarios, como también de hacer corresponder esas actitudes contrarias a la libertad de expresión con el autoritarismo que impera dentro de las cuatro paredes de las redacciones y los talleres gráficos. Los empresarios periodísticos han hecho caso omiso de las normas protectivas de los trabajadores, de las elecciones de delegados y sus fueros gremiales. Siempre han chantajeado a los poderes de turno para que cada fallo, dictamen o resolución contenga disposiciones que los beneficien en desmedro de su plantilla. En ese sentido, Antonio Mata, el hispánico propietario, sólo es algo más brutal y aventurero que lo habitual.
En el mencionado acto solidario, se hizo expresa mención de la ausencia de la conducción gremial de la Unión Trabajadores de Prensa de Buenos Aires. La dirigencia que años atrás posaba de “progre” y ahora ni siquiera recordó sus profusas proclamas de entonces sobre que “la peor opinión es el silencio”. En un acto descomunal, sin las mediaciones y subterfugios que acostumbra la mayoría de la dirigencia sindical, han estado insólitamente ausentes de una lucha elemental como es la defensa de la fuente laboral de los compañeros. Ese “faltazo” habla por sí mismo con mayor contundencia que cualquier otra consideración sobre la actitud de la Comisión Directiva de la UTPBA.
Pero, el elemento determinante de esta columna es la edición que está en la calle de Crítica de los Trabajadores. En sus páginas se respira aire puro, libertad, la dignidad del que muestra con orgullo el fruto de su trabajo y merece que la ciudadanía lo tome como ejemplo de las garantías necesarias para que el derecho a la información de la sociedad esté protegido.
En los últimos años, se ha visto como desembozadamente algunos diarios, que hasta ahora predominan en el favor de los lectores, se han valido de sus ediciones para consumar pases de facturas, vendettas y defensa a ultranza de sus privilegios. Han ocultado noticias, han distorsionado otras, han potenciado las que les favorecían o perjudicaban a sus contrincantes, para exhibir en forma totalmente descarnada el poder que despliegan para torcer las voluntades de los que entorpecen su camino. Todo ha sido tan brutalmente evidente que parecen sutiles las manipulaciones realizadas en otros tiempos.
Esta situación ha llevado a muchísimos de los lectores a abandonar su lectura cotidiana y a comenzar la búsqueda de otros más confiables y veraces. Este contexto ha potenciado un viejo interrogante que se expresaba sólo en algunos selectos cenáculos: ¿Es posible compatibilizar la libertad de expresión con los medios de comunicación en manos de estos inescrupulosos empresarios? ¿Existe un punto de convergencia entre el lobby mediático, y su propósito obsesivo de maximizar las ganancias, y los intereses ciudadanos de tener garantizado el derecho a la información?
A esta altura de la evolución de la humanidad el libre acceso informativo es un derecho humano cada vez más preponderante, por esa razón, la ciudadanía debería tener mayores garantías de que la producción periodística se encuentre despojada de intereses subalternos y sólo sustentada por consideraciones de opinión o puntos de vista libremente argumentados.
Los trabajadores del diario Crítica han dado un paso formidable en el esclarecimiento de estos interrogantes y en disparar la imaginación de los nuevos tiempos que se hacen necesarios considerar para salvaguardar el desarrollo de una sociedad democrática.
La ciudadanía debe tomar en sus manos la exigencia de que esta fuente laboral perdure y reclamar la intervención del Estado para que se la considere como una empresa que debe quedar en manos de los trabajadores.
Así como la aplicación de la Ley de Medios Audiovisuales significará un avance en la desmonopolización del discurso mediático, debería también avanzarse hacia una normativa que imponga el sostenimiento por parte de la sociedad de los medios gráficos, que sus contenidos sean diseñados libremente por los que se desempeñan en ellos y que se aliente la constitución de cooperativas de periodistas para determinar la línea editorial y contenidos de las publicaciones.
La creación de estos nuevos canales de información haría más meritoria la labor de las redacciones alejándola de los especuladores, punteros políticos y auspiciantes. Así, se liberará tanta potencia creadora que se encuentra aplastada por intereses mezquinos que la coartan cotidianamente.
Al finalizar el acto, una de las compañeras se manifestó agradecida a la concurrencia diciendo “estuvo muy bueno”, si Crítica de los Trabajadores puede salir todos los días será la sociedad la que agradezca y estará muy bueno para consolidar el derecho ciudadano de acceder libremente a la información.

22 mayo 2010

Los hombres del poder en los extremos del segmento bicentenario

“Los testigos declararon, hasta donde recuerda el doctor Castelli, que el doctor Castelli rechazó, en La Paz, un caballo con arneses de oro y otros obsequios de valor, y en Potosí veinte mil pesos, a cambio de la libertad de Indalecio González de Sosaca, un vecino expectable. El doctor Castelli, declararon los testigos, salió tan pobre como entró al ejército del Alto Perú. O más.
Lo dicho: no tengo un centavo en mis bolsillos, en los bancos, y donde se le ocurra a nadie que pueda guardar un centavo. De los gastos que mi enfermedad aún ocasiona, se encarga –no por patriotismo– el doctor Cufré. De los otros, los de casa, no son un misterio, todavía, que se preste al rumor malévolo: corren por cuenta de la paciencia de los acreedores, y de las pocas joyas de María Rosa, que María Rosa empeñó.
Aclarado que no soy dueño de moneda alguna –sea de cobre, plata u oro–, ni de objetos de valor, cotizables en mercado alguno, ni de tierras…”
Andrés Rivera (La Revolución es un sueño eterno)



(Por Bernardo Veksler).- Los aniversarios suelen ser un buen momento para efectuar evaluaciones, balances y sacar conclusiones. También para efectuar comparaciones sobre las conductas de los que estuvieron y están en el escenario del poder. Doscientos años de vida independiente constituye un lapso de tiempo adecuado como para hacer una mirada retrospectiva. Ese saludable intento nos llevará inevitablemente a proyectar utopías colectivas y a buscar que los sueños se conviertan en el motor que haga vencer todos los obstáculos que se erijan en el camino del progreso.
¿Qué sucedía en las mentes y en las almas de los protagonistas de esos agitados tiempos? ¿Cómo afrontaban los pasos por venir y las acechanzas que su audaz decisión había desencadenado?
En ese entonces, los criollos estaban cargados de incertidumbres y temores por el futuro. La gran ventaja que tuvieron con respecto a sus colegas de rebeldías de otros sitios de América, fue que enfrentaron a dos invasiones inglesas y las derrotaron sin el menor apoyo español. Ese hecho fue providencial y cualitativo, dado que posibilitó el surgimiento de una resistencia popular, la conformación de milicias y, con ello, la convergencia entre la conciencia y la fuerza necesaria para sostener su empresa con éxito.
Hubo intentos similares al de Buenos Aires en México, Santiago de Chile y Caracas, entre otros, pero al poco tiempo todos defeccionaron. ¿Puede imaginarse alguna situación de mayor aislamiento y debilidad? Pero los hombres de Mayo no se quedaron en declaraciones en salones elegantes, discursos de círculos o acciones diplomáticas. Fueron días de actos heroicos, los que participaron alcanzaron la comprensión de que serían pasos trascendentes y que exigirían inmensos sacrificios.
A pesar de acosos, temores e incertidumbres, su conclusión fue que no debían moderarse por ello. Esos hombres y esas mujeres ya no podían detenerse, su voluntad y sus iniciativas los introducía en una vorágine de una sola mano y una dinámica de enfrentar los enormes obstáculos que se erigían en su camino. Eran seres prudentes que iniciaron una aventura donde la alternativa era la victoria o la muerte y dieron sucesivos pasos al frente.
Eran civiles que debieron tomar las armas y aprender elementales conocimientos de la guerra, de la organización y de la estrategia bélica. Debieron abordar tácticas diplomáticas e incursionar en la delicada telaraña de las relaciones internacionales. Tuvieron que administrar con especial cuidado los escasos recursos de la hacienda pública. Para que su iniciativa no fracase debieron trasmitir a todo el pueblo lo que estaba en juego, contagiarlo del fervor revolucionario para que adhieran a la causa emancipadora y lograr que se sumen a las milicias criollas y al proyecto de la patria naciente.
En ese camino, se asociaron con sus colegas latinoamericanos, que en distintas regiones del continente estaban emprendiendo la misma lucha y la misma causa de liberación del cepo virreinal español. Para lograr el triunfo fueron adquiriendo una capacidad de abnegación ilimitada.
Así se convirtieron en grandes hombres, porque ante la alternativa de elegir entre sus ideales y sus intereses personales no dudaron. La meta a alcanzar era un futuro digno en común y eso estaba por encima de cualquier ofrenda personal.
Así lo demostró José Gervasio de Artigas, quien, a manera de una incipiente reforma agraria, repartió sus grandes propiedades rurales para conquistar y sumar a la peonada a la lucha emancipadora.
Simón Bolívar hizo lo propio, como heredero de una compañía esclavista, no dudó en liberar a los hombres y mujeres africanos sometidos a ese régimen de explotación, para sumarlos a la causa y cumplir los compromisos asumidos con los líderes de la revolución negra haitiana.
Juan José Castelli, el “orador de la revolución” no se permitió incurrir en dobles discursos, liberó a los indígenas de la esclavitud de las encomiendas y proclamó en el templo indígena de Tiahuanaco su emancipación y completa igualdad.
José de San Martín no se engolosinó con la suma del poder, a pesar de haber liberado a tres países y tener bajo su mando a un ejército glorioso y dominante en la región.
Manuel Belgrano apostó al proyecto que había concebido para la sociedad, donó su sueldo para construir y mantener escuelas, porque le dio una importancia mayúscula a la educación para el desarrollo del país.
Todos ellos, terminaron sus días en la austeridad del ostracismo o en la más absoluta miseria. Lo sabían, pero no se detuvieron a especular sobre su suerte personal y pusieron todo de sí para alcanzar el objetivo común.
Así se dio un paso decisivo para romper el dominio colonial. Trece años después, un ejército integrado por peruanos, bolivianos, uruguayos, chilenos, venezolanos, colombianos, ecuatorianos y argentinos derrotaba definitivamente en Ayacucho a los españoles, logrando la emancipación de Sudamérica, gestando la ilusión de construir una unidad que muchos intereses no toleraron.
En un presente cargado de mezquindades, privilegios y prebendas, de negociados y enriquecimientos sospechosos, de obsesión por el poder y personalismos, hay un formidable mensaje que envían esos hombres que emanciparon a Latinoamérica en el punto de inicio de esta historia bicentenaria. Ellos se despojaron absolutamente de los bienes materiales y aportaron con la generosidad de los heroicos militantes sociales que los sucedieron desde las estepas patagónicas o en los quebrachales, los que resistieron golpes y ajustes antipopulares, los que enfrentaron burocracias y represiones, los que no toleraron la explotación y se solidarizaron con las víctimas para construir desde el dolor un sueño de progreso.
Con las paradojas que quedan en evidencia en el contraste entre las dos puntas del segmento bicentenario, las esperanzas de conquistar una sociedad superadora están depositadas en esos modelos de hombres, en que esas conductas comiencen a ser irradiadas entre nuestros semejantes y que sean la inspiración de las nuevas epopeyas que el pueblo latinoamericano necesita consumar.


Publicado en www.argenpress.com.ar el 21 de mayo de 2010

06 abril 2010

Acerca de la ligereza de difamar y de algunas modalidades propias del estalinismo

CARTA ABIERTA A LA DIRIGENCIA DEL SUTEF

Sobre la declaración de “no gratos”

Acerca de la ligereza de difamar y de algunas modalidades propias del estalinismo

Luego de que hayan pasado un par de semanas sin recibir una respuesta al correo electrónico que les envié a los actuales dirigentes del Sutef Río Grande, solicitando explicaciones sobre mi inclusión en una lista de personas “no gratas” para esa conducción gremial, me siento liberado de expresar públicamente mi asombro e indignación ante la ligereza insustancial de algunos pronunciamientos de esa dirigencia gremial.
En ese correo, expresaba que no entendía las razones de esa determinación, dado que desde mayo del año pasado me desempeño en labores técnico -profesionales en la Casa de Tierra del Fuego en la ciudad de Buenos Aires, por lo tanto no sólo no tuve incidencia alguna en el presente conflicto docente sino que ni siquiera tuve oportunidad de dar a conocer opinión alguna sobre su origen y desenvolvimiento. Es decir, que ni siquiera se me puede adjudicar el “delito” o la “traición” de haber formulado algún tipo de crítica pública a la lucha docente.
Pero más allá de mi situación personal, este hecho me llevó a reflexionar sobre la ligereza con que se hacen imputaciones sin asumir la responsabilidad pública de argumentar y explicar los fundamentos de una decisión publicada difusamente. Creo que es una actitud que tira por la borda décadas de prácticas sindicales donde los líderes se esforzaban por explicar el sustento de sus posiciones ante toda la sociedad, para demostrar sus convicciones y para ganar adeptos en otras franjas sociales que hicieran que sus reclamos puedan ser más contundentes y exitosos.
Pero en los últimos años he percibido que se suelen hacer afirmaciones sin preocuparse de sustentarlas, basta la imputación o directamente la injuria, total con la insistencia “algo quedará”. Las acusaciones insustanciales de traición como un epíteto infundado tienen una larga y desafortunada historia en el movimiento obrero mundial. Quien más utilizó esa nefasta práctica fue el estalinismo, que acostumbraba a defenestrar con cualquier tipo de acusación a todo aquel que se atreviera a formular alguna crítica o disidencia. En el caso particular y emblemático del líder de la Revolución Rusa León Trotzky, lo hicieron blanco de todo tipo de injurias, acusaciones y difamaciones aprovechándose del poderoso aparato mundial influenciado por Moscú. Hasta llegaron a calificarlo de “agente de la CIA”, sin preocuparse por sustentar esas imputaciones. Tanto insistieron en la calumnia que algunos se sintieron justificados como para planificar todo tipo de atentados en su contra, hasta que un fanático u obsecuente se convirtió en el brazo ejecutor del crimen.
Pero, también existe otra saludable tradición en las organizaciones gremiales que desarrollaron metodologías democráticas. Cuando algún miembro actual o que haya pertenecido a sus filas es cuestionado por alguna actitud, lejos de privársele de todo derecho de defensa, se le ofrece la oportunidad para ejercerla. Más todavía, existen numerosos antecedentes de la conformación de tribunales compuestos por personalidades intachables que, luego de escuchar a acusadores y acusados, dan a conocer un veredicto que ratifica o rectifica la legitimidad de la imputación.
Pero, en el caso particular de la dirigencia docente fueguina no sólo tira por la borda estas prácticas, además de minimizar los argumentos lógicos para sustentar sus posiciones ante toda la sociedad, sino que también se desprecia la propia historia de la organización y de quienes protagonizaron heroicas luchas en defensa de las reivindicaciones sectoriales. Amén de que algunos de los que hoy ocupan posiciones dirigenciales, en los momentos de las luchas más álgidas, estuvieron fuera de circulación, no se sabía de ellos o directamente no acataban las medidas de fuerza de entonces.
Los que estuvimos al frente de duros conflictos contra gobiernos que produjeron fenomenales ataques al poder adquisitivo de los salarios y acciones represivas para imponerlos, deberían, al menos tener el derecho de ser escuchados. En mi caso particular, participé activamente en mis años de desempeño como docente de las movilizaciones, paros y huelgas que resistieron los ataques de los gobiernos de José Estabillo y Carlos Manfredotti, donde, además de una brutal reducción salarial, se nos descontaron de nuestros haberes los jornales de las prolongadas huelgas que llevamos adelante y en ese momento no existió juez alguno que se atreviera a contradecir al Ejecutivo y fallara a favor de los trabajadores.
Es una verdad asumida por el pueblo argentino la necesidad de conservar y respetar la memoria, como un espacio conquistado por el pueblo en el cual se pueden abrevar nuevas experiencias de lucha. Entonces, ¿se puede despreciar de una manera tan brutal a aquellos que estuvieron al frente de esa resistencia poniéndole el cuerpo a las amenazas represivas? ¿A los que estuvieron en los más de sesenta días de huelga y los más de treinta días de huelga de hambre con que se resistió a Manfredotti? Sobre todo cuando lo único que se puede aducir en su contra es que tienen son distintas opiniones.
En mi caso particular, ni siquiera se me puede incluir en este grupo porque no he tenido pronunciamiento público alguno en relación con el conflicto y ninguna acción que pueda calificarse como de ataque, desprestigio, cuestionamiento ni desvalorización de la lucha docente. Entonces, ¿cuál es la razón de que tan alegremente se me incluye en una lista de “no gratos” o “traidores” cuando desde hace siete años no me desempeño como docente y, por lo tanto, cesó también mi afiliación al Sutef?
Pero, para aquellos que no me conocen, puedo informarles que tuve militancia revolucionaria durante 25 años de mi vida, participé de la resistencia a dos dictaduras militares, fui dirigente gremial, amenazado por la Triple A y fundador de organismos de derechos humanos. En mi rol de periodista nunca transé con el poder de turno y en mi corta experiencia en la función pública propulsé el pluralismo más absoluto del tratamiento informativo de los medios públicos provinciales.
La responsabilidad en las afirmaciones de los que se encuentran encarnando la representación gremial es una necesidad elemental de esa función, para que el sustento de los fundamentos que se hacen públicos merezcan seriedad en su formulación, seguramente de esa manera se lograrán muchos más objetivos propuestos en la defensa de las reivindicaciones de los trabajadores.
El cuestionamiento de una dirigencia sindical que se encuentra en medio de un conflicto, no puede ser tomado con indiferencia ni por mi trayectoria ni por mi pasado, menos todavía cuando no se ofrece alguna explicación racional a mi inclusión en esa lista.
Por esa razón, quiero exigir el derecho a mi defensa, que se me permita tener la mínima garantía de saber de qué se me acusa, de hacer mi descargo ante un tribunal independiente que juzgue mi actitud. Si no se procede de esa manera, lo único que se estará demostrando es un alto grado de irresponsabilidad en las afirmaciones públicas, un insólito infantilismo en las conductas y una peligrosa revisión de los ejemplos dados por los más destacados referentes de la clase trabajadora.



Bernardo Veksler
DNI 7.836.361

Publicado en El Diario del Fin del Mundo (Ushuaia) y Provincia 23 (Río Grande) el 6 de abril de 2010

01 abril 2010

También hubo una Tierra del Fuego rebelde


A partir de testimonios de viejos pobladores y algunas escasas referencias documentales, puede esbozarse que en esta isla hubo huelgas y movilizaciones de los peones rurales en simultaneidad con lo que ocurría en Santa Cruz.


En las primeras décadas del siglo XX, la Patagonia austral fue escenario de intensas confrontaciones sociales, e incluso se llegó a conformar una comuna obrera. Algunos historiadores no dudan en afirmar que en esta región se desarrolló el proceso más intenso y avanzado de organización sindical de la época en Latinoamérica. Osvaldo Bayer sacó a la luz las huelgas de los peones rurales de Santa Cruz y la respuesta de los poderosos traducida en la masacre de muchos de ellos. Historiadores y periodistas magallánicos divulgaron las acciones de los trabajadores del sur chileno y la trágica represión descargada sobre los asalariados que desafiaron el poder de los estancieros. De Tierra del Fuego no existieron muchos registros de lo sucedido en esos años, pero algunos indicios pintan los trazos gruesos de una historia oculta de esas luchas obreras.

Punta Arenas, capital de la Patagonia Austral
El descubrimiento de la conexión entre los océanos Pacífico y Atlántico, en el siglo XVI, incentivó el tránsito por las aguas magallánicas y las exploraciones de las zonas aledañas. Pero pasaron trescientos años hasta que se produjeran las primeras radicaciones europeas estables en la región.
En 1865 se estableció el contacto marítimo regular con Europa y a partir de esa fecha numerosas empresas internacionales se instalaron en Punta Arenas. Esta localidad, se convirtió en el lugar obligado de aprovisionamiento de leña, agua y alimentos para los numerosos navíos que navegaban entre el Atlántico y el Pacífico.
Las actividades se diversificaron y multiplicaron: aprovechamiento de las arenas auríferas, salvamento de náufragos y de cargas de buques en dificultades, caza de lobos marinos, extracción de cobre y carbón, explotación de madera y, finalmente, instalación de astilleros, bancos, casas comerciales y frigoríficos. Toda esa acumulación de capitales, fruto de tasas de ganancias muy altas, permitió que la ocupación de las praderas para la explotación ganadera estuviera solventada en ese proceso previo.
La necesidad de abastecer de materias primas a la industria textil británica y la experiencia exitosa de la implantación ovina en Malvinas abrió las compuertas para su explotación en la Patagonia. Al compás de los grandes centros económicos comenzó la invasión europea de la región. Se fundaron inmensas estancias, se llenaron las estepas patagónicas de millones de ovejas y, fruto de ello, se ejecutó un nuevo acto del genocidio indígena americano.
Punta Arenas se convierte en el centro económico que influía sobre toda la región. Desde allí, se gestaron las ocupaciones de las tierras fueguinas y santacruceñas como si fueran el patio trasero de la ciudad magallánica.
El portugués José Nogueira es quien alcanza primero una importante fortuna, luego se suman el ruso Elías Braun y el asturiano José Menéndez. En las últimas décadas del siglo XIX los nuevos ricos van estableciendo vínculos económicos y familiares para pasar a la posteridad como los Menéndez Behety.
“Las concentraciones se efectivizaron utilizando todos los caminos posibles, fundamentalmente mediante testaferros. Tanto la ubicación de los terrenos como las formas de tenencia fueron variadas; en este último caso, reunió tierras en propiedad, arrendamiento e incluso ocupación de hecho. El mismo Braun reconoce la formación de establecimientos, exclusivamente con ocupaciones de hecho, organizados de la siguiente manera: él aporta el capital destinado a la compra de hacienda y a la construcción de las instalaciones, el supuesto socio figura como titular de la empresa y se encarga de la explotación, en calidad de habilitado, situación que le permitirá, a los años, transformarse en socio”1.
Con esta metodología non sancta, estos grupos familiares alcanzaron extensiones inéditas de territorio en la región. Los Braun llegaron a acaparar 1.500.000 hectáreas sólo en Santa Cruz, además de las tierras que habían tomado posesión en Chubut, Tierra del Fuego y Magallanes. En Tierra del Fuego, la acumulación de tierras tuvo como exponentes al grupo Braun Menéndez con 815.000 hectáreas de las cuales 245.000 eran fiscales, Bridges y Reynolds con 120.000 que incluyen a 70.000 fiscales, y José Montes con 120.000 y 70.000 fiscales2.
En 1920, “Mauricio Braun, hijo de aquel Elías Braun, poseía en sociedad con su hermana Sara Braun la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego que llegó a disponer de 1.376.160 hectáreas (…) Las tierras arrendadas en la Tierra del Fuego sumaban 572.950 hectáreas. Es decir, 1.857.017, de las cuales 1.284.067 del dominio privado. (...) Pero Mauricio Braun no sólo poseía toda esa tierra sino mucho más. A principios de siglo ya era propietario de la Compañía Minera Cutter Cove, de explotación del cobre; del Banco de Chile y Argentina, con sucursales en las poblaciones portuarias santacruceñas: Río Gallegos, Santa Cruz y San Julián, y la casa matriz en Punta Arenas. De ahí pasa a la propiedad de los frigoríficos de la Sociedad South American Export Syndicate ltd., con planta en Río Seco, Punta Arenas y luego en Puerto Deseado y Río Grande, en la Argentina, y los de Puerto Sara, Puerto Bories y Puerto Natales, en Chile. Funda además la compañía de seguros La Austral, y participa de la compañía telefónica de San Julián, la compañía de electricidad de Punta Arenas y la usina eléctrica de Puerto Santa Cruz. Aparte poseía la curtiduría La Magallanes fábrica de calzados y la Sociedad Explotadora de Lavaderos de Oro”3.

La isla alambrada
Mientras se consumaba el aniquilamiento aborigen, la explotación agropecuaria se fue expandiendo hacia zonas hasta entonces vírgenes dentro de la isla. En 1905, la cantidad de cabezas ovinas alcanzaba el millón y medio. La evolución de la calidad y los rindes se manifiesta en la incorporación de la raza Lincoln (que ofrecía vellones de hasta seis kilos) y Corriedale (de la que se obtenía buenos rendimientos en carne y lana) ya en la primera década del siglo XX.
La modalidad productiva regional generaba tasas de ganancias notables pero no incentivaba la necesidad de atraer a la zona grandes contingentes humanos. “Debe notarse, a los efectos pobladores, que la cría de la oveja no exige una planta funcional humana muy numerosa, salvo en época de esquila. De ahí que el esfuerzo colonizador fuera sobrellevado por pocos, y una vez saturadas las necesidades ganaderas, industriales y comerciales de las estancias, sobrevinieron períodos de estancamiento poblador, transitoriamente modificados por afluencias golondrina atraídas por la esquilada”4.
La expansión de la explotación ovina y los buenos resultados obtenidos en la comercialización exterior produjeron una rápida acumulación primitiva de capital que fue generando la necesidad de inversiones aleatorias que canalizaran esos recursos económicos.
Así, en 1906, los Menéndez Behety instalaron la Grasería y Fábrica de Conservas con un costo de 50.000 libras esterlinas y faenaban diariamente unos mil quinientos animales5. Luego, en 1916, habilitaron el Frigorífico de Río Grande, que llegó a concentrar hasta ochocientos operarios en sus momentos de apogeo donde se procesaban carnes ovinas, producían conservas, extracto de carne y curtían cueros. En 1918, se concretó la primera exportación de carne congelada hacia Inglaterra.
La mano de obra debía contratarse en Buenos Aires o en Punta Arenas; y a los interesados debían ofrecerle condiciones de trabajo y sueldos atractivos para tentarlos a aventurarse en un lugar tan inhóspito. “El personal, ya sea peones, capataces o empleados, está alojado en confortables casas-habitación (...) Se han terminado en este año 1920, dos grandes y espaciosas casas destinadas una para alojamiento de peones (capacidad 200 hombres) y otra con destino exclusivo a comedores y cocina para 400 hombres, contando este edificio con una excelente panadería, servicios de drenaje, dormitorios para cocineros y mozos, estando sus pisos construidos de cemento armado e iluminado con luz eléctrica, y puede considerarse una construcción modelo en su género”6.
Por otro lado, el magnetismo de la prosperidad fue impulsando a nuevos contingentes de ganaderos que hicieron avanzar la frontera agropecuaria hacia el interior fueguino. Así, se incorporaron los medianos y pequeños estancieros que ocuparon nuevas tierras a partir de diversas normas que lo consintieron en forma casi irrestricta.
La región fue ocupada “por gente que ha nacido para obedecer y otros que se han hecho ricos porque son fuertes por naturaleza. Y allá, fuerte quiere decir casi siempre inescrupuloso. Pero es que tienen que ser así: la Patagonia es tierra de hombres fuertes. Allí la bondad es signo de debilidad. Y a los débiles los devora el viento, el alcohol o los otros hombres. Esos blancos que han ido a conquistar la Patagonia, así, con todos sus defectos, son pioneros. Allá llegaron, allá organizaron, se plantaron y allá comenzaron a cosechar la riqueza con el cucharón de la abundancia. El que se queda y aguanta y además no es flojo de sentimientos, se enriquece. Sin ayuda de nadie. Y por eso creen ser dueños de toda la región. ¡Guay de los que quieran quitarles lo que es suyo, lo que conquistaron luchando contra la naturaleza, la distancia, la soledad!”7.

Inmigrantes insumisos
La influencia alcanzada por Punta Arenas no tuvo sólo manifestaciones en el orden económico y empresarial, sino que también produjo una fenomenal influencia de la incipiente organización sindical y de las primeras expresiones de rebeldía y descontento de los asalariados.
La zona magallánica chilena recibió una afluencia notable de inmigrantes de origen europeo, quienes además de sus escasas pertenencias transportaban sus concepciones hacia sus nuevos destinos americanos.
A fines del siglo XIX, se vivía una continua inestabilidad política originada por las confrontaciones sociales. Las ideologías del movimiento obrero estaban en un constante crecimiento y prosperaban los debates que germinaron en diversas agrupaciones anarquistas y socialistas. El mutualismo fue una de las primeras manifestaciones del influjo europeo en la zona magallánica. En 1893, surgió en Punta Arenas la primera entidad mutual, luego se multiplicaron agrupando a inmigrantes por nacionalidad. También adoptaron un carácter de incipiente organización gremial, como las entidades que nuclearon a carpinteros, empleados de comercio, fogoneros y marineros8.
Los comienzos de la vida gremial reivindicativa en la zona magallánica fueron muy dinámicos. El historiador Marcelo Segall no dudó en calificarlos como “el más importante proceso de lucha social de América Latina”.
El 7 de abril de 1896 se produjo una de las primeras huelgas, “cuando los obreros que se dedicaban a la construcción de lanchas cisternas iniciaron un movimiento de tres o cuatro días solicitando un incremento de sus salarios de sus abonos diarios”9.
El 27 de diciembre de ese año se creó la Sociedad Obrera y tres meses después se convirtió en Unión Obrera y celebraba el 1º de mayo “a sólo 11 años de la tragedia de Chicago, con asistencia de gran número de sus miembros”10.
En diciembre de 1897 apareció El Obrero que fue editado como “órgano de la Unión Obrera y defensor de los intereses de la Clase Trabajadora”. Luego, surgieron organizaciones que tendieron a agrupar los distintos oficios existentes en la ciudad: los albañiles (1902), panaderos (1905), metalúrgicos (1905) y empleados de comercio. Poco después, se creó el Centro Social Unión Internacional de Obreros y Trabajadores (1909), la legendaria Federación Obrera de Magallanes (FOM) (1911) y el Centro de Resistencia Oficios Varios, con posturas mucho más radicalizadas11.
Los pioneros gremiales cuentan sus primeros pasos: “Se inició una activa propaganda de organización en las diversas regiones de Patagonia y Tierra del Fuego, captándose gran cantidad de socios por el malestar existente debido a las condiciones deplorables en que vivían los trabajadores”12.
La vida de los asalariados era muy penosa, en Bahía Inútil de la Sociedad Explotadora (Tierra del Fuego) se la describe de la siguiente manera: “Las habitaciones que esta estancia destina a sus trabajadores son los establos en que guardan los caballos durante el invierno; son ellas sucias, mal olientes, llenas de estiércol, sin forro por dentro y llenas de aberturas por donde se cuela el viento portador de bronquitis, pulmonías, constipados y otras enfermedades derivadas del cambio brusco de aire; el patio que rodea estas habitaciones, si es que pueda dárseles tal nombre, está lleno de lodo, estiércol y desperdicios de comida, que fermentan con los calores del verano haciendo en los días de calma, una atmósfera asfixiante difícil de respirar. (...) El trato que dan a los trabajadores los capataces y demás empleados superiores es autoritario, humillante, sobre todo para los chilenos a quienes quieren afrentar llamándoles chilotes, esto es, según ellos, indios; no hay en ellos el tono del jefe que manda sino del amo que ordena y a quien hay que obedecer sin replicar...”13.
La organización obrera tuvo particularidades interesantes. La FOM estaba dividida en cinco zonas; en cada una de ellas se nombraba un inspector viajero y en cada estancia un delegado obrero. Los delegados eran elegidos por los trabajadores y percibían un sueldo de la entidad gremial, su misión era hacer cumplir los contratos colectivos de trabajo por parte de patrones y obreros. Eran elegidos de entre los más preparados, cultos y de más recto comportamiento. En tanto, los inspectores viajeros vigilaban la conducta de los delegados en las estancias y daban cuenta a la FOM de las irregularidades que observaban tanto de obreros como de patrones14. Cabe consignar que la entidad no tomaba en cuenta los trazados fronterizos y consideraba como parte de su esfera de actuación a los trabajadores que se desempeñaban en la parte argentina de la isla Grande de Tierra del Fuego y en Santa Cruz.
En la segunda década del siglo XX, comienza a agitarse el campo gremial a partir de un inusitado crecimiento de los precios de los artículos de primera necesidad. En febrero de 1912, se llevó a cabo una concentración de protesta en cuya proclama se sostenía que “La burguesía nos sitia por hambre, mientras ella derrocha nuestro sudor en suntuosos festines. Es preferible a rendir la vida por la miseria, morir combatiendo a nuestros esplotadores (sic) capitalistas y a nuestros tiranos los gobernantes”. A pesar de que la FOM no concurrió al acto, los trabajadores se congregaron y decidieron la convocatoria a una huelga general. Cuatro días después el paro era casi total.
La detención de algunos sindicalistas exaltó mucho más los ánimos y llevó a la FOM a ponerse a la cabeza del movimiento. Luego de siete días de agitación se logró la fijación de precios máximos y concluyó la huelga.
A fin de ese año, comenzó a gestarse otra huelga de los peones rurales, que tuvo su primer acto en la poderosa estancia San Gregorio, luego se extendió a la estancia Meric y a otros establecimientos. La necesidad de difundir el movimiento huelguístico llevó a un grupo de delegados a dirigirse hacia Tierra del Fuego. “Desafiando el mal tiempo que reinaba esa noche, lograron poner pie en la playa de Porvenir en las primeras horas de la mañana del lunes (12 de diciembre), siguiendo luego viaje unos para Río del Oro, San Sebastián y Bahía Inútil llevando instrucciones para comunicarnos a los asociados de las estancias y las demás de la Tierra del Fuego chilena y argentina”15.
Unos días después la huelga era general y hasta el propio monseñor José Fagnano intercedió ante los dirigentes gremiales para que recapacitaran porque “la gente deseaba trabajar”. La respuesta gremial fue que estaba “desinformado” y lo instaron a que hablara ante la concurrencia. Luego “de dos horas de hablar con los huelguistas tuvo que retirarse con la convicción de que no volverían tan fácilmente al trabajo, mientras no se accediera a lo que habían pedido”16. La admisión por parte de los Braun de las demandas obreras allanó la solución del conflicto y el fin de la huelga.
En 1915, con el inicio del año se desenvolvió otro proceso huelguístico con centro en Puerto Bories. El gremio de los carniceros reaccionó airadamente ante el intento patronal de suplantar a algunos de ellos por otros traídos de Buenos Aires. La imposición de modalidades de trabajo no aceptadas, llevó a que dos obreros fueran apresados y trasladados a Punta Arenas. Luego se sumaron otros detenidos.
La reacción popular fue fulminante y en una movilización participaron unas tres mil personas exigiendo la liberación de los trabajadores. Al ceder los gobernantes a los reclamos, el proceso huelguístico se frenó.
A mediados de 1916, el movimiento gremial se reactivó nuevamente. En julio, se paralizó la actividad en la mina Loreto por la falta de pago puntual de los salarios. Luego de veinte días de lucha, arribaron a la firma de un convenio que satisfizo las demandas de los trabajadores; además del compromiso de pago del 1º al 3 de cada mes, obtuvieron un aumento salarial del 15%. Este triunfo de los mineros comenzó a incentivar los reclamos de obreros de otros gremios.
El 1º de diciembre de 1916, la FOM difundió un documento que generó inquietud entre los empresarios de toda la región: “Tened bien entendido, trabajadores, que en esta lucha, a la cual debéis aportar todo vuestro entusiasmo, toda vuestra fe, toda vuestra energía, se decidirá la suerte de los trabajadores (...) Los ganaderos tienen ya vendidos de antemano sus productos (lanas y carnes) a los mercados europeos, y si vosotros esquiladores y trabajadores les negáis vuestro trabajo ellos perderán sus ganancias. Esperamos que cada obrero sabrá cumplir con su deber”17.
El movimiento huelguístico se extendió rápidamente, lo que demostraba el grado de insatisfacción de los trabajadores. Se inició en todas las estancias de la costa y centro de la Patagonia, hasta Laguna Blanca.
Tres días después, estaba paralizada toda la región chilena de Última Esperanza. Los huelguistas se concentraron en Puerto Natales, los patagónicos marcharon hacia Punta Arenas. “Las estancias de la Tierra del Fuego chilena y argentina están de paro, los trabajadores se encuentran en Porvenir y otros han venido ya en los vaporcitos que han pasado por allí. Este movimiento de suspensión de trabajo ha sido simultáneo en toda la región y se ha llevado a cabo con el mayor orden y respeto a las autoridades y patrones”18. Una de las cuestiones que más indignaba a los trabajadores era que “el más grande de los ganaderos, don Mauricio Braun, ha encarecido la vida en general de la población en un 40%”19.
En el transcurso del prolongado conflicto, los trabajadores tuvieron que enfrentar a rompehuelgas traídos desde Buenos Aires y la intimidación ejercida por los efectivos uniformados que, además de reforzarse con tropas de otros lugares y asociarse con sus colegas argentinos para enfrentar el movimiento, se instalaron en las estancias para “resguardar el orden”.
La huelga se prolongó hasta el 18 de enero de 1917, donde se alcanzó un acuerdo formalizado a través de un convenio colectivo de trabajo y signó uno de los primeros grandes triunfos de las luchas obreras de la región.
Estos conflictos generaron la agitación suficiente para que la FOM promueva una campaña por la conquista de las ocho horas de trabajo. En ese marco, se produjo un allanamiento a la sede gremial y fueron detenidos tres de sus dirigentes, lo que acrecentaba el clima de tensión. Uno de los actos gremiales fue reprimido por efectivos de Carabineros y de la Marina que produjo la muerte del obrero Daniel Avendaño y otros siete heridos de gravedad. Esto agravó mucho más la situación y obligó a las autoridades a negociar con los gremialistas. Para allanar el camino, se liberó a los detenidos y en los primeros días de enero de 1919 se llegó a la firma del convenio que puso fin al conflicto.

La comuna de Puerto Natales
En enero de 1919, ocurrió uno de los primeros grandes enfrentamientos entre obreros y policías. Los trabajadores movilizados no sólo doblegaron a los uniformados, sino que ocuparon la ciudad de Puerto Natales.
A seis kilómetros de esa localidad se encuentra Puerto Bories; el frigorífico allí instalado, en 1914, propiedad de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, se convirtió en la más dinámica industria de la zona. En diciembre de l918, se decretó la huelga general de un millar de obreros en demanda de incremento de salarios. Se llegó a un acuerdo, pero la situación conflictiva no varió.
El 20 de enero, a partir de un reclamo de los maquinistas ferroviarios, se plegaron todos los trabajadores, quienes se reunieron en una asamblea masiva y aprobaron sus reivindicaciones: ocho horas de trabajo y reincorporación de veinte carpinteros que habían sido cesanteados, y la respuesta patronal debía estar formulada en 24 horas. Cuando los propietarios accedieron al reclamo, la asamblea obrera incorporó otras demandas como abaratamiento de los artículos de primera necesidad y de los alquileres.
En medio de los debates, se llegó a proponer el incendio de la sede de la empresa Braun y Blanchard, si no se recibía una respuesta definitiva en 24 horas. El representante de los empresarios terminó aceptando todos los reclamos. Se acordó una rebaja del 30% de los productos de consumo y del 40% de fletes y pasajes, entre otros puntos. Así, tres días después finalizó el conflicto en el Frigorífico Natales. Pero, en Puerto Bories, la situación se agravó. Una disputa entre un trabajador que reclamaba por el pago de su trabajo de pintura y el administrador inglés que se negaba a hacerlo, derivó en un tiroteo con el ejecutivo herido de gravedad.
El enfrentamiento duró seis horas y se fueron incorporando carabineros y el resto de los obreros, con un saldo de cuatro obreros y cuatro carabineros muertos y veintiún heridos. Cuando se enteraron en Puerto Natales, los obreros abandonaron sus tareas y fueron en busca de armas para cobrar venganza. Asaltaron la casa Braun y Blanchard para proveerse de armas y víveres para después incendiarla. Idéntica acción se desencadenó contra el cuartel de Policía y el Juzgado.
Efectivos de Carabineros e Infantería de Marina ocuparon posiciones en la ciudad y arribó el juez ordenando la detención de veintidós protagonistas de los sucesos.
La escalada de conflictos alarmó de manera inusual a las autoridades. El gobernador de Punta Arenas remitió a su colega de Santa Cruz un alerta: “Después de incendiar el establecimiento de Bories y media población de Natales, un ejército de 500 obreros armados y en actitud revolucionaria, se dirigían hacia las fronteras argentinas, camino de Gallegos, con el exclusivo objeto de llevar a cabo una revolución social en el expresado pueblo de Gallegos”20. Dejando en evidencia la estrecha colaboración existente entre las autoridades de los dos países con el fin de enfrentar las movilizaciones obreras.
Al decir de Luis Vitale, “los sucesos de Puerto Natales merecen especial consideración, porque los trabajadores, por primera vez en el siglo XX, fueron capaces de tomar el poder local durante varios días”21.

Masacre en la FOM
A pesar del desenlace del proceso anterior, las convulsiones sociales se prolongaron hasta los primeros años de la siguiente década. En 1920 se sucedieron conflictos en el gremio de mar y playa, mineros y en la isla Dawson.
La nueva oleada huelguística despertó la reacción de los poderosos, quienes aprovecharon un posible enfrentamiento bélico chileno-peruano para volcarse en contra de los reclamos obreros. El estado de crispación social generó intranquilidad entre los sindicalistas, quienes comenzaron a custodiar la sede de la FOM en prevención de posibles ataques.
El 25 de julio de 1920 los empresarios, funcionarios civiles y militares y sectores nacionalistas hicieron un acto y los oradores incentivaron el odio hacia los trabajadores arengando contra “el comunismo anárquico”. Dos días después, la polarización se traducía en un operativo cívico-militar contra la entidad.
En la madrugada, un numeroso piquete de policías, militares y civiles atacaron la sede sindical para arrasar con vidas y bienes. Según testimonios recogidos por Carlos Vega Delgado, unas sesenta personas desataron su furia contra ese símbolo de la lucha obrera. Uno de los objetivos era la destrucción de la imprenta obrera, que durante años permitió la comunicación, la concientización y la organización de los asalariados de la región.
Establecieron una “zona liberada” en las inmediaciones de la sede, cortaron el agua para impedir el combate del incendio, efectivos policiales obstaculizaron el accionar de los bomberos y los obligaron a retocar su informe. El diario El Magallanes durante cuatro días silenció estos trágicos sucesos.
El único periódico que informó sobre el atentado fue The Magellan Times, que hizo la siguiente descripción: “un poco antes de las tres de la madrugada, la ciudad entera fue alarmada por el estallido de descargas de rifle. Esto continuó en ráfagas y disparos por más de media hora, cuando el edificio de la Federación Obrera fue visto en llamas. El fuego se extendió rápidamente y para cuando la alarma de incendio fue dada, otra media hora después, el vecindario completo estaba iluminado como un mediodía”, el resultado fue “la más completa destrucción del local de la Federación Obrera, la sala del cinematógrafo, la imprenta y tres casas contiguas. (...) Parece que un gran cuerpo de hombres enmascarados atacó el local de la Federación con la idea de destruir la imprenta, a causa de los artículos anárquicos y antipatrióticos recientemente publicados en su periódico quincenal El Trabajo”.
Los trabajadores estaban esperando el ataque, “tenían una guardia armada de unos veinte hombres, preparados para recibir el asalto y la resistencia fue tan desesperada que la guardia sólo fue reducida cuando el edificio estalló en llamas. (..) Tres cadáveres carbonizados fueron recobrados de las ruinas (...) No se ha descubierto quienes y cuantos fueron los baleados, pero en la Cruz Roja se consigna que fueron atendidos catorce obreros”.
Luego del suceso “fue declarada una huelga general, pero todos los intentos por realizar una reunión pública, por parte de los huelguistas, fueron impedidos por (…) patrullas de policía montada (...) se cree que la mayoría de los líderes están arrestados”22. A pesar de esas condiciones, se pudo llevar a cabo una manifestación de unas 400 personas que repudiaron la barbarie.
El operativo antiobrero continuó con persecuciones contra los dirigentes gremiales. Por ejemplo, en una mina de la Compañía Menéndez Behety se intimó a los obreros que paralizaron sus actividades a que cesen la medida o serían expulsados. La patronal y la policía, con una “lista negra” en la mano, se dirigieron a las habitaciones de los trabajadores apuntados para retirarlos del lugar. Muchos obreros huyeron hacia el monte para evitar la “caza de brujas”.
Esta tragedia tuvo una investigación judicial inconsistente. En septiembre de 1921, el proceso fue cerrado por el procurador fiscal. En tanto el veredicto popular apuntaba a la cúpula policial y militar de la región como los responsables de los crímenes y a los grandes empresarios como sus inspiradores. La barbarie continuó con crímenes y desapariciones nunca esclarecidos, con el fin de terminar con el sindicalismo magallánico y generar pánico con el accionar policial y parapolicial.

La peonada rebelde
Estas confrontaciones obrero patronales permiten visualizar la influencia que tuvieron en los sucesos que se desencadenaron con posterioridad en Santa Cruz.
Desde el centro a la periferia, desde “La Perla del Sur” hacia los campos fueguinos y santacruceños, todo obstáculo fue derribado al paso de la obsesión por acaparar tierras. Los terratenientes llegaron antes que las instituciones estatales, por esa razón, impusieron “su ley” y sus condiciones inflexibles a los exponentes del poder central. Los delegados estatales se fueron convirtiendo en sus aliados, amigos y socios. Uno de los ejemplos más destacados fue el del gobernador Edelmiro Correa Falcón, quien al mismo tiempo fue nombrado secretario de la Sociedad Rural de Río Gallegos.
Su poderío se extendió hacia Buenos Aires, donde trasladaron más tarde sus casas matrices, y encontraron una “receptividad” especial en su juego de influencias, presiones y lobbies para legalizar sus posesiones, preservar sus negocios y mantener un dominio inexpugnable en la región patagónica -magallánica.
José María Borrero así describe este proceso: “En Buenos Aires nadie conoce bien el Territorio, a excepción de los Menéndez Behety que lo explotan. (…) Se sabe que el Territorio produce lana y nada más (...) El manipuleo y demás no ha llamado la atención del Gobierno, encantados sus hombres con saber que salen de Santa Cruz muchos millones de kilogramos de lana, vendida en Europa a precio de oro. (…)
Para los estancieros de Santa Cruz no existe, por lo tanto, otra ley que la que les marca su propio interés (...) El contrabando de mercaderías generales asume también proporciones increíbles. Se introduce y se exporta clandestinamente, al amparo de la falta absoluta de vigilancia y también de la misma ‘complicidad de la Policía del Territorio’.
(…) Si me he detenido en estos breves detalles sobre los contrabandos y la forma cómo proceden las sociedades anónimas de Santa Cruz, ha sido simplemente para que resalte la equivocación del gobierno al prestar a los que en realidad son ‘los verdaderos bandoleros del Sur’ su apoyo moral y material, que permitió las ‘masacres’ humanas de 1921, recuerdo que horroriza cada día más”23.
En el marco de semejante desproporción de fuerzas sociales se producen los primeros intentos de organización gremial y concreción de medidas de acción directa en pos de mejorar las condiciones de vida extremas de los peones rurales y del resto de los trabajadores de la región.
Para intentar superar tantos obstáculos y ofrecer resistencia a un poder casi absoluto, los trabajadores se dotaron de una dirigencia que predicaba mayoritariamente el ideario anarquista y que, basada en sus férreos principios y combatividad, afrontaba con apasionamiento y voluntad de sacrificio asombrosos esas dificultades.
Los triunfos sindicales fortalecieron a la organización obrera hasta un punto intolerable para los estancieros. En pos de recuperar el poder absoluto, masacrar a mil quinientos obreros fue sólo una anécdota para los dueños de la región.
En 1910 fue fundada la Federación Obrera de Río Gallegos (FORG). El primer movimiento huelguístico se produjo en la estancia “Mata Grande”, de Guillermo Patterson. El 15 de noviembre de 1914 llegó como delegado de la entidad el español Fernando Solano Palacios por las reiteradas denuncias y protestas de los hombres de campo. Se presentó a Patterson y le exigió que los obreros rurales no pagasen más la comida, que no se cobrasen los peines y cortantes que se destruían durante la esquila, y que el pago del médico fuera voluntario.
El estanciero no sólo rechazó la petición sino que trató de echar al dirigente de la FORG. Palacios resistió, se alojó con los peones y el día siguiente se declaró la huelga. Pero la Justicia actuó ante el pedido patronal y detuvo y procesó a los sindicalistas. Palacios fue condenado a un año de cárcel por propiciar la primera huelga de la región.
Pero el paro se extendió a todas las estancias de los alrededores de San Julián. “Las peonadas habían bajado hasta el puerto y allí se pasaban haraganeando a la espera que los patrones revienten y tengan que llamarlos porque se estaba en plena época de esquila”24.
Los estancieros contrataron esquiladores en Buenos Aires para sustituir a los huelguistas, pero al llegar al puerto fueron recibidos violentamente por los piquetes obreros. Los policías, que protegían a los desembarcados, recibieron más de cuarenta disparos. Luego iniciaron una persecución contra los activistas obreros que arrojó el saldo de 69 detenidos. De esta manera concluyó la primera experiencia huelguística. Si bien el resultado poco favorable, los movimientos huelguísticos se reiteraron en los años sucesivos.
En numerosas oportunidades las luchas magallánicas repercutieron entre los trabajadores santacruceños. Se desarrollaron reiteradas muestras de solidaridad que retroalimentaron los vínculos.
A pesar de que se agitaba la defensa de la soberanía territorial y que se utilizaba el fantasma de las apetencias de tierras de los gobernantes chilenos como una forma de distraer la atención de las luchas sociales, los funcionarios de ambos países dieron excesivas muestras de trabajo mancomunado, de tolerancia para que los uniformados atravesaran las fronteras para perseguir a los revoltosos y de casi un mando unificado para enfrentar “al peligro apátrida”.

Los peones se sublevan
En los comienzos de 1920 la situación se agravó notablemente. La colocación de lanas en el mercado mundial sufrió la caída de los precios y el abarrotamiento de la materia prima en los depósitos ingleses hizo más inflexible todavía la posición de los estancieros.
Por otro lado, los trabajadores habían avanzado en su organización y en su conciencia de que la lucha de clases era la única forma de mejorar sus condiciones de vida.
En junio de ese año, se produjo un movimiento huelguístico en la estancia “La Oriental” en reclamo de mejores condiciones de vivienda y de pago de los jornales. Con la colaboración de la policía chubutense, la huelga fue aplastada y sus dirigentes golpeados, encarcelados y enviados a Buenos Aires procesados por la Justicia; luego fueron expulsados por el gobierno radical por ser extranjeros.
Un mes después, se desató el conflicto en los sectores gastronómico y portuario, sólo los primeros salieron airosos de la huelga.
Los estancieros, con el gobernador a la cabeza, lanzaron una ofensiva sobre la entidad obrera. En momentos que se estaba desarrollando una asamblea, la policía allanó la sede y detuvo a una decena de dirigentes, entre ellos al español Antonio Soto. A pesar de la orden de liberación emanada de un juez, Correa Falcón la desoyó y se propuso aplastar al movimiento gremial. La reacción obrera no se hizo esperar. La huelga se extendió hacia el campo y numerosos contingentes de peones abandonaron sus tareas y marcharon hacia Río Gallegos.
En la ciudad, la policía se mantuvo activa persiguiendo y golpeando a los obreros rurales. En el allanamiento a una imprenta, fueron detenidos otros quince sindicalistas y la situación se agravó notablemente. Finalmente, el 1º de noviembre fueron liberados todos los detenidos. Pero esta confrontación fue el preludio de la huelga más grande de la Patagonia, que se estaba gestando.
La llegada a la ciudad de una gran cantidad de peones rurales, permitió a la conducción obrera organizar y adoctrinar a numerosos delegados obreros que retornaron hacia las estancias con la idea clara de organizar un nuevo movimiento por sus reivindicaciones25.
Una vez largada la huelga, numerosos peones iniciaron nuevamente su peregrinación hacia Río Gallegos. Al comienzo del conflicto, unos doscientos deambulaban por la ciudad; un par de semanas después, la cifra alcanzó a unos quinientos, generando una gran inquietud entre empresarios y autoridades.
Simultáneamente, surgió otro proceso movilizador en el campo, liderado por los apodados “68” y “Toscano”, Lorenzo Cárdenas, Bartolo Díaz y Florentino Cuello, que lograron paralizar todo el sur provincial; su método era tomar estancia por estancia, llevándose como rehenes a propietarios, administradores y capataces y engrosando sus filas con los peones que se sumaban masivamente al movimiento.
El fortalecimiento del proceso huelguístico fue impulsando a una mayor audacia obrera. Este contingente fue acaparando armas y municiones, frenó el intento de instalarse en las estancias de un nutrido contingente de rompehuelgas y se enfrentó a tiro limpio con efectivos policiales, poniéndolos en retirada con varias bajas.
Los policías, a medida que se agudizaba el conflicto, empleaban métodos represivos más salvajes.
Ante la campaña desplegada por los ruralistas en Buenos Aires, el presidente Hipólito Yrigoyen determinó el envío de un contingente del Batallón 10 de Caballería, comandado por el teniente coronel Héctor Benigno Varela. Casi simultáneamente con la llegada de las tropas, se produjo el relevo del gobernador. El nuevo funcionario intentó una mediación que finalmente alcanzó la resolución del conflicto y el inicio de la zafra lanera.
En el convenio firmado se concedió todo lo reclamado por los trabajadores y se aceptó que los actos violentos producidos por los huelguistas no fueron de su responsabilidad.
La finalización de este largo conflicto generaba entre los obreros la esperanza de que se iniciara un período de paz. En poco tiempo, se dieron cuenta de que estaban equivocados26.
La situación límite en que vivían los peones rurales se reflejaba en los puntos conquistados en el convenio, que podría haber cambiado notablemente sus condiciones de vida. El texto abolía una especie de cajones donde dormían a los que llamaban camarotes, imponía un tope de tres hombres por dormitorio de cuatro por cuatro, suministro de agua abundante, iluminación en las viviendas, una tarde por semana para lavar las ropas, tres platos de comida diarios, botiquín sanitario con leyendas en castellano, suspensión de las tareas a la intemperie con viento o lluvia, reconocimiento sindical y salario mínimo de cien pesos.

Genocidio sureño
A pesar de lo elemental de las reivindicaciones, los estancieros sólo las aceptaron temporalmente. Una vez saciada su necesidad, desconocieron lo que habían firmado y recurrieron a sus influencias en el poder para liquidar la fuerza de los trabajadores.
En febrero de 1921 la huelga recomenzó. El paro fue prácticamente total y el movimiento sindical conquistó la adhesión y solidaridad de la población urbana, que protegió a los activistas sindicales que fueron perseguidos por los efectivos militares y policiales.
Los enviados del presidente Yrigoyen intentaron negociar con los ganaderos, pero estos no cumplieron lo pactado y la huelga se generalizó. La agudización del conflicto fue empujando a los protagonistas hacia un camino de no retorno. Las reivindicaciones sindicales devinieron en consignas de enfrentamiento frontal al sistema, una rebelión que fue en ascenso tanto en sus demandas como en su metodología. Los reiterados incumplimientos de los poderosos, la conciencia de que mejorar sus paupérrimas condiciones de vida era posible y la fortaleza de su lucha, llevó a los trabajadores rurales a un enfrentamiento por el todo o nada.
La dinámica del movimiento fue utilizada como un ariete para presionar al gobierno radical para que pusiera fin a la huelga; Yrigoyen envió nuevamente al teniente coronel Varela al frente de un nutrido contingente de efectivos de caballería.
En agosto, una manifestación obrera fue atacada a balazos por agentes provocadores de los latifundistas, ocasionando decenas de víctimas. La reacción obrera fue decretar la huelga revolucionaria.
Las tropas del Ejército cercaron a los grupos obreros que habían ocupado los cascos de las estancias. Varela aprovechó la confianza que había conquistado en su anterior incursión, para avanzar en el exterminio de los dirigentes y activistas. También, jugaron en contra de los obreros las enormes distancias, el aislamiento y la incomunicación entre los contingentes gremiales. Esto fue muy bien aprovechado por el militar para aplastar al movimiento. Así, los huelguistas fueron aniquilados grupo a grupo.
Una vez que se rendían, los estancieros acompañaban a los uniformados para señalar a los más activos, que eran fusilados de inmediato. Las cifras del genocidio dan cuenta de un exterminio superior al millar de trabajadores. La población santacruceña sufrió un descenso de casi siete mil personas entre dos censos nacionales.
El balance oficial de esta barbarie nunca se conoció. Durante varias décadas se mantuvo en el más celoso ocultamiento. Sólo la investigación realizada por Osvaldo Bayer permitió sacar a la luz la magnitud de la represión militar, la matanza ocasionada y las complicidades entre los poderes económicos y los ocasionales gobernantes.

La movilización de los peones fueguinos
Las huelgas santacruceñas y magallánicas, a comienzos de la década de 1920, tuvieron algunas manifestaciones de menor intensidad en la parte argentina de Tierra del Fuego. Dada las similares características productivas y la proximidad geográfica, la conflictiva situación regional se reflejó de una forma proporcional en el poblamiento y desarrollo económico. En esa época, la isla no pasaba de ser una zona marginal dentro del rubro productivo predominante en la región.
Encontrar las constancias de esos movimientos reivindicativos no resultó sencillo, sólo algunas huellas permitieron concluir que Tierra del Fuego no estuvo aislada del drama que conmovió a la región.
Un primer indicio fue brindado por Lucas Bridges, quien relata la llegada a la estancia Viamonte de un contingente de activistas anarquistas que intentaban convencer a los peones para que se organicen y se sumen a las luchas gremiales, denunciando las enormes ganancias que obtenían a costa de sus sufrimientos. Los gremialistas hablaron en una asamblea ante “alrededor de ochenta peones, entre ellos cuarenta onas” fueron presionados por un colaborador de Bridges de apellido Arévalo, con antecedentes criminales, quien “se abalanzó de repente sobre el orador vociferando horribles amenazas y desafiándolo a pelear para destriparlo. Luego sacó su enrome cuchillo y le cruzó la cara de un planazo”, intimándoles a que abandonen el lugar, cosa que hicieron rápidamente, según Bridges27. Esta referencia, permite confirmar la presencia de militantes sindicales que trataban de sumar nuevos contingentes a sus organizaciones y a sus luchas.
Arnoldo Canclini señala de que el gobernador Fernández Valdés, entre 1915 y 1916, “se vio envuelto en la serie de problemas provocados por las huelgas de los peones”; y agrega que “para colmo de males, la agitación social del país repercutía en la capital fueguina, por la presencia de destacados líderes anarquistas en el presidio”28.
Según Juan Belza, el movimiento huelguista convocado por la FOM “alcanzó a los territorios argentinos de Santa Cruz y Tierra del Fuego, cuyos obreros eran en su mayoría chilenos”. Un día después el gobernador Fernández Valdés telegrafió al Ministerio del Interior un informe de la situación: “El comisario de Río Grande comunica que peones, frigoríficos y esquiladores de diversas estancias (...), suspendieron trabajos, mientras reciben instrucciones Federación Obrera Punta Arenas. Huelga es tranquila y según parece sólo adhesión a la declarada en otros parajes”29.
Al día siguiente el texto denota el agravamiento de la situación: “Huelga se generaliza en departamentos zona norte comenzando a forzar a obreros no afiliados. A pedido comisario Río Grande enviaré por vapor esperado mañana que Sociedad Menéndez Behety pone a mi disposición veinte gendarmes para auxiliar a personal aquellas comisarías donde sea necesario mantener el orden y hacer respetar libertad de trabajo. Calcúlanse en cerca de mil los obreros repartidos”30.
El 21 de enero de 1917 se firmó un convenio entre los obreros y patrones de Punta Arenas que superaba el estado de huelga que había agitado la zona magallánica. No obstante, la huelga en Río Grande se prolongó un mes más. En febrero el gobernador territorial comunicaba al poder central: “terminaba huelga sin novedad, dispongo regreso gendarmería destacada en Río Grande”. Belza advierte que “se preparaban las huelgas entre los trabajadores de las estancias del norte”31.

Atando recuerdos
Jorge Martinic Plastic, recuerda que en sus épocas de trabajador de estancia, “Un año antes que llegara yo, me contaba mi hermano, bajaba la gente de todas las estancias a la Primera (Argentina) a hacer asamblea, 1920, y había pedido que pararan y pidieron aumento de sueldo y no se quiso pagar nada, dijeron que nada, nada, nada... Entonces ellos perdieron como quince días, no pagaron sueldo, no pagaron nada. Obligado tenían trabajar en otra”32.
Sara Sutherland aporta sus recuerdos sobre esos acontecimientos, “el movimiento había empezado, habían movilizado. Yo era muy chiquita, tenía cuatro años y me acuerdo porque veía la desesperación de mamá y de la gente que había en casa... ¡Entonces vimos todos esos jinetes: un montón! De lejos se veían, en la Estancia Teresita en donde estaba mi padre como administrador. Llegaron hasta las casas y empezaron a dar vueltas... entraron y se empezaron a servir de todo lo que ellos querían. ¡Cargaban caballos cargueros con toda clase de cosas, eligiendo lo mejor! De allí se alejaron y se fueron a otras estancias de alrededor haciendo lo mismo. Si alguien les hubiera negado algo supongo que se hubieran puesto mal, pero con mi padre no pasó nada. Él les dejó sacar lo que quisieran y no sacaron demasiado tampoco, ni rompieron cosas, ni hicieron nada fuera de lugar”. Más adelante, afirma que “Los jefes venían del lado de Chile, de Punta Arenas, y preparaban la gente como si fuera una pequeña guerra. Pero antes de que ellos cumplieran con todos sus propósitos, llegó el aviso que la huelga había terminado” 33.
Rubén Maldonado, dirigente indigenista fueguino, hizo un relato a partir de referencias brindadas por sus mayores, en una ocasión “se juntaron más de 600 paisanos en el cabo Peña, de todas las estancias y se dirigieron a la estancia José Menéndez en reclamo de mejoras del sueldo y de otras cosas que pedían, que dormían en cuero, que le daban mala comida... En ese movimiento obrero entre 1921 y 1922, estuvo mi abuelo, que lo mandó Jorge Reynolls (administrador de la estancia Viamonte) como tropillero encargado de todos los caballos de esa estancia, de donde partió un grupo grande a la movilización”. La composición era muy mezclada, “había paisanos, muchos aborígenes, que vinieron a reclamar. Entonces el ejército venía también a reprimir a Tierra del Fuego y no alcanzó a llegar, porque el barco que los iba a traer tuvo un problema. Pero se cortó todo cuando se conoció la matanza en Santa Cruz, y cada gaucho volvió a su establecimiento rural”. Maldonado considera que a raíz de esas movilizaciones, el gobierno de Marcelo T. de Alvear decidió la creación de dos reservas aborígenes, la del lago Kami y la de Komo Suaike “para sacar a los indígenas de algunas estancias y de los centros poblados. Lo mismo pasó en Santa Cruz”34.
Emilia Susic de Bonifetti, antigua pobladora, ratificó y extendió el relato. Da precisiones sobre la fecha, ya que afirma que fue coincidente con la llegada de sus padres a Río Grande, “fue en el mes de noviembre de 1921”. Señala que fueron enviados gendarmes desde Río Gallegos a Ushuaia en prevención de conflictos obreros similares a los ocurridos en las estancias de Santa Cruz. Doña Emilia cuenta que sus padres se instalaron en El Tropezón, “en el lugar donde hay un puesto de (la estancia) María Behety. Ahí, mi padre tenía un almacén de ramos generales, planta baja y alta. A mi mamá todo le asombraba, recién llegada de Yugoslavia (...) Un día se sienta en la puerta del boliche mirando a la pampa, porque siente ruidos y el ruido que sentía era de muchos cascos de caballos... Mi mamá decía que era tanta la cantidad de caballos, que estaba sentada en la puerta de calle, miraba para la izquierda se perdía la gente de a caballo; hacia la derecha, hacia (la estancia) José Menéndez, no se alcanzaba a ver la punta de la columna, era impresionante la cantidad de huelguistas que venían”.
“Llegaron a José Menéndez -continúa-, entablaron conversaciones con el jefe de policía, y decidieron que lo iban a fusilar, lo pusieron en el palenque que estaba en el corral para amarrar a los animales ariscos. Lo estaban por ejecutar, cuando entra el comisario de Río Grande, Alejandro Lías Pol, que era español; éste, les dice: ‘bueno muchachos conversemos, qué es lo que quieren’. Los peones le dijeron que estaban cansados de trabajar y no tener las cosas que ellos necesitaban y que se proponían eliminar a las autoridades. Lías Pol quiso saber las demandas para ver si podía resolver algo. Los peones le contestaron: ‘carne, carne, papa nada; huelga, huelga, pues señor’. Parece ser que a la gente le daban carne y nada más. Los obreros pedían papa. La respuesta del comisario fue que se comprometía a hacer las gestiones ante las autoridades y que iban a tener una respuesta positiva, pero, les pidió, que no cometan un crimen”. Luego, agrega que “en la huelga del 21, no se cometió ningún hecho violento en la Tierra del Fuego argentina, aunque en la parte chilena sí hubo. En Santa Cruz fue una huelga bastante larga, fueron meses; acá no, llegó esa tanda de huelguistas que venían de San Sebastián, se armó ese lío, se resolvió la situación y de allí pegaron la vuelta”.
Con respecto a la existencia de caudillos obreros, responde: “yo sé que se conocían, pero yo no los conocí”, y agrega que “cuando se llega a un punto de disconformidad, como ocurrió con los obreros y no había eco, comunicación con el patrón, que a lo mejor ni lo conocían; eso produce a la larga un fermento, se empiezan a correr las voces, unos a otros trasmiten sus quejas y si hay alguno que oficia de cabecilla los incentiva para lograr los propósitos”35.
De esta manera, a partir de estas limitadas fuentes informativas, se puede confirmar la repercusión que tuvieron en la isla los intensos conflictos sociales que vivieron simultáneamente la provincia de Santa Cruz y la zona magallánica. Evidentemente, faltan muchas precisiones, pero esta acumulación de elementos coincidentes, de testimonios trasmitidos boca a boca, algunos recuerdos difusos y en parte contradictorios, permiten constatar que Tierra del Fuego no fue un hecho aislado en las confrontaciones sociales que se vivieron en las décadas de 1910 y 1920.



Notas
1. Barbería, Elsa Mabel: “Los dueños de la Patagonia Austral”. En Todo es Historia Nº 318, enero de 1994.
2. Expediente de Tierras 7018, citado por Juan Belza: En la Isla del Fuego. Tomo III. Publicación del Instituto de Investigaciones Históricas Tierra del Fuego. Buenos Aires, 1977. Pág. 147.
3. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. Pág. 26.
4. Belza, op.cit., pág. 16.
5. Memoria de 1910 de Fernández Valdez y Francisco Cubas. Citado por Belza, tomo III, página 54.
6. Raca, Juan Rodolfo. “El Frigorífico de Río Grande”. Revista Argentina Austral Nº 433. Publicación de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia. Buenos Aires, 1968.
7. Bayer, op.cit. pág. 25.
8. Vega Delgado, Carlos: La masacre en la Federación Obrera de Magallanes. Punta Arenas, 1996. pág. 27.
9. Vega Delgado, op.cit. pág. 19.
10. Crónica de El Magallanes del 6 de mayo de 1897, citado por Vega Delgado, op.cit., pág. 20.
11. Vega Delgado, op.cit. pág. 19.
12. Vega Delgado, op.cit., pág. 34.
13. Iriarte, Gregorio, citado por Vega Delgado. Pág. 34.
14. Vega Delgado, op.cit. pág. 71.
15. Iriarte, Gregorio, citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 39.
16. Iriarte Gregorio. citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 40.
17. En El Magallanes 2 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 62.
18. En El Magallanes, 5 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 64.
19. En El Magallanes, 7 de diciembre de 1916. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 65.
20. Periódico El Trabajo, 2 de marzo de 1919. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág.133.
21. Vitale Luis. Interpretación marxista de la historia de Chile. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág.153.
22. En The Magellan Times, 28 de julio de 1920. Citado por Vega Delgado, op. cit. Pág. 223.
23. Borrero, José María: La Patagonia Trágica. Asesinatos, Piratería y Esclavitud. Zagier y Urruty publicaciones. Buenos Aires, 1989. Página 38.
24. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. Página 36.
25. Bayer, Osvaldo: La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1992. página.
26. Bayer, Osvaldo, op.cit. pág…
27. Bridges, Lucas. Citado por Belza, en el Tomo III, página 108.
28. Canclini, Arnoldo: Historia de Tierra del Fuego. Plus Ultra, Buenos Aires, 1981.
29. Belza, Juan. En la Isla del Fuego. Tomo III. Publicación del Instituto de Investigaciones Históricas Tierra del Fuego. Buenos Aires, 1977. Pág. 107.
30. Belza, op.cit. pág.107.
31. Belza, op.cit. pág. 107.
32. Gutiérrez, Oscar Domingo: “Testimonio” publicado en la revista Impactos. Punta Arenas, junio 1992.
33. Boy, María Luisa y Repetto, Elida. A Hacha, Cuña y Golpe. Recuerdos de pobladores de Río Grande. Tierra del Fuego. Editado por la Municipalidad de Río Grande, 1995. Pág. 162.
34. Testimonios emitidos por el autor en el programa “Bajo el Asfalto”, por Aire Libre FM, Río Grande, 2 de noviembre de 1996.
35. Testimonios emitidos por el autor en el programa “Bajo el Asfalto”, por Aire Libre FM. Río Grande, 2 de noviembre de 1996.

Publicado en Todo es Historia de marzo de 2010

15 marzo 2010

Conversando con Anne Chapman

A través de su voz perviven las etnias fueguinas

La cita era a las cinco, en su casa de Belgrano, un edificio de tres plantas sin ascensor. Una construcción de mediados del siglo pasado que resiste con gallardía el acorralamiento que le proponen las construcciones de la modernidad, es el sitio que la cobija cuando reside en Buenos Aires. En la tercera planta, me recibió con la misma amabilidad que recordaba de entrevistas anteriores, me indicó el lugar que había designado para conversar, debimos atravesar una sala con sus paredes adornadas de libros y su estudio con un gran escritorio en forma de ele donde se desplegaban ejemplares de conchas marinas, su notebook y algunos mamotretos anillados, que luego me diría que eran sus diarios y que estaba revisándolos.
El ambiente elegido para conversar era un espacio ganado a una terraza poblada de macetas y plantas, que gracias a sus cuidados sobrellevaban el verano porteño. En el luminoso ambiente sobresalía en una de las paredes la portada enmarcada de su libro sobre Darwin en Tierra del Fuego.
El costado de una mesa redonda se convirtió en el escenario de nuestro diálogo. Su menuda figura se acomodó en una silla frente a mí y comenzó a desgranar sus vivencias sobre las etnias fueguinas. Su dulce voz se apasiona con los recuerdos: “Lola sabía que era la única que podía dar a conocer los cantos selk`nam y, a pesar de su dolor por la pérdida de sus doce hijos, casi todos de adultos, tenía momentos de alegría. Ella trasmitía sus conocimientos con la idea de que eran para mi patrón, para ella todos tenían un patrón. No sabía que no lo tenía, el único que podía ser considerado así era (Claude) Levi Straus…, Lola decía que eran para los del norte, para los tehuelches que eran a los únicos que concebía en ese lugar”. Su voz se enternecía cuando describía su optimismo a pesar de las penurias vividas y cuando, en otro tramo de la charla se refirió a Ángela “ella recordaba que en el año 21 o 22 en la estancia Viamonte hubo una huelga de peones que reclamaban aumento de jornales, le pagaban seis pesos y, finalmente acordaron pagarles veinte, pero cuando cesó la huelga le pagaron cinco”.
Tenía preparado para obsequiarme su libro sobre el Hain, publicado recientemente en Santiago de Chile en el marco del Bicentenario. Allí, relata particularidades interesantes de su investigación y se exponen algunas de las fotografías que Martín Gusinde tomó a los nativos en unas de las últimas ceremonias rituales. Esa conmovedora ofrenda me sorprendió.
Con su español impregnado de acento francés e inglés, recordó a Cristina Calderón –última exponente de la etnia yagán- de Puerto Williams, y a su hermana Úrsula fallecida unos años atrás. “Siempre que estoy en Tierra del Fuego voy a visitarla”. El afecto que supo construir con los entrevistados permite imaginar su trato con Lola, Ángela, Federico o Garibaldi. “Su nieta casi todas las semanas me llama por teléfono, ahora está en Alemania investigando en los archivos de Gusinde, se casó con un alemán que vivía en Puerto Williams, tuvo un niño y se fue a Europa. Yo tenía unas fotos…” Se levantó a buscarlas, sus pasos temblorosos la llevaron a otra sala, demoraba porque no conseguía localizarlas, “pero las tengo en la computadora, ¿tiene tiempo para verlas?” Fuimos hacia su escritorio, mientras se lamentaba, “las había visto, las tuve conmigo…” Luego de una búsqueda por el ordenador, sorpresivamente se levantó y se marchó. “¡Acá están!”, había recordado donde las había dejado y venía a mi encuentro para mostrármelas. En ellas se veía a Cristina, a su nieta, su bisnieto y al alemán que había contribuido a engendrarlo. Nuevamente florecía la ternura del relato describiendo la foto.
También tuvo en su recuerdo a doña Enriqueta, “era muy buena, yo la quería…”. Me mostró una fotografía que tomó en la costa sur del lago Fagnano, donde se ve a la India Varela, a su último esposo, y a dos de sus hijos. “Con ella tiene que hablar, ella sabe mucho de las cosas que les contaba su madre. Trabaja en Gobierno”, y me mostró una foto actual de su descendiente.
Recordó a Garibaldi, “fue quien más se asimiló a la nueva vida. Pero quien era más inteligente y no se asimiló nunca era Federico Echelaine, siempre fue peón y fue un gran informante para mí. Él sabía los nombres de los cazadores de indios, había siete u ocho nombres que quedaron registrados en la historia como los asesinos…”
-¿Usted fuma?
- Si.
- Ah, entonces podré encender uno. Deje, le convido de los míos.
Su placer por el cigarrillo era una nueva sorpresa. “Sólo fumo cuatro o cinco cigarrillos por día…”
Habían pasado más de dos horas de charla, de relatos del Hain; de las diferencias entre los haush y los selk`nam, de que los primeros “eran más pacíficos” y los segundos más guerreros, por eso “los fueron acorralando en la península Mitre, pero también estaban en San Pablo, eran más antiguos en Tierra del Fuego”; de que tal vez Ángela o Garibaldi “hayan alcanzado tener defensas para soportar las epidemias”, por haber sobrevivido a pesar de los contactos que tuvieron con los blancos; de la “falta de humanidad de los estancieros”, de las matanzas y epidemias, y de sus nuevos proyectos editoriales.
El ambiente paulatinamente fue quedando en la penumbra, su entusiasmo por conversar no declinaba, pero presumí que podría llegar a estar cansada y sentí que había llegado la hora de la despedida, la cordialidad de siempre, y la sensación de que su afecto también dejó su huella en mí.
Al caminar y tomar distancia del edificio, me quedaba la sensación de estar rodeado por una especie de aureola que me acompañaba y aislaba del contexto que delineaban mis pasos. Es tan fuerte y conmovedora su pasión por esos vínculos que comenzó a construir en los años sesenta, que marcaron su vida y se constituyeron casi en familiares, que, a través de su voz y sus descripciones, es posible sentir que las etnias fueguinas persisten en sus correrías por las estepas, que sus canoas aún transitan por el Beagle portando los fuegos que calientan a las familias, resistir la idea de la extinción e imaginar de que continuarán prosperando en Tierra del Fuego mientras Anne Chapman esté viva.

Publicado en El Diario del Fin del Mundo, el 10 de marzo de 2010